Porco Rosso

Porco Rosso

lunes, 20 de agosto de 2018

DRÁCULA de John Badham - 1979 - ("Dracula")


Un barco sufre un terrible naufragio en las costas inglesas junto al manicomio que regenta el Doctor Seward. El único superviviente es el Conde Drácula, venido desde la lejana Transilvania, superviviente que se instala en el lugar en un viejo castillo abandonado que adquiere con su fortuna. El Conde, un hombre misterioso y sensual, pronto entabla relaciones con los Seward y sus amigos. Pronto también Lucy, la hija del Doctor, se siente locamente atraída por su persona... Y pronto empiezan a ocurrir extraños hechos en la zona.


Una de las versiones del mito del Conde Drácula más injustísimamente olvidada ha sido, sin ninguna duda, la de John Badham, ese cineasta con unos inicios prometedores que terminó cayendo en la mediocridad y en la impersonalidad más absoluta con el paso de los años. Este “Drácula” es todavía una de sus primeras creaciones, una de las más ambiciosas de su carrera y la que afrontó justo al terminar su exitosísima y genial "Fiebre del Sábado Noche" basándose en la obra de teatro de Hamilton Deane (basada a su vez en la novela homónima de Bram Stoker) que había arrasado en Broadway con el propio Frank Langella como el referido Drácula. Badham hace gala de la pericia visual que mostró en sus inicios para construir un filme de fortísima aura clásica y cargado de homenajes a planos de otras versiones de su mito que se ve ensalzado, sobre todo, por una ambientación soberbia y sobrecogedora animada por una enorme banda sonora de John Williams. Los poquísimos escenarios que el filme muestra resultan aterradores gracias a una atmósfera enrarecida excelentemente explotada y desplegada y a un aliento onírico que lo envuelve todo: destacan especialmente entre estos escenarios el del manicomio, con una sala central tremendamente opresiva, y el del castillo del Conde, en unos tonos azulados y a la vez sensuales geniales.


La trama de este "Drácula", aunque en su día fue despreciada por muchos por aparecer notablemente trastocada (Lucy es la protagonista de la obra y Mina es su amiga, mientras que el doctor Seward es su padre y el personaje de Quincey es inexplicablemente eliminado), es otro punto muy fuerte del conjunto: el protagonismo femenino es esencial para la historia (se trata de una mujer fuerte y decidida que no se somete a las normas machistas de su tiempo) y las escenas de acción que posee son comedidas, impactantes, muy violentas, animadas por unos efectos especiales muy destacados y también de consciente aura clásica. El reparto que les da vida además está en estado de gracia, especialmente un genial Frank Langella como Drácula venido directamente de su papel teatral (un Drácula distinguido y muy sexual olvidadísimo el de Langella), una Kate Nelligan muy destacada como Lucy, un también muy destacado Laurence Olivier como Van Helsing y un excéntrico y divertido Donald Pleasence como el doctor Seward. Es una lástima que el "Drácula" de John Badham, que no funcionó demasiado bien las taquillas en su día, permanezca tan olvidado hoy.


sábado, 18 de agosto de 2018

EL MUNDO ES NUESTRO de Alfonso Sánchez - 2012 - ("El mundo es nuestro")


El Cabesa y el Culebra son dos amigos de Sevilla que están hartos de la crisis económica brutal por la que está pasando España y que deciden atracar una surcursal bancaria para largarse forrados a Brasil a vivir la vida padre. Pero el Cabesa y el Culebra no son precisamente dos lumbreras, y el tiro les va a salir por la culata... El robo que tenían planeado, rápido y sencillo, se va a convertir en un caos demencial...


Lo confieso: tenía prejuicios con el cine de Alfonso Sánchez y Alberto López, los dos miembros del dúo "Los Compadres". Había visto unos cuantos vídeos de ellos, en los que parodiaban la idiosincracia sevillana más gruesa, y no me habían hecho gracia e incluso me habían resultado casposos. Me he tenido que tragar mis palabras con sus dos películas, "El mundo es nuestro" y "El mundo es suyo". Hoy hablamos de la primera de ellas. Siempre me he quejado bastante de que en España no se han hecho suficientes películas sobre la crisis económica y que se van a dejar, como suele pasar a veces, para cuando la crisis ya haya terminado del todo, por lo cual su impacto crítico es menor. Estos dos cómicos, en 2012, el que fue posiblemente el peor año de esta crisis, cuando el paro más subió y cuando más negro se puso todo, se lanzaron a rodar una astracadana que funcionaba de verdad. "El mundo es nuestro" narra el atraco a una sucursal bancaria de dos canis (o bakalas, o merdellones, o bajunos, o burracos: tienen mil denominaciones) que están hartos de la situación económica del país. Allí, por supuesto, se lía parda. Alfonso y Alberto saben delinear a dos personajes muy reconocibles, con sus partes luminosas y repugnantes ambos, víctimas de una situación de pobreza endémica ya desde antes de la crisis pero de la que también tienen su parte de culpa: el Cabesa y el Culebra. Alrededor de ellos, hay otros cuantos genialmente retratados, desde empresarios sin escrúpulos hasta policías corruptos pasando por trabajadores quemados, parados desesperados o agentes de la ley que tratan de ser íntegros. El retrato es certero y agudo, y con cada carácter le meten una pullita a varias de las actitudes que ayudaron a fraguar la crisis económica que nos acabamos de comer con patatas.


"El mundo es nuestro" tiene un humor brutal, zafio, demencial, pero cargado de significado y muy políticamente incorrecto a veces. Recuerda al primer "Torrente" de Santiago Segura (el primero es muy reivindicable), a la primera "Carmina o revienta" o al cine kinki: por medio del delirio, de lo exagerado, se construye una realidad que no tiene ya tanta gracia. Los dos componentes de "Los Compadres" saben hacerlo bien, cargarse de referencias pero dar vida a dos personajes propios con los que denunciar una situación terrible, la de aquellos años de terror y depresión en los que el paro llegó a estar por encima del veinticinco por cierto y que desembocaron en las crisis políticas y sociales que todavía estamos padeciendo en parte, a pesar de la mejora del panorama económico. Al filme se le va un poco la pinza por el final; se vuelve algo caótico y cae en tópicos ya excesivamente gruesos. Sin embargo, es más que loable, y bajo su envoltorio aparentemente "cuñado" esconde mucho, mucho más de lo que parece. No puedo dejar de recomendarlo. Y ya el mes que viene hablaremos de "El mundo es suyo", la cual también me ha sorprendido mucho.


viernes, 17 de agosto de 2018

MEGALODÓN de Jon Turteltaub - 2018 - ("The Meg")


Un submarino de aguas profundas de un equipo internacional de exploración queda atrapado, con sus tres tripulantes, en la fosa oceánica más grande del Pacífico. Jonas Taylor es un especialista del rescate en este ámbito que, depresivo y traumatizado por la culpa de un pasado oscuro, ve pasar los días en un pueblo costero de Tailandia mientras se entrega al bálsamo de la bebida. Hasta que contactan con él... Le necesitan para salvar a estas personas...


Jon Turteltaub es un director de películas comerciales de variados géneros irregular, que a veces entrega cosas dignas y a veces bodriazos infames. No tiene personalidad como autor y muchas de sus películas han sido grandes taquillazos. Su filmografía se compone de las comedias "Think Big" y "Los locos de la carretera", del filme infantil "Tres pequeños ninjas", del filme deportivo "Elegidos para el triunfo", de la comedia romántica "Mientras dormías", del drama sobrenatural "Phenomenon", del drama "Instinto", de la comedia "El chico", de las películas de aventuras "La búsqueda" y "La búsqueda II: El diario secreto" y "El aprendiz de brujo", de la comedia "Plan en Las Vegas" y de la comentada "Megalodón".


Serie B con dinero. Ahora hay mucho de eso. "Megalodón" es lo que es: serie B hecha con pasta y mucha tontería. Es un truño de película, pero su propuesta ya desde el punto de partida ni es seria ni pretende serlo. Eso sí, tampoco es un "Sharknado": igualmente, no pretende ser una comedia, ni siquiera involuntaria. Así que el conjunto da para poco: ni satisface a quien busque una experiencia de acción y aventuras digna ni a quien busque partirse la caja un rato. Y esta tierra de nadie termina de matarla. Jason Statham hace de él mismo otra vez y ahora tiene que salvar a un grupo de personas de un tiburón prehistórico que ha surgido de los abismos marinos un poco por la cara (bueno, no: ha sido para aprovechar el tirón de "Jurassic World: El Reino Caído"). Es un personaje soso y los secundarios que van con él también. El megalodón de marras se salta las leyes de la física cuando le da la gana y los humanos también. Los diálogos son muy pestosos y las escenas de acción muy espectaculares pero tontorronas y olvidables. De la trama ni hablamos: es una gilipollez como una casa, pero sin gracia, ni siquiera en los eventuales chascarrillos y fanfarronadas de su género. El escualo prehistórico es un despropósito que rompe el cristal y el metal a dentelladas pero que luego llega a una playa abarrotada de gente y no hace nada, y Statham se tira al agua él solo a matarlo con un arponcito y sin equipo de ninguna clase. Se pueden imaginar. Ah, sí, y también hay frases ecologistas de baratillo que critican al ser humano por cargarse el medio ambiente con obviedades que tratan de pasar por profundas. "Megalodón" es el clásico bodrio veraniego "sin chicha ni limoná" del que nadie se acordará en septiembre. 


jueves, 16 de agosto de 2018

BARAKA de Ron Fricke - 1992 - ("Baraka")


Documental sobre la naturaleza del planeta Tierra y su relación con los seres humanos.


El estadounidense Ron Fricke es uno de los grandes maestros del cine en dirección fotográfica. Sólo tiene en su haber el mediometraje "Chronos" y los filmes "Baraka" y "Samsara", todos ellos documentales sin voz humana que retratan la realidad de nuestro planeta tal y como es.


"Baraka" es un documental experimental pero también, en su momento, un nuevo concepto de lo que este género puede aportar. Narra, a lo largo de veinticuatro países, y exclusivamente utilizando la imagen y el sonido natural o aural, sin voces descriptivas de la situación, cómo se relaciona la humanidad con el planeta Tierra y con sus ecosistemas a lo largo de los siglos. Contrapone toda clase de culturas de nuestros días, rurales y urbanas, toda clase de tribus, de religiones, de formas de vida, y en toda clase de medios, fríos, cálidos, insulares, continentales. El centro de la obra es la espiritualidad en sus diversas concepciones, lo que se mantiene en pie entre los humanos a pesar de todas las diferencias y del paso del tiempo. Se contraponen además sin cesar las obras naturales con las levantadas por los mencionados seres humanos, y las desigualdades que existen en ambos medios, las atávicas y las creadas. Ron Fricke mezcla, sin cesar, en movimiento constante, imágenes, músicas, en un fluir que aparentemente es despreocupado pero que está perfectamente calculado para emocionarnos y hacernos reflexionar sobre nuestras grandezas y nuestras miserias. "Baraka", en lengua de los sufíes, significa "Aliento de vida", y este es el motor de la increíble narración que propone esta obra irrepetible fotografiada de una forma esplendorosa. Créanme que no van a encontrar nada igual. Esta creación cinematográfica inclasificable ofrece una experiencia visual, auditiva y emocional que pocas cintas han sabido reproducir en los últimos veinticinco años. Su secuela espiritual, "Samsara", segundo largometraje de Fricke, fue estrenada en 2011 y presentaba caracterísiticas muy similares. De ella hablaremos en otro momento.


martes, 14 de agosto de 2018

OUTLANDER de Howard McCain - 2008 - ("Outlander")


Año 709. Una nave espacial se estrella en un lago de Noruega. Alguien emerge de ella: un experto guerrero extraterrestre llamado Kainan. Y algo también sale de su interior: una terrible bestia sedienta de sangre que desaparece en esas heladas e inhóspitas tierras. Kainan la persigue. Y en su camino se topa con uno de los pueblos más brutales y feroces que habitan en el planeta: los vikingos. Con ellos tendrá que colaborar para acabar con el monstruo que amenaza con destruirlos a todos.


A priori, no me molesta que un extraterrestre llegue a la Tierra en los tiempos de los vikingos para matar a una suerte de dragón del espacio en compañía de los susodichos. Es más, me parece hasta entrañable, muy pulp, muy cachondo. Ahora bien, las cosas hay que hacerlas en condiciones o, por lo menos, con gracia y garbo pastichero. "Outlander", la única película que ha dirigido hasta ahora Howard McCain, que desde hace diez años no ha vuelto a ponerse tras las cámaras para grabar un largometraje, parte de una base a priori divertida, como la de, por ejemplo, "Cowboys & Aliens", muy cercana a ella tanto temporalmente como en esencia (y también fallida). El problema de este debut es que la falta de pretensiones que exhibe es de tal calibre que el conjunto naufraga por todas partes. El guión es simple y tontorrón, los personajes planos y tontorrones, los diálogos chorras y tontorrones, y las escenas de acción tienen un pase y punto pero tampoco son el culmen ni de la imaginación ni de la potencia ni del frenetismo. Los efectos especiales sí que son resultones, y la ambientación también, y el pastiche a nivel visual funciona (confesadlo: siempre quisísteis ver vikingos y naves espaciales y dragones del espacio siendo atacados por hachas y armas de asalto). Pero todo es tan tontito y tan predecible, y todo echa tanta mano del puro topicazo, que la falta de interés más allá de la exhibición piroténica y el aburrimiento mortal terminan llegando, y más pronto que tarde.


Hay que agradecer que, en sus circunstancias, "Outlander" es una película que no da gato por liebre (y que además ni lo intenta): va de lo que va y de lo que es; cachondeo puro, charcutería, chascharrillos, testosterona, bárbaros de tebeo clásico y marcianos de opereta espacial y punto. Y no es suficiente, claro. Si por lo menos la acción fuese más vistosa o los monstruos más originales, algo levantaría, pero la mediocridad generalizada está instalada y aposentada desde el primer hasta el último minuto y uno olvida pronto la película. Y es que no sólo se puede vivir de simpatía y de grandes actores (porque el reparto es de caras muy conocidas, desde luego), ni siquiera en una producción claramente comercial. "Outlander", a pesar de todo, se ha ido convirtiendo con el tiempo en una de esas películas que a pesar de ser malas se hacen extrañamente de culto, y hoy tiene bastantes defensores.


lunes, 13 de agosto de 2018

THE EQUALIZER II de Antoine Fuqua - 2018 - ("The Equalizer II")


Robert McCall ha seguido con su vida discreta en Boston y, en la sombra, ayuda como héroe urbano a los necesitados y a los oprimidos utilizando métodos de todo tipo. Ahora, se va a tener que enfrentar al golpe más duro que nunca le han dado: un misterioso asesinato ejecutado en Bruselas, en Bélgica, le va a conectar con algo muy oscuro e inesperado...


"The Equalizer" no era una maravilla, pero, a pesar de ser algo larga, se veía con agrado. "The Equalizer II", en la que repite como director Antoine Fuqua, ya no funciona. Es un total quiero y no puedo: el realizador trata de dotar al filme de seriedad, de no pasarse con la acción desaforada y de construir personajes y conflictos interesantes pero se le va la mano con el ritmo y con el ordenamiento de lo que cuenta. La trama central está colocada a trompicones en medio de un maremagnum de subtramas que no van a ninguna parte o que aportan muy poco en las que el bueno de Denzel Washington ayuda a gente necesitada y da discursitos. El interés se pierde en seguida. Todo es increíblemente errático, deslavazado, sin consistencia. Todo está cogido con alfileres y Fuqua se desvía tanto de la historia supuestamente principal de la película que esta deja de resultar mínimamente atractiva. Al protagonista, además, le sobra aquí moralina: llega a resultar cargante, cosa que no era en la primera entrega. Los villanos sorprenden, cierto, pero hacen también muchas tonterías que alguien en su lugar no haría y que cantan a la legua y que les comprometen a lo bestia. Queda una factura técnica correcta, y unas escenas de acción muy bien rodadas y un tratamiento de la violencia bastante brutal y sangriento, resultón, que añade enteros al conjunto. Pero no es suficiente, claro. El cuerpo de "The Equalizer II" es insoportable por extenso, por desangelado, por aburrido. Y además, es excesivamente larga para algo que se cuenta perfectamente, y con más ritmo, con quince minutos menos de metraje. Muy, muy, muy soporífera y olvidable.


sábado, 11 de agosto de 2018

SIMBAD: LA LEYENDA DE LOS SIETE MARES de Patrick Gilmore y Tim Johnson - 2003 - ("Simbad: Legend of the Seven Seas")


Simbad, el marino más famoso de los Siete Mares, aborda con su tripulación un barco cargado de riquezas y, durante el combate, se reencuentra en el con Proteo, el príncipe de Siracusa, su mejor amigo de la infancia y al que hace mucho tiempo que no ve. Algo está a punto de cambiar para Simbad... Su pasado va a volver. Y también una terrible maldición.


"Simbad. La Leyenda de los Siete Mares", versión libre del cuento "Simbad, el marino" de "Las mil y una noches", es la última película animada en dos dimensiones y en un estilo esencialmente tradicional que el estudio Dreamworks Animation ha realizado hasta la fecha. Marca, tras el gran éxito de la fórmula de "Shrek", fresca en su momento pero algo cansina ya y ultraexplotada en secuelas que salvo la segunda parte han ido vertiginosamente a peor, el fin de una época para la compañía (una época que ciertamente duró pocos años, apenas cinco años y pico). Este filme me parece, al igual que otros como "El Príncipe de Egipto", "La ruta hacia El Dorado" o "Spirit. El corcel indomable", una joyita que, desgraciadamente, ha sido bastante olvidada e infravalorada con el paso del tiempo. Los temas son los habituales, pero tratados de una forma adulta y emotiva: el amor, la amistad, la bondad, la integridad, la confianza y las falsas apariencias son los asuntos centrales y todos están tratados con seriedad y limpieza. La relación de Simbad con Proteo, su mejor amigo, está desarrollada con una delicadeza increíble, y personajes como la diosa del caos Erin, una villana con carisma pero bastante atípica en algunas cositas, afianzan la inspiración adulta del filme. Cuenta, además, con un personaje femenino protagonista, el de Marina, que rompe esquemas en el género y que presenta a una mujer fuerte, independiente, aventurera, que se interna en un mundo de hombres al que da una lección de igualdad.


El resto del filme es acción, acción y acción, muy bien desplegada y animada, absolutamente frenética, que lleva al espectador a viajar por mundos románticos y evocadores llenos de paisajes inolvidables, peligros sugestivos y monstruos fantásticos. Creo que es una de las películas en este sentido más variada y puramente divertida que ha hecho nunca Dreamworks. Sí hay una sola cosa que me chirría un poco en "Simbad. La Leyenda de los Siete Mares": el uso de insertos en 3D que a veces dan bastante el cantazo, tanto hoy en día como en su año, 2003. Dejando esto a un lado, tengo que alabar sin parar a esta joyita del cine de aventuras de corte clásico y serio. Creo que hay que reivindicarla, y mucho. Echo verdaderamente de menos al viejo estudio de Dreamworks que no abusaba de las producciones facilonas del corte de "Shrek" y del "caca, culo, pedo, pis".


viernes, 10 de agosto de 2018

LOS INCREÍBLES II de Brad Bird - 2018 - ("The Incredibles II")


Finalmente, el gobierno ha prohibido a los superhéroes y Mr. Increíble, Elastigirl y sus hijos han de actuar, junto su amigo Frozono, en total secretismo para salvar a la ciudad de los diversos villanos que la acechan. La situación es insostenible: pasan necesidades económicas y para colmo no son valorados ni reconocidos. Un día, alguien aparece... Alguien que tiene algo muy jugoso que ofrecerles para recuperar su prestigio.


Catorce largos años ha tardado en llegar a las salas la secuela de la que me parece una de las mejores y más inteligentes películas del estudio de Pixar, "Los Increíbles". Y la espera ha merecido, y mucho, la pena. En "Los Increíbles II", Brad Bird, uno de los directores más personales y versátiles que ha trabajado para ellos (y fuera de la compañía también -ahí está su obra maestra "El gigante de hierro"-), se redime de la interesante pero ciertamente fallida "Tomorroland", de imagen real, y retorna a su habitual personalidad. ¿Cómo hacer una comedia de aventuras en la que el asunto central sea la familia y no hacer una pastelada demagógica americana de esas tan horrendas a las que estamos tan acostumbrados? Él lo consigue en esta maravillosa secuela que, desde mi punto de vista, mejora a su antecesora. Alterna dos líneas, la de la acción y la de la comedia, que se han solapando con fluidez para desembocar en un final fantástico. Habla una vez más de familia, de relaciones personales, de amor, de amistad, de comprensión, de integridad, de superación (los temas americanitos plastosos de siempre, en definitiva), pero desde una óptica adulta, seria, y sin hipocresías, discursos ni efectismos. También, establece pautas claramente feministas e irónicas pero sin maniqueísmos en la trama y, además, delinea un villano de la función que resulta muy carismático y que tiene sorpresas interesantes. Todo ello dando su lugar a cada personaje, desarrollándolos a todos por igual, dejando que incluso el secundario menos importante tenga su momento para lucirse y hacer su pirueta y equilibrando perfectamente el espacio que necesitan los nuevos y el que reclaman los de la primera entrega.


Por si esto fuera poco, se permite además Brad Bird en "Los Increíbles II", como ya lo hizo en la primera parte, soltar pullitas inteligentes y comentarios elegantes totalmente para adultos y, en este caso concreto, incluso lanzar algún que otro dardo envenenado e irónico a los políticos y a los grandes empresarios. Sobra decir que la animación es una maravilla impecable: todo, desde los caracteres hasta los escenarios. Y que las escenas de acción son absolutamente geniales, cargadas de dinamismo y gracia de principio a fin, y frenéticas. "Los Increíbles II" es cine de animación de altura, como siempre en Pixar, y una secuela que supera lo ya entregado. Vayan a verla al cine: merece la pena cien por cien.


jueves, 9 de agosto de 2018

LA LIBRERÍA de Isabel Coixet - 2017 - ("The Bookshop")


1959. Florence Green se ha instalado en Hardborough, un pequeño pueblo de la costa inglesa, con el objetivo de cumplir su sueño: abrir una librería, que sería la primera de la localidad. Sin embargo, cumplirlo no va a ser nada fácil: se va a topar con la resistencia de varios de sus vecinos, personas cerradas, incultas, clasistas e intransigentes. Florence, sin embargo, no piensa rendirse, y va a luchar contra viento y marea para poder mantener este faro de cultura en el aburrido y pacato lugar.


La última película que ha estrenado Isabel Coixet, "La librería", basada en la novela homónima de la escritora inglesa Penelope Fitzerald, es una de las mejores películas de toda su carrera, pienso. En estos últimos años, la directora ha ido renqueando, por desgracia, entre producciones excelentes como "Nadie quiere la noche", proyectos con muy buenas intenciones pero totalmente fallidos como el documental "Spain in a Day", películas buenas pero no tan redondas como otras de su haber como "Aprendiendo a conducir" y extraños bodrios como "Ayer no termina nunca" y la totalmente impropia de ella "Mi otro yo", una película de terror palomitera de la peor calaña inexplicable en su filmografía. "La librería" es sin embargo, y por fin, una historia perfecta, cuadrada al milímetro, de emociones contenidas que fluyen sin cesar y tocan al espectador. Emily Mortimer está inconmesurable, maravillosa, inolvidable, en el que será, tiempo al tiempo, uno de los grandes papeles de su carrera, y Bill Nighy, como su comparsa, está también absolutamente genial. El resto del plantel destaca igualmente (grandísima también la incombustible y algo infravalorada Patricia Clarkson) y configura un ecosistema humano donde todos podemos encontrarnos perfectamente representados.


"La librería" es un canto de amor a la literatura por encima de todo, llena de referencias a grandes clásicos y autores imprescindibles y de constantes regalos para el espectador. También es un canto a la integridad, a la lucha contra la hipocresía social, al gran acto de remar contra la marea y contra las tormentas y a las victorias después del paso del tiempo, que pone a todo el mundo en su sitio. Los diálogos son magistrales, el ritmo el ideal, el poder del paisaje gigantesco (preciosa fotografía), y hay varias escenas que, literalmente, ponen los pelos de punta (y repito, Mortimer y Nighy de premios y premios, y además con una química envidiable que nos regala uno de los momentos más deliciosos de toda la obra). "La librería" es lo mejor de esta directora en mucho tiempo, una obra depurada y perfecta. Imprescindible.


miércoles, 8 de agosto de 2018

BLACKWOOD de Rodrigo Cortés - 2018 - ("Down a dark hall")


Katherine es una adolescente problemática que no deja de meterse en líos y que ha sido expulsada de su colegio. Su madre y su padrastro, muy preocupados por su futuro, la internan durante un curso en Blackwood, una institución especializada en chicas como ella muy afamada por su excelente educación. Katherine, al igual que sus cuatro compañeras, odia desde el primer día el centro, dirigido por Madame Duret, una mujer extraña. Pero cosas aún más extrañas empiezan a ocurrir en el apartado lugar...


Cinco años hay entre "Luces rojas" y esta "Blackwood" que Rodrigo Cortés acaba de estrenar. Y espero sinceramente que no sea más que un patinazo sin importancia porque como su carrera se prodigue en estos derroteros muy mal vamos. "Blackwood", la cuarta película del director español que rompió moldes con "Buried" en 2010, es una de las peores infamias que he visto en los últimos años con mucha diferencia. En una institución para niñas problemáticas pasan cosas extrañas y, tan extrañas son, que no tienen maldito sentido. Nada se sostiene en esta cosa: está casi todo o muy mal sugerido o directamente sin explicar. Los personajes tienen un desarrollo nulo y la trama, si es que se le puede llamar así, no va a ninguna parte. Todo son incongruencias, salidas de pista innecesarias, giros absurdos. Hasta los recursos oníricos están mal planteados y desarrollados y llevan a la confusión. Nadie se aclara en esta mansión donde todo el mundo actúa de forma extraña porque sí, donde unas presencias hacen cosas que nadie sabe para qué sirven, donde hay personajes colgando de la nada, donde todo se precipita en una vorágine de carreras por pasillos oscuros y llamaradas que sirve al director para quitarse de en medio a todos los secundarios que ha añadido para que hagan el pamplina y luego mueran de forma idiota. La última media hora es verdaderamente infame, intragable, confusa, aburrida: no te enteras de nada y, lo que es peor, llega un momento en el que sabes que no te vas a enterar de nada y tampoco te importa porque quieres que todo termine e irte a tu casa de una vez. Y me voy al espacio de los spoilers ya."Blackwood" es uno de los peores engendros que he tenido el disgusto de ver no solamente este año, sino en los últimos tres o cuatro. Horripilante de principio a fin.


ESPACIO PARA SPOILERS: ¿Quién es el calvo con el rostro medio desfigurado que persigue a las alumnas? ¿Nadie se ha dado cuenta de que llevan años desapareciendo niñas de la residencia? ¿Dónde están los padres de estas niñas? ¿Y la prensa, que en menos de un minuto te cierra el chiringuito? ¿Y la niña malota qué poder especial tiene? ¿Y por qué si ya ha estado varios años allí no ha sentido nunca nada extraño hasta justo este momento? Por cierto, la escena en la que la protagonista salva a esta malota sacándole un grillete del cuello con una horquilla quedará para los anales de la estupidez cinematográfica. En fin: terrible todo.