Porco Rosso

Porco Rosso

viernes, 29 de julio de 2011

BIENVENIDOS A BELLEVILLE de Sylvain Chomet - 2003 - ("Las Triplettes de Belleville")


El pequeño Champion vive en el campo con su abuela y con su perro Bruno entrenándose sin cesar para cumplir su sueño: ser un gran ciclista. Años después participa en el Tour de Francia como una de sus grandes y jóvenes promesas. Sin embargo, es secuestrado por dos siniestros mafiosos con propósitos aún más siniestros. Su abuela y Bruno viajan a la lejana Belleville para rescatarlo… Allí, tres viejas divas de la canción les van a ayudar: Las Trillizas de Belleville. Que tiemble la mafia.


El también autor de comics Sylvain Chomet es uno de los animadores franceses en alza de los últimos años, abanderado total de las artes clásicas a la hora de dar vida a dibujos para las pantallas. Dibujante, guionista y director, tiene una todavía pequeña obra artística para la pantalla en la que destacan, entre cortos y largometrajes, “Ca va, ca va”, “Le champion”, “Le Vieille Dame et les Pigeons”, “Leon La Came”, “Bienvenidos a Belleville” y "El ilusionista". Su estilo, tan lírico como retorcido, tan barroco en lo visual como simple en lo argumental, bebe del cine mudo, de la comedia francesa clásica (especialmente de la del genial Jacques Tati), del cine negro, de la caricatura, del vodevil, del impresionismo y del surrealismo. Su cortísima y espaciada carrera apunta ya maneras: sus dos largometrajes hasta la fecha son dos incomparables obras maestras.


“Bienvenidos a Belleville” es una de las películas de animación más sorprendentes que últimamente hemos podido disfrutar en las salas, al igual que lo es la siguiente obra de su autor, "El ilusionista". Combinando la animación tradicional con unos pocos efectos especiales generados por ordenador (muy pocos y usados con comedimiento), Chomet nos abre las puertas de un fantástico mundo de paisajes oníricos y seres extraños en el que confluyen de la manera más desprejuiciada influencias estéticas y narrativas de todo tipo: el comic, el expresionismo, el estilo gótico más retorcido, el guiñol, el cine negro, el cine mudo, el slapstick, la “comedia de planos generales” estilo Jacques Tati (al que está dedicado el filme), el surrealismo… La historia que en la cinta se narra es la más sencilla del mundo: una mafia de Belleville secuestra a un gran ciclista francés para que corra en carreras ilegales y su abuela, su perro y unas viejas divas de la canción llamadas Las Trillizas de Belleville (nombre real del filme) acuden a su rescate. De muy corta duración (apenas una hora y cuarto), “Bienvenidos a Belleville” es una obra prácticamente muda en la que los personajes se definen por sus actuaciones directas en un mundo de delirante costumbrismo absurdo en el que se cazan ranas para comer con bombas de mano o en el que una aspiradora es una perfecta máquina para tonificar los músculos. Con un ritmo pausado incluso en las propias escenas de acción, la deliciosa trama se va desenvolviendo hasta terminar en una apoteósica persecución que concluye en un simple pero efectivo ejercicio de metacine. Los personajes son inolvidables y originalísimos: desde la anciana abuela del protagonista (anciana de armas tomar) hasta su orondo perro pasando por las entrañables y desternillantes Trillizas, por el narigudo secuestrado o por los siniestros mafiosos, cada cual con una forma más original y oscura. Los escenarios, alucinógenos y deformados, son una delicia para los ojos, así como el color que todo transpira y la delicada y primorosa animación.


“Bienvenidos a Belleville” se inscribe claramente en la línea de las películas de dibujos animados para adultos, ya que, junto a su evocador argumento, exhibe también algunas escenas de violencia y muestra algunos personajes verdaderamente terroríficos (el asesino que parece una calavera viviente, por ejemplo). Por otro lado, su retrato de Belleville (alegoría de los Estados Unidos) consiste en una divertidísima sátira de esta cultura, en donde la Ley la diseñan los que tienen dinero o en donde la obesidad más hiperbólica devora a la población. Las referencias culturales son también constantes: carteles de películas del mencionado Jacques Tati, actuaciones de la sexy Josephine Baker o de Fred Astaire, guiños constantes a los lugares comunes del cine y la novela negra… “Bienvenidos a Belleville”, que compitió en los Oscars con “Hermano Oso” y “Buscando a Nemo”, es una película de animación inolvidable, y más en nuestros días de tontos productos en 3D que utilizan la misma fórmula sin cesar.

miércoles, 27 de julio de 2011

TRANSFORMERS III. EL LADO OSCURO DE LA LUNA de Michael Bay - 2011 - ("Transformers III. Dark of the Moon")


Los Autobots, en una de sus misiones con el ejército norteamericano, encuentran un arca milenaria que les abre las puertas de su reencuentro con Sentinel Prime, uno de sus viejos líderes y héroes, al que todos creían desaparecido o muerto. Paralelamente y por desgracia, los Decepticons vuelven a dar señales de vida con los primeros indicios de un malévolo plan con el que pretenden poner a toda la humanidad en contra de los Autobots. Una vez más, el joven Sam Witwicky y sus amigos tendrán que ayudar a Optimus Prime y a los suyos a salvar la Tierra.


"Transformers III. El lado oscuro de la Luna" es más digerible que la porquería de "Transformers II. La venganza de los Caídos", pero eso no significa que deje de ser una película sin interés ninguno en ninguno de sus aspectos salvo el visual. Es más digerible porque su argumento, sin ser una maravilla en absoluto, por lo menos va a alguna parte, y porque se han eliminado la mayor parte de los secundarios cómicos de la anterior película, que la terminaban de hacer verdaderamente insufrible. Michael Bay vuelve a diseñar un precioso espectáculo visual que vuelve a ser por desgracia bastante vacío y que no llega a cumplir tampoco como filme de aventuras simplemente divertido. Como la primera "Transformers" de 2007, la hasta ahora última entrega de la saga es demasiado larga (dos horas y veinte minutos) para una trama sin sorpresas apoyada en constantes escenas de acción a cada cual más delirante y, todo hay que decirlo, pesada (todas las escenas son demasiado extensas y para colmo algunas, entre tanto efecto especial de lujo, llegan a ser confusas, como ya ocurrió en las dos antecesoras del filme). El reparto básico de la obra repite exceptuando a Megan Fox, que es sustituída por la solvente Rosie Huntington-Whiteley como novia del protagonista, y también repiten toda la glorificación del ejercito y de la vida militar y un humor bastante insoportable y por momentos de pura vergüenza ajena que, por lo menos, no está tan presente como en la segunda entrega de la saga. Alguna sorpresilla como la traición de Sentinel Prime salva ligeramente al conjunto del aburrimiento, así como un combate final de Optimus Prime contra el mencionado Sentinel y contra Megatrón que sorprende por su inesperada brutalidad (para tratarse de la película de la que se trata) ayuda a hacer algo más amena la plasta de acción y efectos sin sentido con la que Bay nos atosiga durante toda la película, la más rococó en lo que a espectacularidad se refiere de esta horrible trilogía para olvidar.

martes, 26 de julio de 2011

TRANSFORMERS II. LA VENGANZA DE LOS CAÍDOS de Michael Bay - 2009 - ("Transformers II. Revenge of the Fallen")


Dos años después de haber salvado a la Tierra de los Decepticons, los Autobots colaboran con el ejército estadounidense en misiones de paz y el joven Sam Witwicky lleva una vida de universitario completamente normal y corriente. Sin embargo, la vieja amenaza va a volver... Con el retorno de uno de los robots más poderosos del universo, una reliquia de un pasado oscuro que los Decepticons planean utilizar para intentar de nuevo acabar con el planeta. Sam y sus amigos van a tener que volver a pararles los pies.


Afectada severamente (según dijeron) por la sonada huelga de guionistas norteamericanos, "Transformers II. La venganza de los Caídos" es todavía peor que su antecesora y riza el rizo de la vergüenza ajena para erigirse como una de las más infames películas de la década que hemos cerrado. El que posiblemente sea el peor de los bodrios de Michael Bay (da miedo, ¿verdad?) es una chorrada interminable de casi dos horas y media con escenas de acción aburridas y sin ritmo completamente abusivas, con unos personajes de pura pena (repite prácticamente todo el reparto de la original), con unos diálogos para llorar y con un humor sonrojante (y estoy siendo benigno, muy benigno). Y es que la película tiene, aunque parezca increíble, más secundarios cómicos que protagonistas principales, y todos son igual de cansinos e irritantes: el personaje de John Turturro vuelve con toda su ridiculez acompañado de dos robots gemelos orejones de horripilante diseño, de una suerte de robot gremlin que intenta tirarse a la buenorra de Megan Fox (¿a los robots les gustan las humanas?), de dos perros que a la mínima están fornicando en cualquier esquina, de los padres verborréicos de Sam Witwicky (insufribles), de un informático universitario bastante gilipollas, de un funcionario gubernamental ridículo y de un robot "viejo" y chocho perdido (sí, con barbas metálicas y todo... de infarto). La trama central, por otra parte, es errática y vacía y está engordada con escenas gratuitas de todo tipo de manera artificial para intentar hacer parecer al público que tiene una mínima consistencia (no lo consigue, por supuesto). El metraje es encima demasiado largo para no contar casi nada, mientras que, exceptuando a Bumblebee, los Autobots clave de la primera entrega apenas tienen protagonismo (una batallita de Optimus Prime al empezar la película y otra al final ya con toda la tropa -por supuesto como la de la primera parte, confusa e indefinida- y paren de contar). Los nuevos villanos son, finalmente, el anticarisma personificado (uno de ellos con dos bolas de hierro colgándole del paquete... para salir corriendo). La cosa es que no acaban aquí los despropósitos, porque hay que volver a sumar el patriotismo trasnochado al más puro estilo Bay y la fanfarrona glorificación del ejército y de la vida miltar que está en tantas de sus películas.


La primera secuela de "Transformers" es, a pesar de su precioso acabado visual (todo hay que decirlo) un auténtico horror en todos los aspectos y una bazofia de tomo y lomo terrible, para olvidar. Por supuesto, fue el gran exitazo del verano de 2009 y uno de los taquillazos definitivos del año, tal y como fue su antecesora en 2007 y como parece que está siendo su tercera entrega. Que horror.

lunes, 25 de julio de 2011

TRANSFORMERS de Michael Bay - 2007 - ("Transformers")


Hechos muy extraños están ocurriendo en distintos puntos de la Tierra: bases militares destrozadas, raros desastres naturales y avisos de personas que han visto a máquinas moverse solas. Un grupo de humanos encabezados por el joven Sam Witwicky va a descubrir la verdad: unos robots alienígenas llamados Decepticons planean destruir el planeta y hacerse con una misteriosa fuente de poder que les hará invencibles. Sin embargo, otros, sus eternos enemigos, les han perseguido para pararles los pies y proteger a los terrícolas: los Autobots. La batalla entre ambos está a punto de comenzar.


“Transformers” es una de las gamas de muñecos articulados más míticas de la historia y concretamente de las décadas de los ochenta y los noventa del siglo pasado, una gama de muñecos cuyas series (varias han sido) han gozado de un gran éxito en las televisiones de todo el mundo y que se ha convertido en uno de los iconos modernos por excelencia gracias a un imparable merchandising que todavía hoy sigue arrasando entre sus legiones de fans. Después de las mencionadas adaptaciones para la pequeña pantalla, de infinidad de comics y de un largometraje de animación complementario para televisión, estos famosos robots transformables fueron llevados a la gran pantalla por el destrozataquillas Michael Bay en 2007 en lo que fue, una vez más y por desgracia, su clásico producto vacío de acción descerebrada. La historia sigue, básicamente, las pautas de las series y de los comics: los bondadosos Autobots se enfrentan a sus enemigos los pérfidos Decepticons en el planeta Tierra, en donde obtienen la ayuda de un grupo de héroes humanos. El apartado visual, como suele ocurrir en las películas de Bay, es muy efectivo y, en ese caso particular, los Transformers están realmente bien diseñados y son bastante fieles a los originales. Por supuesto, las batallas que se dan entre ellos no se quedan atrás: están cargadas de una espectacularidad visual de alto voltaje y las escenas de acción que las configuran son hasta cierto punto imaginativas y están excelentemente llevadas. Dolorosamente, aquí termina casi todo. El resto se lo pueden imaginar: los personajes no son más planos porque no es posible, y además, son demasiados, tantos que llegan a confundir al espectador. Muchos de ellos para colmo no aportan nada o prácticamente nada a la trama (los militares por ejemplo y algunos de los informáticos del ejército). Los diálogos que esgrimen parecen, por otra parte, escritos por niños de doce años, y el humor que destilan es, literalmente, infumable: tonto, ñoño, fanfarrón y canallesco en el sentido más zafio y simplón. Sólo reconozco una escena que sí que me hizo reír: la de la casa del protagonista principal (un soso Shia LaBeouf) con los Autobots escondidos en el jardín. El resto es de pura vergüenza ajena (y al personaje secundario ¿comico? de John Turturro dan ganas de cortarle el cuello). Hay, además, toques patrioteros trasnochados (como no en Michael Bay) que no vienen a cuento y que sí que provocan la risa (la frase del pariente lejano del protagonista principal es de infarto). Poco nos queda ya salvo acción, acción, y acción (montada en estilo videoclipero, por supuesto) y un combate final largo, larguíiiiiiiiiiiiiiiiiiiisimo, en el que llega un momento de tal desmadre de explosiones absurdas en el que se pierde la noción de lo que está ocurriendo y en el que se confunden a los robots buenos con los malos. Un desastre (y otra adaptación de comic que Hollywood se carga) que, por supuesto, tuvo continuaciones... Peores.

viernes, 22 de julio de 2011

LOS VIKINGOS de Richard Fleischer - 1958 - ("The Vikings")


Siglo IV. Los vikingos siembran el terror y la muerte en todo el norte de Europa. Uno de ellos, el valiente y brutal Einar, hijo del gran y también brutal Rey Ragnar, está enamorado de la princesa Morgana, del próspero y avanzado reino de Inglaterra, reino que su pueblo quiere conquistar y someter. Mientras, otro de ellos, Eric, valiente guerrero pero por desgracia perteneciente a la marginada casta esclava, también está enamorado de la princesa, y piensa enfrentarse por ella a los propios vikingos y a Einar, su más odiado enemigo. Sin embargo, Einar y Eric tienen un pasado en común que ambos desconocen... Son hermanos. La gran guerra entre vikingos e ingleses ha comenzado, y va a ser larga y cruel como pocas.


Acusado injustísimamente de simple artesano impersonal integrado en la industria por muchos, el norteamericano Richard Fleischer es un director demasiado a menudo muy olvidado (muy injustamente olvidado) que, creador todoterreno como pocos (uno de los más grandes de la historia y también uno de los más versátiles), dirigió algunas de las más grandes películas clásicas de todos los géneros con un estilo ágil, preciso y rico en detalles y marcado por los dramas personales de sus personajes, interpretados por grandes actores y actrices a los que siempre supo sacar un provecho sin par. Educado en el mundo del cine, pues era hijo de Max Fleischer, animador y creador de la mítica Betty Boop y de Kokó el Payaso y adaptador para el cine de Popeye y del primer Superman animado, brilló Richard con luz propia en la comedia con "Así es Nueva York", "The Happy Time" o "Doctor Dolittle", en el documental con "Design for Death", en el género negro con "Asalto al coche blindado", "The Narrow Magin", "Impulso criminal", "El estrangulador de Boston" o "El estrangulador de Rillington Place", en el bíblico/histórico con "Barrabás", en el western con "Bandido" o "Duelo en el barro", en el cine político con la controvertidísima "Ché!", en la ciencia ficción con "Cuando el destino nos alcance", en el drama con "Sábado trágico" o "La muchacha del trapecio rojo", en el bélico con "Los diablos del pacífico" o "Tora, Tora, Tora" y sobre todo en el género de la acción y de las aventuras con "20.000 leguas de viaje submarino", "Los vikingos" o "Un viaje alucinante". Se retiró del cine a mediados de los años ochenta, tras experimentar su carrera un notable bajón artístico tal vez debido a su acomodamiento o a su cansancio laboral con títulos mediocres como "Conan, el Destructor", "El Guerrero Rojo" o "Pasta gansa". Murió a los 89 años y, a pesar de las irregularidades de sus últimos tiempos, dejó una carrera para el recuerdo y una de las más variadas del Hollywood clásico, una carrera que hay que reivindicar y revalorizar sin cesar.


"Los vikingos" es una de las mejores películas de aventuras del cine clásico de la historia, una odisea de la talla de otras injustamente más famosas como "Ben-Hur", "Espartaco", "Los Diez Mandamientos" o "El Cid", una soberbia muestra de cine espectáculo, de precisión narrativa y estilística, de manejo de la acción, de recreación de una ambientación histórica (que incluyó la construcción real de los barcos vikingos), de magistral fotografía de Jack Cardiff y banda sonora de Mario Nascimbene y de aprovechamiento de un esplendoroso reparto en total estado de gracia (Kirk Douglas, Tony Curtis, Janet Leigh, Ernest Borgnine... todos inolvidables). Mítica, sentida, cruda y violentísima (ciertamente lo es para la época, e incluso se acerca en fisicalidad y brutalidad -y hasta en sadismo, si no recuerden la pérdida del ojo o del brazo o el pozo de los perros- al posterior cine de la violencia de autores como Sam Peckinpah o Arthur Penn) "Los vikingos" narra la tragedia de dos hombres enfrentados con un pasado común que ninguno conoce y de la lucha salvaje de dos culturas en un ambiente de constantes hostilidades que termina derivando, tras dejar incluso a un lado los amores y los patriotismos, en una lucha de puro odio entre hermanos destinados a futuros gloriosos y a la vez terribles. Inolvidables son las grandes escenas de batallas de "Los vikingos" (y el desenlace en el castillo colgante es verdaderamente apoteósico), sus muchedumbres coordinadas a la perfección, su ritmo endiablado, su romanticismo que no esquiva la fidelidad histórica, sus diálogos magníficos. Sin ninguna duda, es esta una de las mejores películas de aventuras de todos los tiempos. Ojalá actualmente se hicieran películas de entretenimiento de esta manera tan seria, digna y adulta.

miércoles, 20 de julio de 2011

UP IN THE AIR de Jason Reitman - 2009 - ("Up in the air")


Ryan Bingham es un especialista en recortes financieros cuyo trabajo consiste en viajar por todos los Estados Unidos despidiendo a los trabajadores que sus propios jefes no despiden por falta de valentía y, a la vez, ofreciéndoles otras oportunidades de seguir en el mundo laboral. Ryan vive viajando sin cesar y habita en hoteles la mayor parte de los días del año. No tiene amigos ni pareja y a sus dos hermanas apenas las ve. A él no le importa: no quiere ningún tipo de compromiso ni de problema. Su vida, sin embargo, puede cambiar algún día... Aunque ni él mismo lo crea.


Antes de comenzar a hablar de "Up in the air" afirmo rotundamente que la sobrevalorada "Juno" no me gustó nada de nada (en la crítica que de ella hay en este mismo blog lo pueden ver). Sin embargo, he de reconocer que la tercera película del hijo de Ivan Reitman me ha gustado... Hasta su desenlace, lo cual me lleva a incluirla entre mis "Filmes mediocres y fallidos". George Clooney entrega un gran papel como el clásico individuo deshumanizado en un mundo deshumanizado que no quiere ni amor ni familia ni amistad ni nada que pueda suponerle una implicación emocional que pueda llevarle a un conflicto o a un compromiso. Los secundarios le acompañan y la cámara del director retrata, con unos pocos trazos iniciales marcados por un cierto efectismo suave (las secuencias de los despidos son verdaderamente geniales, lo mejor del filme), el mundo aséptico, ordenado y rutinario (rutinario a pesar de estar sumergido en el viaje constante por toda la variada geografía de los USA) de este personaje que, suavemente, se va tornando entrañable mientras el metraje avanza dosificando bien la información sobre su vida. Hasta aquí todo bien: se intuye que el personaje va a cambiar su concepción del mundo pero su historia se sigue con interés y amenidad. Sin embargo, Reitman demuestra ser más políticamente correcto de lo que parece ser en un principio y, el mensaje que en sus inicios "Up in the air" parece querer lanzar (contra el capitalismo agresivo y deshumanizado en el actual contexto de crisis económica mundial que estamos viviendo desde hace ya tres años y medio) termina resultando ser un canto a la libertad... De oportunidades para volver a rehacer una vida... Según las reglas del mundo capitalista (esto se evidencia también en la conversación que sostienen las dos protagonistas, verdaderamente horrenda). La idiosincracia políticamente correctísima de "Up in the air" queda bien patente en su desenlace, en el que el protagonista aprende a valorar lo que los "buenos norteamericanos" valoran: la familia, el amor... Y por supuesto, la vida profesional, que nunca se puede olvidar. Una pena, porque el tercer filme de Reitman comienza siendo una cosa (muy grato comienzo) y termina siendo otra radicalmente distinta (la opuesta).

martes, 19 de julio de 2011

INSIDIOUS de James Wan - 2011 - ("Insidious")


Renai y su marido Josh acaban de mudarse con sus tres hijos pequeños a una nueva casa. Quieren dejar atrás un pasado del que no hablan demasiado. Su nuevo hogar parece completamente normal: es grande y bien situado y está en un barrio absolutamente corriente. Sin embargo, pronto empiezan a ocurrir extraños sucesos inexplicables. Y un día, uno de sus hijos cae sin explicación en un coma profundo... La pesadilla se desata entonces y algo del más allá empieza a intentar destrozar sus vidas.


James Wan es un director de cine de terror y fantástico hasta ahora irregular en líneas generales que, sin embargo, parece estar confirmándose en la calidad tras la excelente "Insidiuos", su última película. Antes, despuntó con la ya mítica "Saw" (saga interminable ya completamente aberrante de la cuya dirección supo desligarse). Le siguieron después la floja "Silencio desde el mal" y la fallida incursión en el thriller de venganzas "Sentencia de muerte". Habrá que seguir su carrera de cerca. Esperemos que continúe en la buena senda.


"Insidious" es una película de terror de claras reminiscencias clásicas que, más cercana en sus formas y en su estética a las grandes del género de los setenta y los ochenta como "Al final de la escalera" o "Polstergeist" que a toda la pirotecnia barata que por desgracia hoy llena las salas, se constituye sin ninguna duda como la más firme cinta comercial del mencionado género de lo que va de año. Cuidadísima y sobria en su ambientación (con unos escenarios lúgubres sin caer en el esperpento barroco desaforado) narra una historia que hemos visto miles de veces pero con un buen hacer apabullante. No hay trampas de guión, no hay sustos gratuitos y los personajes (muy bien interpretados) tienen la profundidad justa para resultar interesantes desde el primer momento. Confieso que lo pasé mal viendo "Insidious"; lo pasé mal como hace tiempo que no lo pasaba con una película de terror. Y eso es una gran señal. La trama fluye sin fisuras y el miedo pasa también sin fisuras de la sugerencia inical al golpe de efecto inteligente. En el imaginario del cine de horror quedarán (y si no tiempo al tiempo) la primera aparición del demonio rojo tras la cara del padre de la familia, ese niño con sombrero bailando siniestramente tras haber sido divisado en una esquina casi imperceptible, ese ser indefinido que va de un lado a otro de la terraza desenfocado o ese genial mundo astral (con la oscuridad y la luz en su justo punto) con esa familia de muñecos de pesadilla. Queda en el tintero el final de la obra, bastante tópico (odio esta clase de finales en cintas de terror) y forzado, pero eso no daña al excelente conjunto. James Wan, tras el gran debut de "Saw", parecía condenado a ser otro Peter Medak. Parece que no va a ser así (por lo menos, si se mantiene en este nivel). La película de terror del verano. De la temporada, mejor dicho.

lunes, 18 de julio de 2011

CHICAGO de Rob Marshall - 2002 - ("Chicago")


Chicago. 1927. Dos mujeres radicalmente distintas coinciden en la cárcel: la famosa cantante Velma Kelly y la mediocre ama de casa Roxie Hart, una de sus más fervientes admiradoras. Ambas han cometido un asesinato: Velma ha matado a su hermana y a su marido, adúltero, y Roxie ha hecho lo mismo con su mentiroso amante. Ambas dependen de un hombre para salvarse de la horca: del abogado Billy Flynn, que nunca falla un caso pero que cobra un precio de locura por sus servicios. Roxie busca algo más sin embargo: la fama. Una conspiración va a surgir alrededor de ambas mujeres.


Rob Marshall es un excelente director plástico y un genial creador de espectáculos visuales impecables a menudo basados en la estética del musical clásico brillante, su género preferido. Su filmografía es todavía corta y, a pesar del genial acabado visual de sus cintas, a mi se me antoja irregular. Debutó en la gran pantalla con la excelente "Chicago", a la que siguió la solvente "Memorias de una geisha", la para mi floja "Nine" (visual y musicalmente preciosa, eso sí) y la flojísima "Piratas del Caribe: En Mareas Misteriosas", cuarta entrega de una saga ya demasiado devaluada que Marshall no logró relanzar artísticamente. Habrá que seguir su evolución de cerca.


“Chicago” supuso el debut en la gran pantalla de Rob Marshall y el musical en el que se basa, creado por el gran Bob Fosse y por Fred Ebb en 1975 y representado constántemente en Broadway, está basado en una obra de teatro de Maurice Dallas Watkins, que a su vez se inspiró para escribirla en un caso real que apareció reseñado en la prensa. Rob Marshall, tras su también musical “Annie” para la televisión, retoma el proyecto del prematuramente fallecido Fosse (que pensaba adaptar su propia obra para el mundo del celuloide una vez más) y entrega una película llena de encanto que, con una trama tremendamente simple y directa, se erige como una divertidísima sátira de la sociedad estadounidense de finales de los años veinte cargada de ritmo y de geniales números musicales. La dirección de Marshall es brillante en todos los aspectos: lleva un pulso excelente desde el primer minuto hasta el último, los mencionados números están cargados de inventiva y la ambientación de la época es riquísima, mientras que su caracterización vodevilesca imprime una entrañable aura de irrealidad y nostalgia al conjunto. El reparto también se encuentra en total estado de gracia: Renée Zellweger, Catherine Z. Jones y Richard Gere simplemente deslumbran con sus apariciones, mientras que los secundarios (entre los que destacan la rapera Queen Latifah, John C. Reilly o Lucy Liu) terminan de redondear la historia con sus también magistrales shows (hay que decir que todos los intérpretes cantaron y bailaron sin ayuda de dobles, lo que es verdaderamente admirable pues casi ninguno tenía experiencia en estos campos). “Chicago”, obra tan ligera y fresca como por momentos irónica en su retrato social, tan lúdica como autoral, tan cínica como entrañable, es un magnífico espectáculo lleno de homenajes a grandes clásicos del género (especialmente en su estética y en sus personajes conscientemente estereotipados y caricaturizados). Un entretenimiento artístico de primera.

jueves, 14 de julio de 2011

LA OLA de Dennis Gansel - 2008 - ("Die Welle")


El profesor de historia Rainer Wenger propone un experimento a sus alumnos para que entiendan mejor en qué consiste una dictadura y cómo puede formarse: durante una semana, todos actuarán en clase como si estuviesen viviendo dentro de una. Así, tendrán que ser un grupo unido a toda costa con un nombre y una ideología y tendrán que someterse a unas normas y una disciplina. Su clase accede y la prueba comienza... Pronto, Rainer empieza a notar que el proyecto se le puede ir de las manos: los que no pertenecen a “La Ola”, como el grupo se ha denominado, son marginados, mientras que comienzan las peleas contra otros grupos de ideologías diferentes y las obsesiones de muchos de sus miembros con la colectividad y con cambiar por medio de ella un mundo que detestan. Rainer, asustado, decide suspender el experimento... Pero cuando quiere hacerlo ya es demasiado tarde.


El alemán Dennis Gansel, con una carrera todavía muy corta, ya ha destacado como cineasta observador del nazismo y de sus causas y consecuencias en sus exitosas películas “Napola” y “La Ola”, que le han confirmado como joven promesa de su país. Todavía es pronto de todas maneras para valorar su obra en conjunto. Su filmografía está compuesta del thriller político para televisión “El Fantasma”, de la comedia juvenil “Chicas al ataque”, del drama sobre el nazismo “Napola” y del nuevo drama “La Ola” y de la película de vampiros "Somos la noche".

“La Ola”, basada en la novela homónima de Morton Rhue, ya había sido llevada a las pantallas en el telefilme “The Wave” por Johnny Dawkins y Ron Birnbach. La versión de Dennis Gansel es su primera adaptación para las salas de cine y se basa, como la referida novela, en el experimento que realizó el profesor de historia William Ron Jones en un instituto de Palo Alto, California, en 1967: hacer vivir a sus alumnos bajo una dictadura fictica en clase para facilitar la comprensión de cómo se puede llegar a este estado en una sociedad. Dicho proyecto práctico se le terminó yendo de las manos a este profesor y tuvo que ordenar a su alumnado que lo cancelase por completo y de inmediato. En “La Ola” Gansel retrata cómo se fragua este mismo proyecto en un instituto alemán y cómo se termina descontrolando con unas consecuancias más trágicas que las del caso real. El profesor Rainer Wenger (un excelente Jürgen Vogel) crea una pequeña dictadura ficticia en su clase y, conforme pasa la semana, sus alumnos van desarrollando una conciencia de grupo que no tenían y terminan viviendo como un colectivo cerrado que quiere cambiar el mundo pero que para ello utiliza la violencia y la marginación (quien no pertenece a ellos, a “La Ola”, no tiene derecho a nada) mientras proliferan las conspiraciones para acabar con el diferente, las luchas contra los grupos diferentes de la ciudad (e igual de radicales que “La Ola”, aunque sean de ideologías supuestamente más libertarias) y los actos para darse a conocer de cualquier manera y captar adeptos. Cuando Rainer se da cuenta de lo que ha levantado, ya es demasiado tarde para pararlo.


Dennis Gansel realiza un retrato colectivo juvenil muy destacado en el que queda perfectamente explicado por qué cada alumno reacciona ante “La Ola” de una manera o de otra: el marginado de la clase se adhiere sin pensarlo, así como el alumno sin personalidad, el hijo de inmigrantes o el perteneciente a una familia desestructurada, mientras que también lo hacen los más ricos o los que, a pesar de tenerlo todo, llevan vidas aburridas, vacías y sin objetivos. “La Ola” termina erigiéndose como un grupo que proporciona el poder y el cambio de una situación injusta (la crisis económica que lleva asolándonos casi cuatro años por culpa del capitalismo agresivo, crisis entonces recién empezada y criticada en el filme) aunque sea por medio de actuaciones a veces brutales. Así, la cinta divaga con éxito sobre las razones que llevan a una dictadura a instaurarse en una colectividad mirando de cerca a estos tiempos en los que puede volver a aflorar y cimientándose en la terrible experiencia alemana al respecto, experiencia que los jóvenes alemanes de nuestros días no vivieron y que pueden repetir según Gansel. Hay que decir que "La Ola" falla, un poco, en parte de su desarrollo: los alumnos se vuelven fanáticos demasiado pronto (en apenas dos días), y eso lastra un poco el resultado final (habría hecho falta un mejor despliegue de esta conversión radical). Dejando esto a un lado, la película es ciertamente interesante.

martes, 12 de julio de 2011

LOS GOONIES de Richard Donner - 1985 - ("The Goonies")


Los Goonies son una pandilla de amigos del pequeño pueblo costero de Astoria, amigos cuyas vidas están a punto de separarse: unos despiadados especuladores inmobiliarios piensan echarlos de su barrio para quedarse con la tierra. Una única cosa puede salvarlos: el tesoro del terrible pirata Willy el Tuerto, cuya ubicación conocen, ya que han encontrado el mapa que indica donde está escondido. Todos juntos parten en su búsqueda. Sin embargo, no son los únicos que lo quieren; la familia mafiosa de los Fratelli también va detrás de su pista, y sus miembros están dispuestos a todo para conseguirlo.


“Los Goonies”, del gran todoterreno y experto en cine familiar Richard Donner, es una de esas películas para niños que lograron en su tiempo constituir un excelente espectáculo para este difícil público (siempre he pensado que el cine dedicado a la infancia –especialmente el que no es de animación- ha dejado mucho que desear a lo largo de la historia salvo honrosas excepciones) y que hoy pueden gozar del estatus de clásico e incluso de película de culto. Escrita por Steven Spielberg y Chris Columbus, narra la simple historia de un grupo de amigos que, para salvar a su idílico barrio de unos despiadados especuladores inmobiliarios, han de encontrar el tesoro de un famoso pirata y enfrentarse a una malvada familia mafiosa que también lo busca. La película, cargada de ritmo a veces frenético y de divertidos diálogos, es una interminable sucesión de escenas de acción imaginativas y llenas de encanto en las que los protagonistas reafirman su amistad, hacen nuevos amigos (el impagable monstruo de buen corazón Sloth), encuentran el amor (algunos de ellos), superan sus miedos y se afianzan como personas en su paso a la madurez. El mensaje es claro: la unión hace la fuerza y los buenos sentimientos triunfan sobre los malos, buenos sentimientos que llegan de la mano de la referida amistad y de la familia (dos de los asuntos que casi siempre han tratado tanto Donner como Spielberg y Columbus en sus filmes).


Con tema principal de Cindy Lauper, a “Los Goonies” no le falta nada: combina a la perfección la aventura con la comedia, el romance, cierto suspense (no hay que olvidar que es una película orientada al público infantil) e incluso con algún toque de humor negro. En su reparto se pueden encontrar a muchas de las estrellas juveniles de la década de los ochenta, algunas de las cuales por desgracia terminaron apagándose. Los “goonies” más famosos actualmente son Sean Astin (Sam, el gran amigo de Frodo en la trilogía de “El Señor de los Anillos”), Josh Brolin (soberbio actor que ha conseguido volver al ruedo tras protagonizar joyas como “No es país para viejos”, "W." o "Conocerás al hombre de tus sueños" y participando en películas como "Planet Terror", "American Gangster", "Mi nombre es Harvey Milk" o "Valor de ley") y Joe Pantoliano (“Lazos ardientes”, “Matrix”). Otros en un principio más prometedores que ellos se hundieron, como es el caso de Corey Feldman, que ha acabado trabajando en la serie B tras sus numerosos problemas con las drogas. Quedan algunos más que sí han llevado una carrera regular, como Martha Plimpton y Robert Davi (aunque casi siempre como secundarios) o Ke Huy-Quan (el entrañable Tapón de “Indiana Jones y el Templo Madlito”), que sigue dedicándose al cine aunque como asesor de artes marciales y de efectos especiales relacionados con éstas (trabaja al parecer en las películas de Jet Li). Fue extraño que, dado su éxito, no gozase “Los Goonies” de por lo menos una secuela. Tal vez sea mejor así…

martes, 5 de julio de 2011

PERDIDOS de J.J. Abrams, Damon Lindelof, Jeffrey Lieber y Carlton Cuse - De 2004 a 2010 - ("Lost")


El vuelo 815 de Oceanic Airlines, que iba desde Sídney hasta Los Ángeles, tiene un brutal e inexplicable accidente y se estrella en una isla del Pacífico. Un grupo de pasajeros logran sobrevivir y esperan a que los rescaten. Pronto, descubrirán que tal vez no vaya nadie a venir a por ellos... Y pronto, también descubrirán que la isla en la que se encuentran es especial y está llena de misterios... Y de peligros.

"Perdidos" va a ser posiblemente la serie norteamericana más popular y recordada en líneas generales de la década que se acaba de cerrar, como "Twin Peaks" o "Expediente X" lo fueron para los ochenta o los noventa respectivamente. Y lo va a ser por diversos factores: ha sido la punta de lanza de la revolución de las series por Internet, ha tenido seis años enganchado a más de medio mundo capítulo a capítulo, ha suscitado debates y teorías sin descanso y tiene un final que nunca va a dejar de desatar la polémica. La serie estrella de J.J. Abrams, Damon Lindelof, Jeffrey Lieber y Carlton Cuse tiene todos los ingredientes para ser un clásico rotundo (ya lo es). Primeramente, siendo de aventuras y de ciencia ficción "Perdidos" toca muchísimos palos habituales de estos géneros: el homenaje a Robinson Crusoe, los fenómenos increíbles, los monstruos, las sectas, las conspiraciones empresariales, las predicciones del futuro, los viajes en el tiempo, los bucles temporales, las posibilidades de los "what if", los enigmas del Mundo Antiguo, la inmortalidad, la llegada del fin del mundo, los intercambios de cuerpos o los fantasmas y el más allá. Por otra parte, sus personajes, de todos los continentes, tocan una gigantesca variedad de situaciones, frustraciones y conflictos vitales: relaciones de pareja, de amistad y paterno y materno-filiales; culpabilidad, lucha entre ciencia y fe, adicciones varias (drogas, alcohol y comida), soledad, complejos, locura, redención, avaricia y sed de poder, atracción entre hermanos, los fantasmas del éxito, diferentes conceptos de justicia, traumas infantiles, altruísmo, conflictos de liderazgo o la enterna lucha del bien contra el mal. "Perdidos" es un compendio de los grandes temas de la ciencia ficción y de las historias fantásticas y también de una grandísima parte del drama humano universal. Por desgracia, la serie también va a pasar a la historia por tener uno de los desenlaces (y una de las temporadas finales) más polémicos de la historia: para muchos es perfecto, para otros es imperfecto pero coherente, para otros es solvente y para otros es un timo con todas las letras. Mi opinión sobre el conjunto de la serie se sitúa en la línea intermedia: "Lost" tiene uno de los mejores comienzos de la historia, un ecuador que sabe mantener el interés (aunque empieza a ser invadido por las lagunas) y un desenlace bochornoso y del todo insatisfactorio. ¿Merece la pena? Pues creo que sí, porque creo que la mayor parte de la obra ofrece más cosas buenas que malas a pesar del horrible sabor de boca que deja su final.


"Perdidos" comienza con uno de los mejores capítulos piloto de la historia. Para los anales ha quedado ese episodio doble con el brutal accidente de avión y con los primeros contactos entre unos personajes con un carisma apabullante. En la primera y genial temporada de la serie, la acción va a centrarse en desarrollar a estos personajes y sus vidas antes de la llegada a la isla y en presentar montones de enigmas que atraparán irremisiblemente al espectador (un monstruo asesino que nadie ve -terror por medio de la sugerencia-, extrañas sintonías de radio, susurros en la jungla, osos polares en un clima tropical, una escotilla cerrada a cal y canto en medio de la selva, un avión destrozado en un árbol, dos cadáveres que parecen ser casi prehistóricos...). Jack, Kate, Sawyer, Locke, Sayid, Hurley, Charlie, Claire, Michael y Walt, Jin y Sun... Todos estos caracteres son ya míticos y, en la primera temporada, se ganan el cariño del espectador sin problemas. Por otra parte Los Otros, los antagonistas de la función, al igual que el monstruo, no son mostrados (salvo en el inicialmente misterioso y breve personaje de Ethan), sino sugeridos, hasta el final de la propia temporada, que sólo incita a comenzar de inmediato con el primer capítulo de la segunda. La narración es pausada y el equilibrio entre acción, introspección, drama y hasta comedia es perfecto. Los personajes están desarrollados hasta el más mínimo detalle, y los que menos aprovechados están (Boone y Shannon) tienen también un pasado que mostrar mínimamente interesante. La muerte del referido Boone por culpa de Locke crea el primer "trauma" de la serie y deja bien claro que cualquier personaje puede abandonarla en cualquier momento y de la manera menos esperada, poniendo en guardia al espectador. Prácticamente lo único que se le puede achacar a esta temporada son los mencionados personajes de Boone y Shannon, mal explotados, ya que su relación daba para mucho y se quedó prácticamente en nada (el personaje de Ian Sommerhalder es bastante soso y el primer interés que suscita es, tristemente, su inesperada muerte -básica para el devenir futuro de Locke-, mientras que el de Maggie Grace prometía tras esta muerte como "lostie" que se haría fuerte en la serie pero, por desgracia, apenas pasaría de los primeros capítulos de la segunda temporada). Quitando esto, el inicio de "Perdidos" es perfecto y ya legendario.


Criticada y tachada por algunos de repetitiva, la segunda temporada de la serie se me sigue antojando otra temporada perfecta. Siguen los enigmas (más suposiciones sobre Los Otros, el pie de la estatua rota con cuatro dedos, las "teclas del fin del mundo" en la escotilla, el origen de Desmond) y están bien dosificados y también siguen desarrollándose los personajes principales y redondeando sus identidades. Por otra parte, se presentan a los viajeros de la cola del avión, un plantel de caracteres genial que, por desgracia, apenas pasaría de esta temporada. Se presenta también a uno de los grandes personajes de la serie, Benjamin Linus, cuya aparición es sencillamente estelar, y, finalmente, las muertes de Ana Lucía y Libby a manos del traidor Michael (que pasaría a ser uno de los protagonistas más odiados de la serie) suponen un auténtico e inesperadísimo "shock" para el espectador. A pesar de ser, tal vez, demasiado larga y con algo de exceso de flashbacks, la segunda temporada de "Perdidos" resulta igual de cautivadora que la primera gracias a una historia muy equilibrada en todos sus elementos (acción, introspección y drama) y que avanza claramente al primer encuentro verdaderamente violento con los mencionados Los Otros que se dará en la tercera temporada. Como dije, los personajes de la cola del avión son una explosión de carisma que enriquecen el campamento de los supervivientes. Presentados en un capítulo apoteósico ("Los otros 48 dias") e inolvidable en todos los aspectos, Ana Lucía viene a ser una suerte de Jack más violento, Mr. Eko un genial contrapunto de John Locke, Libby el complemento ideal e inesperado de Hurley y Bernard un secundario apreciable que desde este momento aparecerá de manera intermitente junto a su mujer Rose. Queda además un último personaje por presentar: el querido por todos Desmond (uno de los caracteres más apreciados por los fans y más valorados), que, aunque tendrá sus momentos dorados a partir de la tercera temporada, ya resulta también una bomba de carisma. El único pero de la temporada viene con la muerte precipitada de Shannon, otro personaje que con Boone se queda sin desarrollar bien (por desgracia, a partir de ahora no van a ser los únicos), ya que sólo está justificada para introducir a los viajeros de la cola del avión con un conflicto que se podría haber colocado de otra forma. Las muertes de Ana Lucía y Libby sí las veo, en cambio, más justificadas. La primera queda mucho mejor cerrada que Shannon (muchos más flashbacks y una despedida final de Mr. Eko en forma de fantasma) y la segunda deja de golpe a Hurley sin la que es probablemente la única mujer importante que ha habido en su vida. Fallos como el del precipitado final del personaje de Maggie Grace aparte, el segundo conjunto de capítulos de "Perdidos" es genial en todos los aspectos.


Los primeros errores apreciables de "Perdidos" llegan con su tercera temporada, que comienza a atosigar al espectador con enigmas constantes en busca de golpes de efecto cada vez más abusivos y fáciles y en la cual comienza la "sangría de personajes" que va a caracterizar, por desgracia, a la serie a partir de ahora. En el quinto capítulo de esta tercera temporada Mr. Eko abandona la serie de una forma vergonzosa en una chapuza de episodio que al parecer no gustó nada a los fans. Uno de los personajes con más potencial y carisma de "Lost" y básico en la segunda temporada es despachado de buenas a primeras y sin explicación ninguna. Al parecer no fue culpa de los guionistas: Adewale Akinnuoye-Agbaje, el actor que le daba vida, abandonó la serie de un día para otro y les dejó colgados (y de hecho la cosa tuvo que acabar bastante mal entre él y el equipo, porque Eko es el único personaje que no aparecerá en ningún flashback -Hurley verá a su fantasma, pero fuera de plano, en la cuarta temporada-). No es excusa de todas formas, pienso, para un final tan improvisado a este personaje, que, por otra parte, también podría haber sido sustituído por otro actor, ya que inicialmente iba a ser uno de los protagonistas absolutos de la trama (se ha hecho en "Spartacus" y nada más y nada menos que con el protagonista principal, ¿por qué no va a funcionar aquí?). Este mal sabor de boca para muchos fans y la triste sensación de que la trama de la cola del avión no sirvió para nada se llevó también, pienso, por delante a Nikki y a Paulo (Kiele Sánchez y Rodrigo Santoro), dos nuevos caracteres que, odiados por los seguidores de la serie nada más aparecer en un tramo bastante delicado para la audiencia de la temporada (sus seis primeros capítulos, centrados en el cautiverio de Jack, Kate y Sawyer y con la mencionada muerte de Mr. Eko de por medio no gustaron demasiado) fueron eliminados sin haber tenido apenas oportunidad de despegar en un curioso (curioso no quita el que sea chapucero) capítulo casi de cine negro. Empiezan, por otra parte, las incongruencias argumentales: Hurley casi no está traumatizado por la muerte de Libby, y esto tendría que haber marcado a su personaje para toda la serie. Por otra parte, la facultad de Desmond para ver el futuro queda muy coja, ya que sólo predice la muerte de Charlie y ninguna más (y no será porque no mueren personajes en la serie). No todos son puntos malos en esta tercera temporada, por supuesto: empieza la antológica rivalidad eterna entre Locke y Linus, la mencionada muerte de Charlie deja con un nudo en la garganta, los capítulos en los que Jack, Kate y Sawyer son prisioneros de Los Otros son geniales (por lo menos para mi), la batalla contra estos Otros es un evento esperadísimo, el personaje de Juliet es muy carismático y complica el trío Jack-Kate-Sawyer, Desmond se termina de transformar en uno de los protagonistas absolutos con su apabullante carisma y, sobre todo, el desenlace del arco argumental deja, literalmente, con la boca abierta (puede que sea el mejor desenlace de temporada de toda la serie). El interés se mantiene pese a los fallos. Por cierto que es aquí donde veo uno de los grandes patones de la serie: Juliet (de Los Otros) y Desmond (relacionado con la Iniciativa Dharma) se unen a los supervivientes... ¡Y nadie les pregunta sobre Los Otros y sobre la Iniciativa Dharma! ¿Estamos locos o qué? Este intento forzado de mantener el interés con calzador pasará factura en futuras temporadas a la coherencia de la serie.


La cuarta temporada de "Perdidos", de apenas 13 episodios, mantiene también el nivel, aunque los defectos que aparecieron en la tercera se amplían y aquí además con la famosa huelga de guionistas norteamericanos de aquellos años presente. Los enigmas llegan a ser ya agobiantes, y lo peor es que se llega peligrosamente a una quinta temporada sin haber solucionado prácticamente nada de las cuatro anteriores. No hay respuestas, casi ninguna, a nada relacionado con la isla o con Los Otros o la Iniciativa Dharma, y sin embargo las preguntas no paran de llegar. La sangría de personajes sigue además adelante, y esta vez los hechos son aún más tristes. Si la muerte de Mr. Eko era indignante, no lo es menos la de Rousseau, personaje clave despachado de mala manera (lo que habría dado un enfrentamiento entre ella y Linus por Alex... cuántas posibilidades tiradas vilmente a la basura) o la de la propia Alex, que si bien resulta traumática para el espectador (pocos se esperaban que Keamy le disparase a sangre fría ante los ojos de Ben), deja al personaje sin cerrar y también con muchas posibilidades sin explotar. Sin embargo, lo más aberrante de la cuarta temporada (sí, digo aberrante con todas las letras) es lo que los guionistas hacen con el personaje de Michael, que tras una aparición estelar en el Kahana (genial el capítulo "Te presento a Kevin Johnson") también termina muriendo de una manera totalmente insignificante. Es aberrante que el asesino de Ana Lucía y Libby termine así. Es una cutrada de las grandes, sobre todo porque fue uno de los protagonistas de las dos primeras temporadas y un personaje lleno de posibilidades (¿Cómo le recibirían los supervivientes tras su traición? ¿Cómo le recibiría Hurley? ¿Cómo continuaría la relación con su hijo Walt?). La redención de Michael es una chapuza de las grandes, y encima es incoherente, ya que si se redimió no podría aparecer en la sexta temporada como fantasma. Demencial. Sin embargo, la cuarta temporada también tiene sus virtudes. Comienzan los "flashforwards" y el equilibrio entre lo que ocurre en la isla y fuera de ella está muy bien llevado. La trama es interesante y no decae, y existen momentos verdaderamente geniales como las luchas contra los hombres de Wildmore, el mencionado retorno "interrumpido" de Michael, las duras realidades de los retornados Oceanic Six, los capítulos dedicados a Desmond y a sus viajes metafísicos (genial "The Constant"), la profundización en el personaje de Ben y sus motivaciones, la supuesta muerte de Jin o ese giro final en el que la isla se mueve de su posición. Los nuevos personajes son también tremendamente carismáticos: Faraday es uno de los mejores caracteres de la serie y ya lo demuestra, mientras que Charlotte, Miles y Lapidus llenan la pantalla sólo con su imagen. Por desgracia, estos personajes, como los de la cola del avión, van a ser completamente desperdiciados en las dos últimas temporadas (sólo Miles se salvará parcialmente de la quema).


La quinta temporada marca el primer mal giro de "Perdidos". Por eso, tal vez, muchos fans han abandonado la serie en este pundo (es completamente cierto). Los enigmas siguen llegando sin descanso y prácticamente la única respuesta a una pregunta importante del pasado de la isla que se da en toda la temporada es la que hace referencia a la construcción del búnker que habitaba Desmond, la Estación del Cisne. Para colmo hay que añadir unos horripilantes viajes en el tiempo (a mi por lo menos me parecieron fuera de lugar y no me gustaron nada de nada) que intentan disertar sobre la posibilidad o no de cambiar el destino y que terminan liando al personal de sobremanera y un retorno a la isla bastante chapucero y retorcido (retorcido porque no tiene explicación ninguna -en la sexta temporada, Charles Widmore llegará a la isla "tranquilamente" y de un día para otro-). Por otro lado, y al igual que se hizo con los supervivientes de la cola del avión, los tripulantes "buenos" del Kahana son tirados vilmente a la basura. Charlotte no tiene apenas pasado más allá de Faraday, y muere de buenas a primeras y sin cerrarse, mientras que el mismo Faraday también termina siendo asesinado en un capítulo bastante chapucero para posteriormente ser casi olvidado, como ocurrió con Mr. Eko. Una pena que un personaje con un potencial tan grande y básico en la cuarta y quinta temporada termine tan tontamente. Por otra parte Lapidus, aunque estará presente hasta el final de la serie, ni tiene flashbacks, ni pasado, ni motivaciones ni nada de nada, y la explicación de su retorno a la isla es de lo más cutre argumentalmente hablando visto en la serie. Miles, que también estará presente hasta el desenlace de "Perdidos", será el único que tendrá un cierto desarrollo interior, pero ni de lejos como el que tienen los protagonistas más clásicos. De hecho, una de las características esenciales de esta serie, los continuos viajes al pasado de sus personajes, viajes que les enriquecían tremendamente y sin cesar, apenas existen en los nuevos personajes; un error mortal que termina faltando al espíritu de "Perdidos". Por eso Charlotte, Lapidus o Miles y posteriormente Ilana (que aquí ya aparece esbozada) y Richard Alpert (que promete mucho pero que termina en casi nada) tienen tan poca entidad. Por si fuera poco, y en otra muestra de desprecio total hacia los caracteres que se han ganado el cariño de los espectadores, Walt es sacado de mala manera de la serie con una excusa estupidísima y absurda. El niño especial que querían Los Otros, que se le aparecía a Locke para guiarle y que al parecer tenía poderes parecidos a los de Desmond (es lo que yo intuyo) termina en la basura y completamente olvidado (y no, que aparezca como protagonista en el epílogo de la serie no me vale, no). Un cero bien redondo para los guionistas. La temporada finaliza con un desenlace espectacular (eso sí) pero el espectador tiene a estas alturas un cacao mental considerable y, entre tanto viaje al pasado y entre tanta carrera por la selva (las escenas de acción se presentan más numerosas y pierden entidad) y sobre todo entre tanta indignación por el maltrato de personajes (porque como han dicho tantas veces "Lost es una serie de personajes"), termina alejándose del maravilloso universo de esta isla que les cautivó en sus primeros arcos argumentales.


Con la sexta y última temporada sobreviene el desastre de los desastres. El presupuesto parece achicarse de golpe (es increíble pero da toda la sensación de que ocurre) y el único escenario extra aparte de los naturales es un templo de corte egipcio horroroso de cartón piedra (que estaba en la isla desde el principio pero que nadie había visto...), mientras que los hombres de Charles Widmore (que a estas alturas aparece en la isla como Pedro por su casa y de un día para otro) pasan de ser marines bien equipados a señores vestidos con pantalones vaqueros y camisas de cuadros al estilo "grunge". Por otra parte, los tres personajes nuevos (Ilana viene de la quinta temporada pero se desarrolla aquí con todas sus consecuencias) de la función son ya pura carne de cañón y sus existencias no tienen ningún sentido desde el principio (Dogen es asesinado por Sayid porque sí, Zoe es insignificante y la mencionada Ilana... bueno, del final de Ilana mejor ni hablo porque me viene la rabia). Mientras, Locke, Claire y el referido Sayid pierden totalmente sus identidades (¿Cómo han podido hacer esto con unos personajes tan queridos y presentes desde el primer capítulo de la serie? ¿Por qué este desprecio a los sentimientos del espectador?), Richard Alpert pasa de ser un señor seguro e inmutable a ser un pelele acojonado (y su personaje se queda sin explotar, y miren que tenía posibilidades) y Jacob y el Hombre de Negro no están sustentados en nada y da la total impresión de ser dos caracteres improvisados al final de la quinta temporada (¿Por qué tienen poderes contrapuestos? ¿Por qué los adquirieron? Inútil preguntárselo). La trama, por otra parte, cae en picado y pierde calidad por los cuatro costados hasta llegar a ser un pastiche de acción y drama barato propio del peor producto hollywoodiense: ya todo son carreras por la selva de aquí para allá y alianzas y peleas sin sentido. Todo es improvisado, todo se va inventando sobre la marcha, y lo demuestra ese combate de Jack contra el Hombre de Negro tan soso, esa muerte tan floja de Charles Widmore (señores... ¡Que es el segundo villano de la serie, que no puede morir a tontas y a locas!), esa difuminación de los propósitos reales del antagonista principal y de la clarividencia de Desmond, esa huída fracasada en submarino con esa explosión forzada por un Sayid que actúa de forma incoherente, esa "resurreción" de un Lapidus al que le ha caído una puerta de acero encima mientras se hundía en los mares, esa adhesión al falso Locke de Los Otros del templo sin preguntas, esa huída final con despegue imposible, ese ir de una isla a otra en cinco minutos... Por supuesto, hay algunas cosas buenas en esta temporada final (el capítulo "Dr. Linus" por ejemplo, o los reencuentros emotivos entre los personajes -como el de Hurley y Libby o Jin y Sun- o la traumática muerte de Juliet que enfrentará para siempre a Jack y a Sawyer), pero aparte de ser escasas, emocionan sólo y exclusivamente porque desatan sentimientos ya muy asentados y trabajados en una serie de seis temporadas (que muchos vieron durante seis años de fidelidad absoluta) y porque a los personajes ya se les tiene muchísimo cariño.

Y bueno, llega ya el momento de hablar del desenlace final de la serie, que a mi me parece un soberano bodrio. Primeramente he de decir que el rollo de la realidad alternativa en el que los protagonistas se encuentran tras morir todos ellos (con ese horripilante encuentro en una iglesia en el que para colmo faltan la mitad de los personajes -y no me vale eso de que "no están preparados"-) me resulta propio de una mala película de fe y superación de Hollywood y se me antoja una mala manera de resolver el desaguisado metafísico del inicio de esta última temporada, que trató de sorprender por la fuerza con dicha realidad alternativa. Segundo: independientemente de que esta suerte de cielo exista o no, prácticamente todos los enigmas se quedan sin resolver. Casi todos. Y señoras y señores, esto es imperdonable. ¿Qué es la isla? ¿Qué es la Iniciativa Dharma? ¿Por qué Los Otros eran tan malvados y sádicos en las tres primeras temporadas? ¿Por qué sólo se puede llegar a la isla siguiendo ciertas pautas? ¿Por qué se puede mover la isla usando una suerte de rueda congelada en sus profundidades? ¿Y qué hay de los viajes en el tiempo? ¿Y de los números de Hurley y su mala suerte? ¿Y por qué Libby estaba en el psiquiátrico de Hurley y le regaló su yate a Desmond? ¿Y por qué todos querían a Walt al principio y después pasan de él? ¿Y por qué Jacob y su hermano tienen poderes? ¿Y por qué hay teletransporte gratis a Túnez? ¿Y por qué mueren las embarazadas en la isla? ¿Y por qué la isla es un "tapon para que no escape la maldad"? ¿Y por qué Jacob no apareció antes? Y esto es sólo la punta del iceberg. Cientos y cientos de enigmas sin resolver tras seis años. ¿No han tenido tiempo de hilvanarlo todo bien? ¿O es que la empanada que los guionistas han montado es tal que no había manera de organizar nada a estas alturas? Una vergüenza. Eso es lo que es este final: una vergüenza.

Sin embargo, y a pesar de este despropósito último, "Perdidos" es en conjunto una serie muy apreciable. ¿O no? ¿Qué piensan ustedes?

lunes, 4 de julio de 2011

UN FUNERAL DE MUERTE de Frank Oz - 2007 - ("Death at a funeral")


Una rica familia inglesa prepara el funeral del fallecido padre en su gran casa de la campiña. Todo está listo para el solemne momento y, poco a poco, los invitados van llegando. Todo tiene que salir perfecto. Sin embargo, los problemas no hacen más que proliferar: vuelven a surgir las rencillas entre los hermanos, algunos miran mal a las parejas de los otros, alguien toma drogas sin quererlo, estallan rivalidades y aparece de la nada un apuesto enano que asegura ser… el amante del muerto. El caos ha llegado a la casa.


Frank Oz continuó su carrera en 2007 con la humildad y el buen hacer que ha caracterizado a casi toda su filmografía con “Un funeral de muerte”, una divertida comedia que hace un homenaje a la comedia clásica inglesa de situaciones tanto en su brillante estética (preciosa la fotografía) como en su estilo limpio, conciso y directo que sin embargo se desquicia en los momentos clave para terminar resultando alocado y nervioso. La excusa es simple y la hemos visto ya en muchas otras ocasiones: el funeral de un viejo padre de familia sirve para destapar, por medio de constantes y locas peripecias, el mundo oculto que late en esa propia familia, adinerada, hipócrita, clasista y algo esnob y residente en la habitual (como no) gran mansión de una campiña de las profundidades del Reino Unido. El protagonista es coral y está excelentemente interpretado, mientras que los gags beben del mencionado humor inglés, de cierto humor absurdo, del humor negro y ligeramente del slapstick y del humor zafio, que aparece representado con formas refinadas conscientemente para hacer al conjunto más desternillante si cabe. Con una más que solvente agilidad y con un gran pulso Oz va revelando todos los secretos de la familia protagonista y de sus allegados más próximos, secretos que en su mayoría el espectador descubre junto a los propios personajes. Se repasa así, con un ojo muy agudo, un gran número de asuntos: los mencionados clasismos, hipocresías y esnobismos varios, los prejuicios, las drogas, la homosexualidad vista como una vergüenza y las relaciones amorosas desaprobadas en general. El tono satírico empleado para tratar estos asuntos es ácido en todo momento, aunque en líneas generales “Un funeral de muerte”, como otras cintas de su autor, se muestra básicamente amable ante la crítica social que lanza (lo que no quita que resulte una crítica inteligente), amabilidad que queda ensalzada con el apropiado final feliz, esa amabilidad que tanto le critican al cine de Frank Oz. Muy recomendable a pesar de todo para pasar un buen rato con ironías, elegancia que encubre decadencia y delirantes gags.

viernes, 1 de julio de 2011

RÉQUIEM POR UN SUEÑO de Darren Aronofsky - 2000 - ("Requiem for a dream")


Harry y Marion se aman con locura. Son dos jóvenes heroinómanos sin futuro que sueñan con fundar su propio negocio de la droga para escapar de la mediocridad que inunda sus vidas. Tyrone, el mejor amigo de Harry, también sueña con este negocio y les ayuda en todo momento. Tyrone se siente solo: echa de menos a su madre. Harry, sin embargo, no hace demasiado caso a la suya, Sara. Sara vive sola dedicada a dos cosas: a adelgazar para cumplir su sueño de acudir a un programa de televisión y a comer compulsivamente. Un brutal revés está a punto de dar las vidas de todos ellos. ¿La culpa? Sus diferentes adicciones.


Tras debutar de manera fulminante con “Pi”, Darren Aronofsky abandonó el thriller y cambió radicalmente de registro para ofrecernos un drama en su segunda película, la que es, en mi opinión, la mejor de su carrera junto a "El luchador". Basada en la novela homónima de Hubert Selby Jr, que escribió el guión junto a Aronofsky, expone “Requiem por un sueño” la historia coral de un grupo de personas comunes cuyas vidas son completamente aniquiladas por la adicción (a las drogas y a la comida). La película salta constantemente de un personaje a otro narrando sus respectivas caídas progresivas en todos los aspectos de sus existencias, sus caídas estrepitosas en la miseria social, económica, moral y sentimental. Los personajes son los siguientes: Harry (Jared Leto), un joven adicto a la heroína; su novia Marion (Jennifer Connelly) y su mejor amigo Tyrone (Marlon Wayans), también adictos y que, junto a él, sueñan con establecer su propio negocio de drogas para prosperar y, finalmente, la madre de Harry, una mujer que ya está entrando en la tercera edad (soberbia Ellen Burstyn) y que, obsesionada con adelgazar, no puede dejar de comer compulsivamente. Sumidos en un mundo hostil y deshumanizado, todos sueñan con dejar atrás su situación de mediocridad actual o de soledad. Los actos de unos repercuten en los de otros interconectándolos a todos en una misma espiral de horror. Harry y Marion se aman con locura (Aronofsky lo retrata magistralmente con unas pocas escenas rápidas cargadas de lirismo en el inicio del filme) y, precisamente por ese amor y por su sueño de prosperidad, acaban degradándose hasta límites insospechados y destrozando sus vidas. Tyrone es un buen amigo, y, por el mismo sueño que el de Harry y Marion y por su amistad (o por lo menos respeto) hacia Harry, acaba también sumido en un pozo sin fondo. Tyrone comparte con Sara, la madre de Harry, la soledad que siente. A él le falta su madre, a la que no puede dejar de recordar. A Sara el que le falta es su hijo, y también su marido, ya fallecido. Harry se ha ido de casa y ella, sola todo el día en el apartamento, sueña con adelgazar para acudir a un programa de televisión de éxito. Sin embargo, es comedora compulsiva. Los cuatro personajes luchan por su sueño, y son, en parte, destrozados por este mismo sueño.


La cinta analiza de forma ejemplar tres estratos esenciales de las relaciones humanas: el de las relaciones materno-filiales, el de las relaciones amorosas y el de las relaciones de amistad. Son estas relaciones también, junto a los mencionados sueños, las que hunden a los cuatro seres perdidos del filme, maravillosamente interpretados, por cierto. “Requiem por un sueño” está rodada, al igual que “Pi”, con un estilo efectista herencia directa de los videoclips, aunque ahora en todo color. Este estilo sin embargo, lejos de ser un cansino estorbo para la narrativa, como lo es en tantas películas de la “generación videoclipera”, es tremendamente efectivo. Arofnosky lo utiliza con precisión y maestría, y de él se sirve tanto para crear momentos de insoportable angustia como momentos de delicada poesía. “Requiem por un sueño” es un drama excelente en todos los aspectos con un desenlace brutal, desmitificador y cruento como pocos. Presenta en todo momento un discurso alejado del cinismo o de la festividad que pueden tener otros filmes de la misma temática (esto no significa que sean peores que éste en absoluto). Es esta, creo, una de las películas modernas sobre la pesadilla de las drogas que mejor “educa” sobre las consecuencias de entregarse plenamente a ellas.