Porco Rosso

Porco Rosso

viernes, 10 de noviembre de 2017

MAL GENIO de Michel Hazanavicius - 2017 - ("Le redoutable")


1967. París. Jean-Luc Godard es uno de los directores más famosos y adorados de su generación. Sus películas desatan pasiones, sus opiniones son escuchadas y su obra es estudiada. Godard, sin embargo, es un hombre disgustado con la vida. Se adora a sí mismo, piensa que tiene la razón siempre, se cree superior a los demás y desprecia a todo el que no piensa como él. Cuando estrena "La Chinoise", una de sus películas más políticas, la crítica sin embargo, por primera vez, lo masacra. Godard va a entrar en una espiral de demonios que le va a convertir en un fanático político insoportable que va a pagar todas sus frustraciones con sus amigos y, en especial, con su pareja, la actriz Anne Wiazemsky.


Le había perdido la pista a Michel Hazanavicius después de la excelente "The Artist". Dirigió en 2014 "The Search", una película sobre la Guerra de Chechenia de 1999 que pasó sin mucha fama por las salas y que hasta este momento no he podido ver ni encontrar. Este 2017 ha vuelto con "Mal genio" (otra horrenda traducción española, para variar, del título original, que es "Le redoutable"), un biopic del controvertido director francés Jean-Luc Godard, uno de los principales creadores de la Nouvelle Vague, un genio del cine pero un hombre insoportable y repugnante que perdió por su soberbia a sus parejas y a sus amigos durante por lo menos la etapa de su vida que el filme retrata, que es la más importante para su carrera. Jean-Luc Godard es, en la segunda mitad de los años sesenta, uno de los creadores cinematográficos más importantes y valorados del cine europeo. Todos le adoran, todos le quieren, todos le imitan, todos le escuchan. Sus películas desatan pasiones, su opinión sobre cine y hasta sobre política es tenida muy en cuenta en muchos círculos, y hasta le conocen por la calle y le saludan. Pero Godard, como tantos otros genios, es un genio maldito, un hombre insoportable, creído de sí mismo y que siempre piensa que lleva la razón y que tiene la verdad absoluta. Hazanavicius retrata a esta controvertida figura con un ojo agudísimo que le sirve para revisitar, en clave irónica y despiadada incluso, la incongruencia de toda una época en la que la izquierda política francesa (y gran parte de la europea) se dedicaba a pontificar sobre política desde cómodas poltronas burguesas y a alabar desde el fanatismo y hasta la ignorancia a regímenes que eran incluso dictatoriales, como el de Mao Tse Tung en China o el de Fidel Castro en Cuba. Godard era uno de ellos, un pijo anti-burgués que era más burgués que nadie y que por imponer sus ideas era capaz hasta de destrozar a sus seres queridos. En aquellos momentos, su pareja era la actriz, directora y escritora Anne Wiazemsky, que apareció en algunas de sus películas y que le amaba con locura pero que, sin embargo, fue víctima de todas sus arbitrariedades, fanatismos, crueldades y brutalidades psicólogicas. Godard es el retrato de toda una generación muy perdida, muy ambigua, con un doble rasero brutal, que trató de hacer una revolución llena de incongruencias fanáticas.


Michel Hazanavicius revista toda esta época con sorna y gracia, metiendo el dedo en la llaga sin ninguna piedad, burlándose de las chulerías de los artistas endiosados en un estilo rápido, casi de comedia, que imita en su simplicidad y en sus escenarios al propio estilo que solían practicar en sus primeras épocas tantos autores de la Nouvelle Vague. París es un personaje más, por supuesto, y el París de aquellos años es retratado con nostalgia, con romanticismo, pero también con duros baños de agua fría que nos ponen los pies en la tierra y que desmitifican toda una época a menudo surcada de exageradas leyendas y de buenos y malos sin muchos términos medios. Louis Garrel y Stacy Martin clavan a los dos protagonistas, a Godard y a Anne. En especial, Garrel es físicamente idéntico al director en aquellos años. Y ambos entregan dos papeles magistrales, con una química envidiable. Garrel, sobre todo, llega a ser odioso ante la cámara, y consigue que queramos darle de ostias y que nos alegremos cuando recibe sus justos castigos a su soberbia desbocada y desmedida. "Mal genio" es un regreso por todo lo alto, fascinante, del director que nos sedujo con "The Artist". No se la pierdan.


ME VOY DE VACACIONES. VOLVEMOS EN EL BLOG A FINALES DE ESTE MES CON MÁS PELÍCULAS. HASTA ENTONCES :)

jueves, 9 de noviembre de 2017

LA VENUS DE LAS PIELES de Roman Polanski - 2013 - ("La vénus a la fourrure")


Thomas es un director de teatro que está preparando una representación de "La Venus de las pieles". Sin embargo, tiene un problema: no encuentra a nadie que se adecue, según su criterio, al papel del personaje principal femenino. Tras un agotador día de audiciones estériles, entra en la sala en la que ensaya Vanda, una actriz que le desagrada y que ve como atolondrada y maleducada. Aunque piensa que no va a dar la talla en absoluto para el papel, le permite una pequeña audición. Y Vanda le sorprende para bien...


La sexualidad del BDSM va teniendo poco a poco la visibilidad en la sociedad que nunca había tenido gracias a Internet y también a obras de ficción como, les guste o no a los que la practican, "50 Sombras de Grey". Independientemente de la calidad tanto de la novela como de la película, esta saga, para mi horrorosa (porque esencialmente es ñoña y cutre y ni siquiera es BDSM), ha tenido un papel decisivo en esta visibilidad. Sin embargo, hay películas mucho mejores y que representan mejor lo que es la esencia de este mundo y que han tenido, entre el gran público, mucho menos repercusión. Una de ellas es esta "La Venus de las pieles", última película estrenada del gran Roman Polanski hasta la fecha y que se basa en la obra de teatro de David Ives y a la vez en el libro homónimo del austriaco Leopold von Sacher-Masoch, de quien viene el término "masoquismo", y que es por decirlo de alguna manera "la otra cara de la moneda" del Marqués de Sade, "padre" del "sadismo", que ha sido adaptado a la pantalla en más ocasiones. Dos actores: Mathieu Amalric y Emmanuelle Seigner. Un escenario: un teatro. Un texto: "La Venus de las pieles". Y una representación en la que todo se va retorciendo y retorciendo y en la que se ponen en la picota los papeles sociales del mundo más machista y el propio texto de Sacher-Masoch, que publicado en 1870, era también muy machista. Dos mundos, dos concepciones, dos sexos, se enfrentan para acabar con tópicos y derribar tabúes y para cuestionar sin parar y con enorme agudeza crítica la dominación y la sumisión en la sociedad actual, la guerra de los sexos, el mencionado machismo y también el feminismo, la misoginia, la sexualidad, la esencia del arte y hasta el esnobismo intelectual de ciertas clases del mundo artístico. Mientras, la realidad se come a la ficción y ambas se solapan en un juego de espejos retorcido. Polanski demuestra una vez más ser un maestro absoluto, uno de los más grandes, de las películas rodadas con pocos personajes (aquí riza el rizo: solamente dos) y en pocos escenarios (y aquí riza el rizo de nuevo: solamente uno). Mathieu Amalric está genial, pero especialmente Emmanuelle Seigner, esposa del director polaco, desborda la pantalla con su belleza y con un papel que parece hecho para ella. "La Venus de las pieles" es otra joya del mejor Polanski. Maravillosa y provocadora.


miércoles, 8 de noviembre de 2017

NUESTRA VIDA EN LA BORGOÑA de Cédric Klapish - 2017 - ("Ce qui nous lie")


Hace diez años que Jean abandonó su vida en la Borgoña, donde su familia tiene una gran finca y una fábrica de vinos. No soportaba la existencia allí y sobre todo no soportaba a su autoritario padre. Ahora, éste se está muriendo y Jean ha de volver al hogar... Y no va a ser nada fácil reencontrarse con su pasado y con sus dos hermanos, que le guardan rencor por su larga desaparición. Puede que sea sin embargo el momento de rehacerlo todo.


Cédric Klapish es un director y actor francés que, en su faceta tras las cámaras, se ha especializado habitualmente en la comedia y el drama amables con toques sociales, aunque ha tocado géneros como el documental en "Lumière y compañía", realizado con varios autores. Es autor de varias de las películas más exitosas del cine de Francia de las últimas décadas. Su filmografía se compone de "Riens du tout", "Le péril jéune", "Cada uno busca su gato", "Como en las mejores familias", "Tal vez...", la ultraexitosa "Una casa de locos" y su secuela "Las muñecas rusas", "Ni a favor ni en contra (sino todo lo contrario)", "París", "Ma part du gateau", "Nueva vida en Nueva York" y "Nuestra vida en la Borgoña".


La nueva película de Cédric Klapish es otra de sus habituales comedias dramáticas llena de buenas intenciones pero fallida y predecible y algo anodina. Un joven que ha pasado diez años fuera de su casa en la Borgoña y sin pasar siquiera para ver a su familia vuelve al hogar a la muerte de su padre, que era un fabricante de vinos afamado y exigente. Allí, tiene que hacer frente a la vida y a los traumas que dejó atrás. ¿Se imaginan lo que viene? Exacto. "Nuestra vida en la Borgoña" es cien por cien predecible, es esa clásica película que se la sabe uno desde que empieza hasta que termina, en la que se va intuyendo todo sin sorpresas. Los personajes no tienen mucho relieve, y sus conflictos están muy vistos y además están claramente divididos, con bastante maniqueísmo y ninguna astucia a nivel de guión, en "buenos y malos". La trama avanza por el camino delineado en todo momento sin arriesgarse en nada, tampoco en lo visual o en lo estético. Los diálogos cumplen, aunque a veces se pasan con alguna que otra lección moral de baratillo que no viene a cuento. Las actuaciones bien, y la ambientación y la fotografía bien. Pero todo es un "deja vu" refrito de mil películas que ya nos sabemos de memoria. Tampoco da Klapish gato por liebre, ojo, ni pretende que su cinta vaya de lo que no es: no hay grandes pretensiones, y eso es de agradecer. Sin embargo, al conjunto para colmo le cae bastante mal un metraje excesivamente alargado, que pierde el ritmo a causa de una segunda parte bastante desequilibrada y con conflictos repetidos una y otra vez. No se puede decir que esta película sea horrorosa, ni realmente lo que se dice mala, pero tampoco tiene nada destacado y posiblemente en pocos días yo, que la vi ayer, ya la habré olvidado por completo. Cine inocuo para pasar el rato y poco más. Crítica corta, pero no hay más espacio en el que escarbar.


martes, 7 de noviembre de 2017

EL SEXTO SENTIDO de M. Night Shyamalan - 1999 - ("The Sixth Sense")


El doctor Malcolm Crowe es un psicólogo de Philadelphia especializado en niños que pasa por una terrible crisis vital y amorosa tras el trauma de un paciente adolescente problemático al que no pudo ayudar. Ahora, empieza a trabajar con Cole Sear, un chico solitario y marginado por sus compañeros, de un hogar desestructurado, que tiene, según cree Malcolm, serios problemas psicológicos. Algo empieza a cambiar en su percepción de él poco a poco... Y descubre cosas extrañas e increíbles.


M. Night Shyamalan dirigió antes de "El sexto sentido", la película que le lanzó a la fama, otras dos cintas que no tuvieron gran repercusión y que no vamos a comentar porque no son nada del otro mundo y no aportan nada: los dramas, de cierto corte existencial y religioso, "Praying with Anger" y "Los primeros amigos". La mencionada "El sexto sentido" le arrojó de manera fulminante al estrellato y fue el comienzo de una carrera marcada por un estilo muy reconocible: películas fantásticas con mensaje caracterizadas por desenlaces sorprendentes. Fue así con esta cinta, y con las posteriores y magistrales "El protegido", "Señales" y "El bosque". Luego, el director tuvo una época irregular con películas más flojas como "La joven del agua" y "El incidente" y con algún que otro inexplicable e infame bodrio como "Airbender" y "After Earth", tras la cual volvió a la calidad poco a poco con la muy discutida pero original "La visita" y definitivamente el pasado año con la ya verdaderamente buena "Múltiple". "El sexto sentido" es una de las grandes obras maestras del cine fantástico y de terror no solo de finales de la década de los noventa, sino de la historia del cine. Shyamalan escoge un estilo "hitchcockiano", sobrio, directo, pero con toques oníricos y fantasmagóricos (esta influencia se encuentra hasta en los títulos de crédito), para narrar la historia de un niño que dice que ve muertos y que tiene una especial relación con su psicólogo, un hombre en crisis vital y amorosa. Puede que ya nos la conozcamos de sobra, pero en su día, y doy fe de ello porque yo fui al cine a verla, esta película fue un dechado de originalidad, y de hecho ha sido copiada, imitada y parodiada mil veces, tanto sus frases como sus escenas como su desenlace, que daba una vuelta de tuerca magnífica, llena de imaginación, que en su momento nadie se esperaba y que, aunque no es nueva, sí que fue totalmente certera en su novedosa ejecución. El resto, es igualmente maravilloso.


La intriga de "El sexto sentido" está llevada al milímetro, la capacidad de sorprender perfectamente dosificada, los sustos son pocos y los justos pero todos ponen los pelos de punta, el terror está ordenado de forma que llegue de improviso y marque al espectador cuando menos lo espera y la ambientación, como he dicho, es una joya. Luego, están los diálogos, que están llenos de significado y de lucidez, y un retrato de personajes magnífico interpretado por un plantel de actores lleno de carisma: no solamente los protagonistas principales Bruce Willis y Haley Joel Osment, sino una secundaria de lujo como Tony Collete u Olivia Williams en un papel más pequeño lo bordan. Todo llevado en un estilo pausado, que se toma su tiempo para crear sensaciones, para sugerir, para atrapar con la tensión. "El sexto sentido" es una obra maestra y el comienzo de una primera carrera impecable de un director que, a pesar de haber vivido unos malos años de inexplicables producciones malas o directamente terribles, ha sido básico para el cine fantástico norteamericano moderno. Esperamos que tras la mencionada "Múltiple" siga en su línea de nueva calidad.


lunes, 6 de noviembre de 2017

¡LUMIÈRE! COMIENZA LA AVENTURA de Thierry Frémaux - 2016 - ("Lumière! L'aventure commence")


Documental sobre los hermanos Louis y Auguste Lumière, inventores del cinematógrafo, a través de la historia de 108 de sus películas.


"¡Lumière! Comienza la aventura", es uno de los documentales más maravillosos e interesantes que he visto últimamente. Dirigido el año pasado por el francés Thierry Frémaux, director del Instituto Lumière de Lyon, presidente de la Asociación Hermanos Lumière y delegado general del Festival de Cannes, el filme es un montaje que por primera vez reúne 108 películas (de 50 segundos cada una) de las que grabaron los hermanos Louis y Auguste Lumière, inventores del cinematógrafo, patentado el 13 de febrero de 1895 y aparato con el que comienza la historia del cine. Aunque ellos mismos nunca le vieron grandes posibilidades como arte y ni siquiera como industria (llegaron a declarar incluso que "el cine es una invención sin ningún futuro"), todos sabemos de sobra que por suerte se equivocaron rotundamente y que dieron a luz a una de las manifestaciones artísticas más importantes de la Historia. Y lo cierto es que nos dejaron, a pesar de todo, una filmografía muy larga y que representa perfectamente lo que era la vida en el tránsito del siglo XIX al siglo XX. El documental está dividido en capítulos en los que se agrupan los tipos de películas que los Lumière rodaron según su temática. Los trabajadores, el ocio, la familia, los espectáculos, París, los viajes alrededor del mundo, las comedias de ficción, las experimentaciones... La documentación visual reunida es increíble e inmensa, y sus pequeñas creaciones, que no fueron artísticamente valoradas ni por ellos mismos siquiera, hoy en día son un documento increíble sobre la vida diaria en esta época de cambios, buenos y malos, en todo el planeta y también sobre cómo se fue orquestando el desarrollo narrativo de un cine todavía en pañales y visto esencialmente como una rareza, casi como un espectáculo de corte circense.


Veremos, mientras el propio Thierry Frémaux nos narra lo que sucede en la pantalla y su historia, la salida de los obreros de la fábrica que se conoce como primera película de la historia, a los propios Lumière con sus familias y amigos, los bailes de la época, los juegos de moda de entonces, escenas cotidianas de todo tipo y protagonizadas por todas las clases sociales, el primero de los filmes "de terror" de la historia (ese tren que llegaba hacia la cámara y que asustaba al público de entonces porque parecía que iba a salirse de la pantalla y a arrollarlo), la primera narración en tres espacios diferentes, la efervescente París de las nuevas ideas o la imponente Nueva York de los primeros rascacielos, países como Rusia, Túnez o Vietnam, estampas atronadoramente indignantes sobre el colonialismo o incluso las primeras comedias de ficción y las primeras exhibiciones de primitivos efectos especiales (no es cierto eso que siempre se ha dicho de que los hermanos inventores del cine solamente rodaron "documentales"). La colección es apabullante, preciosa, increíble. Es un viaje en una máquina del tiempo a lo largo de una sociedad ya desaparecida documentada en imágenes y una revalorización de lo que estos dos hermanos, pioneros de la ciencia, crearon para ser luego bastante olvidados de forma bastante injusta. "¡Lumière! Comienza la aventura" es un documental que creo que nadie debería perderse. Extremadamente recomendable pieza única.


sábado, 4 de noviembre de 2017

BUBBLE de Steven Soderbergh - 2005 - ("Bubble")


Martha y Kyle viven en pequeños pueblos entre Ohio y Virginia y trabajan en una fábrica de muñecas de las afueras. Sus vidas no marchan bien. Kyle es un joven sin formación y sin oportunidades y con un futuro laboralmente incierto y frustrante, mientras que Martha ha pasado la mediana edad, se siente sola y acomplejada y malvive con su padre, un anciano que depende de ella para todo. Sus vidas cambian cuando llega a la fábrica una nueva trabajadora: la guapa y joven Rose, madre de una niña pequeña que es hija de un hombre violento que la acosa. Kyle empieza a salir con ella y Martha, destrozada, entra en una terrible depresión...


Y ahora, después de las dos primeras entregas de "Ocean's Eleven", de su remake de "Solaris" y de una marcianada experimental como "Full Frontal", Steven Soderberg se saca de la manga la que para mi es una de sus mejores películas: "Bubble". El director sigue cambiando de género constantemente y sigue arriesgándose con producciones capaces de sorprender que, sin prisa pero sin pausa, van configurando una de las filmografías más curiosas, heterogéneas, extrañas incluso, del cine norteamericano. "Bubble" es un drama, un drama de los duros, un drama feo, y una pequeña joyita del cine de los últimos años. Soderbergh narra aquí la escueta y cruel historia de un terrible triángulo amoroso cuyo pilar es la soledad de tres seres que llevan vidas tristes y de constantes carencias en un pueblo de la Norteamérica profunda (Parkersburg, donde se rodó el filme): dos jóvenes sin trabajos estables y con poco futuro por delante (y la joven del dúo además tiene una niña pequeña de un hombre violento) y una mujer que supera la mediana edad y que envejece en otro trabajo basura cuidando en la soledad más absoluta de un padre anciano y dependiente de ella en todos los aspectos. Estos personajes, interpretados por actores y actrices no profesionales que también aportaron sus propias casas como escenarios para el filme, están dibujados con unos pocos trazos sutiles que el espectador ha de unir por sí solo. La puesta en escena es extremadamente sobria y desnuda, alejada de todo efectismo posible: la cámara capta, a menudo con planos muy generales, amplios y estáticos, las relaciones que se dan entre los protagonistas, que culminan la tragedia de una manera tan cotidiana (y conscientemente predecible) como a la vez estrambótica y fría. El paisaje de la Norteamérica profunda es un protagonista más (fotografiado esplendorosamente por el propio Soderbergh, que firma como Peter Andrews): un paisaje de pueblos pequeños y opresivos, de noches aburridas, de fábricas de capa caída, de calles desérticas y de campos aplastantes. "Bubble" es un fascinante y escuetísimo (una hora y diez minutos dura apenas) drama social que retrata con una crudeza pasmosa y lucidísima la soledad condicionada por un medio de vida emocional y laboralmente hostil. Soderbergh, con toda su hiperactividad e irregularidad, aquí se merece miles de aplausos. Es una lástima que esta película no sea de las más conocidas de las suyas, porque lo merece sin ninguna duda.


viernes, 3 de noviembre de 2017

THOR: RAGNAROK de Taika Waititi - 2017 - ("Thor: Ragnarok")


Thor y Loki se enfrentan a una amenaza como nunca antes han conocido otra. Al morir su padre, Odín, su hermana diabólica, Hela, queda liberada para volver a Asgard y dominarla bajo su puño de hierro. Hela tiene un poder inimaginable... Y a causa de ello Thor va a terminar exiliado en un planeta hostil en el que va a tener que aprender a luchar sin sus ventajas habituales.


A priori, no soy contrario a los cambios de tono en el mundo de los superhéroes. En los cómics tanto de Marvel como de DC ha habido sagas que han sido completamente cómicas, alejadas por completo de lo dramático, de lo grave, que es habitual en el género, y han sido sagas famosas y que han insuflado aire fresco a unas historias que en su momento estaban manidas. El hecho de que "Thor: Ragnarok" sea una comedia no me importa demasiado... Pero hay otras circunstancias que hay que tener en cuenta. Marvel se está acomodando demasiado en el estilo de "Guardianes de la Galaxia". Este año, ha estrenado tres películas, y las tres son comedias: la secuela del grupo de aventureros galácticos, "Spiderman Homecoming" y esta "Thor: Ragnarok". Ya cansa la fórmula. Y se agota. Creo que la elección como director de Taika Waititi es acertada, y los aires de cambio que trata de aportarle a la saga se los curra. Pero el conjunto no funciona. Primero, porque este Thor no es Thor. Segundo, porque la comedia se pasa de rosca y todo pierde interés y ritmo. Tercero, porque hay muchos fallos de guión, y de bulto. Empiezo por las cosas buenas de la película: la ambientación, otra vez de aires "ochenteros" (es lo que toca, hasta que la burbuja creativa explote), es muy resultona, la verdad. Los escenarios, muy coloridos, con estética "retro", de videojuego clásico, tienen su gracia. Y también lo desprejuiciado de toda su mezcla de influencias. El humor, aunque termina cansando, trata de ser más o menos fino, comedido (se nota que Taika Waititi es un especialista de la comedia independiente), aunque a veces no lo consigue y se cuelan algunos chistes de vergüenza ajena. Y el resto falla, por desgracia. Imagino que por exigencias de los productores de Marvel. Empecemos analizando al personaje: no es Thor. Sencillamente, no lo es. Vale que no queremos que las tramas se queden anquilosadas, pero una cosa es innovar sobre el personaje y otra es convertirlo en un monigote de polichinela que solamente hace gracietas. Y cortarle las melenas a un dios nórdico... Ufffff. Elección muy desafortunada que termina de destrozar al personaje, que ya por cierto en las dos primeras entregas de la trilogía había sido dotado de toques cómicos. Aquí, todo se pasa de rosca, y lo mismo se puede decir de los secundarios: todos son sombras payasescas y paródicas casi. Hasta Loki. No, esto no es Thor.


Luego, tenemos ese toque cómico general que como he dicho se pasa de rosca. Se pasa pero tres kilos. Los gags son interminables, cansinos, y encima no todos funcionan. Algunos hacen gracia, otros son dignos y finos, y otros son vergonzantes. Thor no es un personaje cómico. No. La comedia no le va al Dios del Trueno ni a su universo. Y tampoco le va a una película que abusa de los chistes y que busca parecerse a la mencionada saga de "Guardianes de la Galaxia" de forma descarada. La trama de "Thor: Ragnarok" es cansina con tanto humor impostado, con tanta gracieta forzada. Llega incluso a perder el ritmo en su parte final porque solamente hay chistes, chistes y chistes. Y luego, están los fallos de guión, con los que terminamos, y que comentaré detalladamente en el spoiler. Sólo digo aquí que son muchos, y de bulto. Y todo esto al final sirve para aderezar la enésima historia de lucha del bien contra el mal de las películas de Marvel con una villana sin entidad ninguna. Creo que la compañía de Los Vengadores va mal si persiste en este rollo humorístico desatado en su universo cinematográfico y si desfigura a sus personajes clásicos con tanto cachondeo de cara a la galería y al público más palomitero y menos exigente. "Thor: Ragnarok" tiene algún punto interesante, pero el conjunto no aprueba ni de lejos. Mal, Marvel, muy mal.


ESPACIO DE SPOILERS: Loki lleva dos semanas viendo torneos y no conoce a Hulk, que es el campeón del planeta. Sin comentarios. Matan a todos los amigos de Thor y a Thor le importa un pepino: es que ni pregunta por ellos. En fin... Y toda Asgard cabe en una nave cutre. Claro que sí, guapi. ¿Y qué pasa con el Doctor Extraño? Que sale por salir, claro, eso es lo que pasa. ¿Y con la rebelión? Ni no sabe el director ni le importa. Todo esto es un despropósito, en serio. Terrible.


jueves, 2 de noviembre de 2017

LOS PUENTES DE MADISON de Clint Eastwood - 1995 - ("The Bridges of Madison County")


Tras la muerte de Francesca, una anciana viuda que llevaba una vida tranquila en su granja, en el pueblo de Madison en el que se casó, sus dos hijos descubren, entre sus cosas, indicios de que su madre tuvo una breve y apasionada relación, cuando ellos eran pequeños, con un fotógrafo llamado Robert Kinkaid. El pasado se empieza a abrir ante ellos... Y descubren una historia que nunca imaginaron que hubiese tenido lugar.


Y después de una obra maestra como "Un mundo perfecto", viene otra: "Los puentes de Madison". Clint Eastwood está en su mejor etapa, y brilla con luz propia en casi cada película desde "Bird", y toca todos los palos y en todos destaca, y ya se le llama claramente el heredero del Hollywood clásico. "Los puentes de Madison" es una historia de "breve encuentro", de romance corto y condenado de dos personas pertenecientes a dos mundos radicalmente diferentes que se enfrentan a una sociedad opresiva e hipócrita, la de esos pueblos de la Norteamérica profunda que ya tan bien nos conocemos todos. Clint Eastwood vuelve a ser el protagonista de su película una vez más, y le acompaña una Meryl Streep impresionante, soberbia, en el que es uno de los más grandes papeles. El amor de ambos sirve a Clint para exponer maravillosamente el gran dilema que se presenta ante tantas personas que tienen que elegir entre el sacrificio por sus seres queridos o la elección de la vida deseada. Francesca es un ama de casa de una granja, con marido e hijos, y Robert es un fotógrafo que viaja constantemente por su trabajo para la National Geographic. Lo que surge entre ambos está condenado o no, y depende de una decisión simple pero dificilísima. Porque nos debemos a otros, a los que nos quieren, es bien cierto, pero también nos debemos a nuestros propios sueños. Eastwood rueda este fascinante drama con una tremenda comprensión y sinceridad y se aleja escrupulosamente de todo tópico. No hay romanticismo barato ni efectismos de cara a la galería para potenciar este romanticismo de forma artificial. La maestría tras la cámara del actor pasado a director se traduce en una colección de escenas inolvidables realizadas con una simpleza pasmosa, simpleza que sin embargo esconde todo un universo en su interior y que se nutre de la sugerencia sin llegar tampoco a ser pedante. Sí, todo ocurre como en tantas películas de la Edad de Oro de Hollywood: pocos directores logran semejante concisión y profundidad conjuntas. Por supuesto, se critica a la sociedad de estos pueblos norteamericanos, cerrada sobre sí misma, oscurantista, intolerante y que condena al diferente a la más brutal de las marginaciones. El aspecto técnico es por supuesto maravilloso. La fotografía, los paisajes, esa Francesca dejando al aire su cuerpo desnudo, ese despertar de sus hijos ante el descubrimiento de lo que le ocurrió o ese desenlace que hace llorar (lloro a moco tendido con el final de esta película) quedan para los anales. "Los puentes de Madison" es otra obra maestra de este grandísimo del cine. Clásico indiscutible.


miércoles, 1 de noviembre de 2017

TRUMBO de Jay Roach - 2015 - ("Trumbo")


1947. Dalton Trumbo es uno de los guionistas más cotizados de Hollywood y disfruta de las mieles de una carrera estelar. Sin embargo, algo terrible se está moviendo en los USA: está a punto de comenzar una Caza de Brujas contra todo el que sea comunista o tenga alguna relación con ellos. Y Trumbo, junto a otros amigos suyos guionistas o relacionados con el mundo del cine, está en el objetivo de la lista negra de los que han comenzado la persecución. Está a punto de empezar para todos ellos un martirio público...


El norteamericano Jay Roach es un guionista, director y productor que habitualmente se ha dedicado a la comedia, género en el que ha entregado algunos de los grandes taquillazos de las últimas décadas. Aunque no es un autor ni un director perfecto, sus comedias tienen una mínima dignidad, aún siendo palomiteras, que las de otros no tienen. Su filmografía se compone de la trilogía de "Austin Powers", de las dos primeras entregas de la otra trilogía "Los padres de ella" ("Los padres de ella" y "Los padres de él"), de la película deportiva "Mystery, Alaska", del remake de "La cena de los idiotas", de la comedia política "En campaña todo vale" y de la comentada "Trumbo". También ha realizado las producciones televisivas sobre política "Recount" y "All the way".


Es curioso que Jay Roach, un director que hasta este momento se ha centrado sobre todo en la comedia, haya dirigido una película como "Trumbo", que se sale bastante de su norma habitual (aunque en televisión sí que ha tocado asuntos políticos y más serios en "Recount" y "All the way"). "Trumbo", como su nombre indica, es un biopic o un retrato por lo menos del punto álgido (en polémica, en fracaso y en éxito) de la carrera del gran guionista estadounidense Dalton Trumbo, que fue perseguido por la terriblemente célebre Caza de Brujas y machacado por ser comunista. Trumbo, uno de los famosos "Diez de Hollywood", fue autor de historias míticas como las de "Espartaco" o "Vacaciones en Roma" y director de una obra tan inimitable como "Johnny cogió su fusil". Comunista, luchador por los derechos sociales y denunciador constante de las injusticias (también con sus contradicciones), se las ingenió para resurgir de sus cenizas y pagarle a los que destrozaron su vida y la de sus amigos con la moneda del triunfo a los ojos de la Historia. Bryan Cranston es Trumbo, y entrega un papel genial. Jay Roach lo retrata como un ejemplo de dignidad, de lucha, de perseverancia, de enfrentamiento contra un sistema injusto y perseguidor del diferente en plena paranoia anticomunista. Poco más de dos horas están hilvanadas cronológicamente con fluidez y con una dosificación perfecta del drama y de los toques de humor. Los homenajes están servidos, y los secundarios están todos magníficos, así como el rico retrato de las épocas por las que el relato se mueve. Es cierto que "Trumbo" no innova, ni lo pretende, y se agarra a elementos fáciles de explotar como las felonías que cometieron los palmeros y los chivatos de Joseph McCarthy en el nombre del patriotismo, del miedo y de la "buena moral norteamericana", pero lo cierto es que el retrato de época que hace es certero y sin demagogias baratas, y pone en su sitio a muchos de los principales agentes de esta función del Hollywood de entonces. "Trumbo" es un buen biopic, rodado con consecuencia y bien redondeado de uno de los personajes más apasionantes y ejemplares de la historia de los USA del pasado siglo. Lo recomiendo.


martes, 31 de octubre de 2017

EL SECRETO DE MARROWBONE de Sergio G. Sánchez - 2017 - ("El secreto de Marrowbone")


1969. Allie trabaja como bibliotecaria en su pequeño pueblo, en la costa este de los USA, y sale con Jack Marrowbone, del que se ha enamorado. Jack es un chico que vive en una mansión apartada a las afueras del lugar con sus tres hermanos pequeños y su madre, que está enferma. Los vecinos comentan que su familia huye de un trauma y que por eso no tiene trato con casi nadie. Allie está a punto de descubrir su secreto...


"El Secreto de Marrowbone" es el debut en la dirección de Sergio G. Sánchez, el guionista de "El orfanato" y "Lo imposible" de Juan Antonio Bayona o de "Palmeras en la nieve" de Fernando González Molina. Gran producción española de Mediaset, muy publicitada, con buenos medios y con reparto internacional que, desgraciadamente, es un despropósito de cabo a rabo. Volvemos al subgénero de las casas encantadas con una historia de cuatro hermanos que viven solos en una y que parecen estar huyendo de algo. Ambientación muy bonita, representación muy rica de una época (finales de los años sesenta) con una fotografía muy bella y hermosos paisajes, y poco más hay que destacar en este bodrio. Bodrio porque su trama es un timo en toda regla. Se puede soportar que al filme le cueste mucho arrancar. Se puede soportar que los personajes sean flojos y que no tengan demasiado carisma. Se puede soportar que la intriga no termine de materializarse casi nunca y que nos lleve errática hacia no se sabe dónde. Se puede soportar que a la obra le cueste terminar de definirse y que, incluso, en su constante ir a caballo entre drama y terror no desarrolle del todo a ninguno de los dos géneros. Hasta se puede soportar que los sustos sean los esperables y que, además de ser apenas un par, estén manidos. Lo que no se puede soportar es un desenlace como el que se le ha colocado a esto. Lo voy a detallar mejor en el espacio para los spoilers, para no contar nada. Aquí solamente voy a decir que me parece un timo en toda regla el final que Sergio G. Sánchez le ha puesto a su película debut. Lo siento, es que creo que, además de estar ya plenamente superado su concepto, es un concepto que, o se trata muy bien, o queda como el puto culo, como la peor de las excusas para sacar adelante una película de terror. Se me quedó una completa cara de gilipollas cuando se me reveló de qué iba todo el tema. Me quedé, simplemente, pensando: "no puede ser". Pero sí que podía ser. "El Secreto de Marrowbone" es todo buenos propósitos pero tiene un cuerpo bastante deficiente y un desenlace absolutamente lamentable que termina de tirar por la borda lo poco que quedaba de potable en su interior. Cine de terror cutre, del más penco, muy bien empacado pero nada más: aburrido, sin alicientes, y encima con una resolución de vergüenza ajena y llena de cabos sueltos por todas partes. Terrible.


SPOILER: El "todo estaba en la cabeza del protagonista" o se trata muy bien, pero que muy bien, o no se trata. Porque cuando se trata muy mal, surgen toda clase de problemas y de lagunas y, encima, el espectador se siente totalmente estafado. Esta clase desenlaces, cuando son mal tratados, deberían estar prohibidos. Una cosa es jugar a confundir y a sorprender, y otra justificarlo todo con una paranoia de andar por casa que deja flecos sueltos por todas partes y que hace que los personajes sean unos maestros del teletransporte. Una estafa indignante todo. Vaya tela.