Porco Rosso

Porco Rosso

martes, 16 de enero de 2018

BLACK MIRROR IV de Charlie Brooker - 2017 - ("Black Mirror IV")


Seis historias independientes:

-"USS Callister": El capitán Daly es el líder de la USS Callister, una nave que viaja por el espacio descubriendo nuevos mundos y luchando contra el mal sin descanso. O eso es lo que parece en un principio...

-"Arkangel": Marie está obsesionada con la seguridad  de su hija pequeña, Sara. Cree que el mundo es un lugar peligroso y desearía poder tenerla vigilada a todas horas. Una empresa innovadora le va a ofrecer una forma de tenerla siempre bajo sus ojos...

-"Crocodile": Mia y Rob vuelven de una juerga borrachos y colocados... En coche. Y a causa de su estado, atropellan a un ciclista y lo matan... Y ambos deciden hacer algo terrible.


-"Hang the DJ": Frank y Ami han quedado para cenar por medio de una aplicación que tutoriza sus posibles ligues y relaciones. Cuando se sientan a comer, la aplicación les avisa de que van a tener solamente doce horas para conocerse...

-"Metalhead": En un mundo arrasado, tres individuos viajan en coche, entre las ruinas de la civilización, a un almacén apartado. Buscan algo especial...

-"Black Museum": Nish, de viaje por la Norteamérica profunda, para a cargar su coche en una estación de servicio frente a la que se encuentra un local llamado "Black Museum". Sin nada especial que hacer y animada por Rolo, el propietario, Nish entra en sala de exposiciones. Allí encuentra un curioso y tétrico espectáculo...


Ha ocurrido lo que temía: "Black Mirror" se ha empezado a repetir descaradamente y se ha quedado anclada en la falta de ideas. Yo no soy nada "hater": si una película o una serie da un pelotazo y el éxito mundial se la come, no deja de gustarme automáticamente y no puteo a sus secuelas sólo por ser sus secuelas. Ahora bien, esta cuarta temporada de la que ha sido una de las producciones de la pequeña pantalla más alucinantes, lúcidas, imaginativas, rompedoras y críticas de las últimas décadas, ya no presenta nuevas ideas y, lo que es peor, sus artífices optan por la repetición a lo bestia y sin ningún tipo de vergüenza. Con todo el dolor de mi corazón, tengo que decir que solamente me ha sorprendido un capítulo de los seis de esta última temporada de "Black Mirror": el segundo. Los otros cinco, o son refritos de conceptos ya vistos en la serie, o son bonitos experimentos, o directamente son auténticos timos. Sí, he dicho timos. Después de todo, parece que las distopías a Charlie Brooker y a su equipo se les han agotado: es cierto que la tecnología avanza a pasos monstruosos y que se están creando unas normas sociales idiotas y hasta peligrosas a causa de ello. Eso nos lo dejaron claro en las tres primeras temporadas de la serie. Pero, una vez exploradas todas las posibilidades que se exploraron en aquellas, no da la cosa para mucho más. En algún momento, el cansancio y la falta de ideas llegan. Es normal, y hay que saber cuándo retirarse y pasar a una nueva historia. Pero como "Black Mirror", poco a poco, se ha convertido en una producción de culto y hoy por hoy directamente arrasa, pues hay que exprimir la naranja creativa sin sentido ni sensibilidad y hacer más y más capítulos salgan como salgan. Es una pena, pero es lo que hay, y que cada uno de ellos esté dirigido por un director o una directora de calidad no consigue salvarlos, lo siento.


Esta cuarta temporada arranca con un episodio gracioso, "USS Callister", que, sin embargo, no deja de ser un refrito de conceptos ya vistos en la serie y, sobre todo, del especial de Navidad de 2014, "White Christmas", del que toma descaradamente la base para darle una vuelta de tuerca poco original y sacarse de la manga una nueva historia con un toque friki que se piensan que va a justificar la poca imaginación y las lagunas de guión bestiales que tiene la trama (con personajes que directamente se teletransportan a terrazas de rascacielos... En fin). Entretenido, pero nada más, y de muy bajo nivel para lo que esta serie nos tiene acostumbrados. El segundo, "Arkangel", por suerte, es mejor, mucho mejor. De hecho, es el único capítulo que es original (no del todo, pero sí un poco) y el que presenta un posible conflicto tecnológico creíble a medio plazo. Es el más emparentado con las primeras temporadas de la serie, el que describe un mundo creíble, cercano al nuestro, en el que una aplicación malévola sienta la terrible diferencia. Muy bien.


Pasamos a "Crocodile", que tiene buenas ideas y que desarrolla bien su historia, aunque el ritmo le falla y tiene algunas lagunas de guión bastante evidentes que ponen a los personajes de idiotas para arriba. Buena alegoría moral, pero el concepto del tratamiento de los recuerdos estamos hartos de verlo en la serie. "Hang the DJ", el cuarto episodio de la temporada, me parece directamente indignante. Volvemos a coger cosas de episodios pasados, valga la redundancia, y las remezclamos en una metáfora facilona y simple que no es propia de una serie que siempre se había caracterizado por escapar de lo esperable y de lo sencillo. Muy mal. Fatal. Algo parecido sucede con "Metalhead", el siguiente segmento, que es muy bonito y que está rodado en un blanco y negro precioso y que tiene unas escenas de acción fantásticas, pero que cae de nuevo en la alegoría facilona y que no dibuja un escenario de ningún tipo, un error que la serie siempre se ha encargado de esquivar con limpieza. Es un buen capítulo en lo técnico, pero muy decepcionante en lo argumental.


Terminamos "Black Mirror IV" con "Black Museum", que tiene algunos momentos buenos y otros no tan buenos. Su condición de nuevo refrito de conceptos ya vistos en la serie, a estas alturas, llega a molestar, pero de verdad. Y para intentar salvar la papeleta, el propio capítulo es plenamente consciente de ser un refrito integrador y lleno de homenajes autoreferenciales. Vale, ok, pero la capacidad de sorpresa no existe, y esta serie siempre ha sido una sorpresa constante. Se puede ver bien, con agrado, pero no es nada original y dice bastante poco, y algunas de las historias secundarias que contiene son flojas, pero flojas de verdad. En fin, tristemente, esta serie está a punto de morir artísticamente de éxito. No sé si habrá nueva temporada (imagino que sí, no van a soltar a la gallina de los huevos de oro así como así), pero si la hay y no se innova, será ya definitivamente el truño que firmará la sentencia de muerte de uno de los productos audiovisuales más geniales y proféticos de los últimos años. Siempre, por suerte, nos quedarán sus mejores capítulos.


ESPACIO PARA SPOILERS: Espero que, si finalmente hay una quinta temporada de "Black Mirror" este año o el próximo o cuando toque, dejen de una maldita vez de explotar el rollo de las consciencias duplicadas y los mundos virtuales. Brooker y su equipo se han vuelto ya cansinos con este asunto. Ya abusaron de esto en la temporada de 2016, pero aquí ya es que es directamente de puro órdago: de seis capítulos, tres tienen como base principal este concepto, y además prácticamente calcado de unos a otros. Eso sin contar que hay otros tres de anteriores temporadas que ya también lo trataban. Por favor, innoven, o dejen la serie en su mejor momento. Es lo justo y lo digno. Gracias.


lunes, 15 de enero de 2018

ANTZ de Eric Darnell y Tim Johnson - 1998 - ("Antz")


Z es una hormiga neurótica e insegura que se siente atrapada por su mediocre vida de obrera en su hormiguero. Todos los días son iguales e igual de aburridos, y eso le resulta del todo insoportable. Pero una noche, contra todo pronóstico, Z conoce en un baile a una chica especial: una chica que se atreve a improvisar unos movimientos diferentes con un ritmo diferente al del resto. Z no se lo imagina, pero está a punto de sumergirse en la gran aventura que estaba esperando.


Dreamworks Animation, una de las compañías animadas más importantes de los USA, que nació tratando de hacerle la sombra a los estudios de Walt Disney y de Pixar, se estrenó en el largometraje en 1998 con "Antz", y hasta nuestros días sigue produciendo películas con notable éxito aunque siguiendo una senda irregular en lo que a calidad se refiere. Muchas veces se la ha tachado, no sin cierta razón, de ser un sucedáneo de la mencionada Pixar con el "caca, culo, pedo, pis" amplificado. Lo cierto es que nos ha dado películas mediocres y películas malas, sombras lejanas de los "Toy Story" o los "Buscando a Nemo" del grupo de John Lasseter, pero poco a poco a ido puliendo sus formas y cada vez está entregando obras más personales y adultas que sigue, por desgracia, alternando con otras mediocres (aunque bueno, Pixar está ya también tristemente en este plan con cosas como la saga de "Cars"). "Antz", este debut, es una de sus mejores creaciones y una película muy infravalorada y olvidada. Porque es un amanecer por todo lo alto, con una trama adulta que homenajea a las películas de Woody Allen. Y es que es el propio Woody Allen además el que dobla a la protagonista, que es un trasunto suyo: una hormiga neurótica, desencantada con su vida monótona en el hormiguero, donde cada día es igual de aburrido que el anterior. "Antz" es una crítica al colectivismo enfermizo y un canto a la diferencia y a la independencia de los individuos muy bien explicada para los niños y que también cautiva a los adultos. Mezcla perfectamente la aventura y la comedia (y con escenas de acción muy destacadas) con un contenido con profundidad que es perfectamente extrapolable a nuestros días. Se ataca a la demagogia, al patriotismo exacerbado, a la hipocresía, al clasismo, al machismo, a la manipulación de las masas, a la corrupción, al militarismo y hasta a los ataques preventivos que tanto le gustan a tantos presidentes de los Estados Unidos. Todo ello con un punto de vista adulto, como he dicho, y además la película tampoco escatima en algunas escenas de cierta violencia que descolocan porque uno piensa que está orientada a niños.


Sí que es cierto que la animación de "Antz" ha envejecido notablemente. Especialmente, se puede ver en las texturas, poco realistas y poco integradas, y en los movimientos de los personajes, nada fluidos. Todo ello a pesar de que tiene algunos escenarios que sí que son fantásticos. Este es el único punto débil que le veo a la película, porque aunque es del año 1998, ya estudios como Pixar habían estrenado antes obras como la primera "Toy Story", que contaban con una animación y un detalle impresionante ya en 1995, tres años antes. Quitando esto, y se le puede perdonar incluso por la época, "Antz" es un debut inmejorable, fantástico, y que ha sido como he comentado, desgraciadamente, bastante olvidado. Creo que es preciso reivindicarla. Comenzaba con esta película el periplo de uno de los estudios de creación animada más importantes de los USA, a pesar de haber estado, y con razones, como he dicho, siendo mucho tiempo visto como una suerte de "Patito Feo" de las grandes compañías punteras.


domingo, 14 de enero de 2018

EL GRAN SHOWMAN de Michael Gracey - 2017 - ("The Greatest Showman")


1829. P.T. Barnum es un hombre pobre que ha vivido toda su vida en la miseria pero que tiene un sueño: ser un gran señor del espectáculo. Se ha casado con Charity Hallett, su amor de la infancia, pero no puede darle una vida digna y a duras penas la puede mantener con su trabajo de administrativo. Cuando su empresa quiebre, Barnum, sobreponiéndose a la adversidad, intentará algo: crear su propio show de variedades... Y empezará a contactar con personas muy especiales que tienen mucho que mostrar al mundo.


El australiano Michael Gracey, especialista en efectos visuales, se ha estrenado como director con "El Gran Showman", un musical sobre los inicios en el mundo del espectáculo de P.T. Barnum, un famoso empresario y artista circense que llegó también a estar metido en política y que en los USA es bastante conocido en la cultura popular (mucho menos fuera de ellos). La obra sería, sin paños calientes, un auténtico truño si no fuese por sus escenas musicales. Porque es plana, maniquea, más simple que una botella y exaltadora del Sueño Americano y de la cultura del "hombre hecho a sí mismo" de siempre. Y además, no profundiza nada, pero nada de nada, en el personaje principal, que aparece como un pobre más que supera su ambiente social de miseria y triunfa y, tras tropezar y caerse al haber dado de lado a su familia y a sus amigos, se levanta otra vez para volver a triunfar. Eso que le ocurre a una persona de cada mil o más, para muchos americanitos es la norma: si te esfuerzas, consigues tus sueños, y punto, y no importa un pito nada más, y si eres pobre es que no te lo has currado. Por supuesto, los capítulos más oscuros de Barnum ni se investigan siquiera, ni se proponen. Yo no conozco demasiado de este hombre, al que llaman algunos el "inventor del espectáculo actual", y no sé si es verdad eso de que era un mentiroso y un estafador o de que llegó a exhibir a una esclava de ochenta años que había comprado por cuatro perras en su show. Tampoco lo sabré nunca, porque el personaje de marras no es que me importe mucho y Michael Gracey no me va a decir nada más aparte de que luchó y triunfó y tropezó se cayó y volvió a triunfar otra vez, con dos cojones (frase horrible que uso con ironía).


Luego, la trama de la película tampoco es que ayude mucho, porque es una sucesión de hechos narrados seguidos, como en una cadena de montaje, con bastantes lagunas argumentales y con mensajes muy bonitos contra el racismo y la discriminación del diferente en la que todo ocurre atropelladamente, sin trazar siquiera algo de la psicología de los personajes, sin prestar atención a sus evoluciones y cambios, sin desarrollar a los secundarios más allá de varias pinceladas cutres y adiós muy buenas. En fin, que esto es un rollazo patatero de la peor calaña y de la peor demagogia. Ahora bien, como musical cumple, y eso le impide llegar a ser a "El Gran Showman" el bodrio infame y repugnante que podría haber sido.


Hay algo que salva mucho, muchísimo, a la película: Hugh Jackman. Es un actor que se esfuerza, que lo pone todo de su parte, que le echa ilusión a casi cualquier papel que haga, aunque sea una gilipollez supina de personaje (como es el caso). Da gusto verlo, da gusto escucharlo cantar, da gusto admirarlo bailar. Muy, muy bien. Y luego, las canciones y las actuaciones están muy potables. No son maravillosas, no son el culmen de la imaginación coreográfica, pero son resultonas y bonitas, y algunos números, como el de Zac Efron y la cantante y bailarina Zendaya o el primero ambientado en el bar consiguen caer verdaderamente bien. Las mencionadas canciones están elegidas para gustar: entran a la primera, a todo tipo de público; van a saco a agradar al espectador. En fin, tampoco es malo. Y la ambientación es buena, así como la caracterización. "El Gran Showman" es agradable de ver, es entretenida, no es molesta, pero es muy poco exigente como drama y como musical y es una oda infumable al Sueño Americano de los cojones. No es crucificable por su espectáculo visual, pero su trama gris y sesgada, su rancio ideario y su falsedad a la hora de retratar a un personaje histórico no le dejan ir más allá de ser un divertimento bien rodado y olvidable. A lo mejor se lleva algún Oscar, porque estas chorradas en Hollywood suelen gustar mucho.


sábado, 13 de enero de 2018

CÓDIGO FUENTE de Duncan Jones - 2011 - ("Source Code")


Un hombre se despierta en un tren de alta velocidad sin recordar por qué está allí. Hay una mujer a su lado que le conoce perfectamente, pero él, que sepa, no la ha visto en su vida... Y algo todavía más extraño empieza a suceder dentro de su compartimento...


Entre las excelentes "Moon" y "Warcraft: El Origen", Duncan Jones dirigió, en el año 2011, "Código Fuente", una estupenda película de ciencia ficción y acción de la que creo que es preciso saber lo mínimo para poder disfrutarla en condiciones y sacarle todo su jugo. Al igual que en la mencionada "Moon", el director nos sorprende con un thriller lleno de sorpresas en el que en cada giro de guión nos asombra con un punto argumental o dramático desconcertante que nos ata a la silla hasta el final. Un hombre se despierta en un tren de alta velocidad y está sentado junto a una mujer a la que no conoce pero... Que le conoce a él. Y a partir de aquí vivimos una aventura frenética, con una tensión que nunca decae, con unas escenas de acción dinámicas y vertiginosas (espléndido aprovechamiento del reducido espacio en movimiento que deja un tren para que se desarrolle la trama) y con unos personajes con ejes inesperados y con profundidad dentro de una trama que, como la de "Moon" (de nuevo tenemos que mencionarla porque hay bastantes paralelismos de base entre ambas películas), deja un lugar claro para la crítica política y para retratar el abuso brutal y de pesadilla que se puede hacer de una tecnología sin límites y mal usada. Jake Gyllenhaal entrega un papel excelente y carismático, ideal para el individuo perdido en perversas circunstancias, desvalido pero a la vez fuerte y combativo, y secundarias como Michelle Monaghan o Vera Farmiga nos dan a unas comparsas fantásticas. Todo está rodado con ritmo y fluidez por Duncan Jones, que de nuevo sabe extraer todo el jugo de una inteligente fusión de elementos para dejarnos un thriller de ciencia ficción de altura, imaginativo y con garra. Muy recomendable, y nada más voy a decir porque corro el riesgo de destriparles algo si sigo hablando. Si no la vieron en su día, échenle un vistazo.


viernes, 12 de enero de 2018

LOS ÚLTIMOS DÍAS DEL EDÉN de John McTiernan - 1992 - ("Medicine Man")


La joven investigadora Rae Crane es enviada a las profundidades de la selva amazónica para ayudar a Robert Campbell, un científico que lleva allí varios años viviendo con una tribu indígena e investigando lo que cree que podría ser la cura del cáncer. Robert es un hombre insoportable, machista, creído de sí mismo y desconsiderado que la trata como si fuese inferior. Pero Rae es una mujer que no está dispuesta a recibir esto de nadie, y entre ambos las cosas marchan mal desde los primeros momentos. Sin embargo, van a tener que trabajar juntos a su pesar.


Después de "La caza del Octubre Rojo", John McTiernan abandona la saga de Jack Ryan que inició para pasarle el testigo a Phillip Noyce y entrega una de las películas más flojitas de su primera etapa: "Los últimos días del Edén". En ella, mezcla la aventura con la crítica ecologista y anti-colonialista y con el romance. Todo muy diluido, y todo muy descafeinado. Lorraine Braco, en uno de sus papeles menores, es una investigadora que es enviada a la selva del Amazonas para ayudar a un Sean Connery también en un papel menor que está tratando allí de encontrar la cura del cáncer, que es el motor central de la trama. La película entretiene y no resulta terrible ni especialmente aburrida, pero también es tremendamente olvidable porque, en lo esencial, no acierta de pleno en ninguno de los campos que trata de tocar. La crítica ecologista y anticolonialista es superficial y los personajes no tienen mucho relieve (ni ellos ni el tópico retrato de la comunidad indígena en la que viven los protagonistas). Dice grandes obviedades como que hay que cuidar la naturaleza y no acabar con las tribus que viven en ella pero ya está. Luego, el romance es de andar por casa porque, como he dicho, los personajes no dan demasiado de sí salvo lo muy basiquito, y el resto es bastante predecible (lo que va a acabar pasando uno se lo sabe nada más empezar el filme). Finalmente, la aventura es también muy débil. No hay ningún momento que emocione, ni ninguna escena de acción apañada (y eso que estamos hablando del John McTiernan que venía de hacer "Depredador" y la primera "La Jungla de Cristal" y que estaba en camino de rodar la tercera aventura de John McClane). Hay que añadir además que ni siquiera la ambientación es especialmente brillante, y miren que tenían escenarios y paisajes naturales con los que lucirse a base de bien. "Los últimos días del Edén" es una película hecha con muy buenas intenciones pero con poco más. Se ve bien y se olvida bien. De lo más anodino de un director que en los años ochenta y en los noventa hizo algunas películas verdaderamente excelentes y míticas.


jueves, 11 de enero de 2018

RITUAL IN TRANSFIGURED TIME de Maya Deren - 1946 - ("Ritual in Transfigured Time")


Durante una fiesta en la que los bailarines cambian constantemente de pareja, se genera una extraña persecución.


La cuarta obra que nos ha quedado de Maya Deren es "Ritual in transfigured time", un nuevo cortometraje, ahora de quince minutos, en el que vuelve a experimentar con los recursos que le da el tratamiento de la imagen en movimiento en el arte cinematográfico para volver a sacar al espectador de la comodidad de la narración lógica habitual. El significado de esta nueva obra está abierto, como en las anteriores y en las posteriores, a toda clase de interpretaciones, y hay mucho material escrito en las redes que posiblemente de mucho más en el clavo que esta pequeña reseña de este pequeño blog. La propia Deren vuelve a ser una de las protagonistas del filme, y se "transfigura" con la también bailarina Rita Christiani. Ambas, tras un inicio en el que Deren maneja frente a la segunda una madeja de hilo de una forma bella y sensual, se intercambian los cuerpos constantemente durante la persecución de un bailarín misterioso que culmina en el mar, en el lugar donde comienza el anterior cortometraje de la directora "At land". En medio de este comienzo y este final, los personajes pasan por una sala donde hay una fiesta y un baile durante el cual todo el mundo cambia de pareja sin cesar y sin conocerse muchas veces, o eso es lo que se sugiere. Maya Deren lo maneja todo con un ritmo apabullante, con un montaje cargado de dinamismo, con una fluidez pasmosa que a la vez improvisa y que parece influenciada por el sentido automático de la música del jazz. Imágenes de una exhuberante belleza se superponen con otras oscuras que sugieren peligro, amenaza.


¿Qué veo yo aquí? Veo intercambio social libre, veo búsqueda del yo interior, veo una huida hacia la naturaleza (tal vez simbolizada en el mencionado mar y en el agua, elemento conductor presente como he dicho en otros cortos de la creadora), veo una crítica al oscurantismo religioso y una vuelta a la alegría pagana y veo una liberación del clasismo hipócrita que se practicaba en la época, la segunda mitad de los años cuarenta del siglo pasado, por medio también de la mencionada liberación de las normas de espacio y tiempo habituales del cine narrativo clásico. Por cierto, en la cinta participaron en calidad de actores no profesionales figuras célebres del mundo intelectual del momento y amigas de la directora como los escritores Anaïs Nin y Gore Vidal. Un reparto de lujo, desde luego. "Ritual in transfigured time" es otra pequeña obra para pensar, para sugerir, para discutir y, también, para aprender a rodar buen cine.


miércoles, 10 de enero de 2018

PUSHER III: SOY EL ÁNGEL DE LA MUERTE de Nicolas Winding Refn - 2005 - ("Pusher III")


El mafioso serbio Milo ha conseguido montar y mantener su negocio del crimen en Copenhague tras muchos años de trabajo duro e incesante. Sin embargo, ahora todo está amenazado por una banda de albaneses que está tratando de comerle poco a poco su territorio. Por eso, mientras organiza el cumpleaños de su hija y mientras trata de controlar su adicción a las drogas y al alcohol, va a tener que pararle los pies a los que quieren aprovecharse de su esfuerzo. Y Milo es un gangster de armas tomar y con una experiencia que otros más jóvenes no tienen...


Y un año después de "Pusher II: Con las manos ensangrentadas", llegó la tercera parte para cerrar la trilogía de los bajos fondos de Copenhague de Nicolas Winding Refn. En "Pusher III: Soy el ángel de la muerte", tenemos la historia más original e interesante de todas y, también, la mejor de las tres películas desde mi punto de vista. Recuperamos ahora al personaje de Milo, el mafioso serbio, y recorremos un "ajetreado" día en su vida, un día en el que tiene que defender su territorio de una banda rival de gangsters albaneses. Zlatko Buric entrega un papelón, y consigue meternos en la piel de un ser despreciable y terrible que, sin embargo, también tiene su momento para ejecutar actos con cierto tinte heroico o para desarrollar algo de empatía. Milo es amenazado por sus rivales en un día de locos en el que, además de luchar contra ellos, tiene que encargarse del cumpleaños de su consentida hija mientras sus matones se ponen enfermos del estómago o asiste a sus reuniones habituales de toxicómanos en recuperación para tratar de luchar contra su adicción a las drogas. Cotidianeidad brutal de un ser brutal. Eso es "Pusher III", que deja espacios también para la poesía urbana y para momentos más reflexivos, en la línea del Winding Refn habitual que en la primera "Pusher" todavía no estaba desarrollado. Es, además, esta obra, la más cruda y bestia de las tres de la colección: hay un momento casi de humor negro que llega a ser puro gore y que deja al espectador bastante en shock, pensando si ha de reírse o llorar, verdaderamente original y conseguido.


Todo está rodado por Winding Refn con una cámara cercana, sucia, nerviosa, que retrata este ambiente oscuro de una forma casi documental y que nos acerca al mundo de la mafia desde una verosimilitud tan escrupulosa que da miedo, sin hacer alardes épicos como otros filmes negros, retratando este ambiente en toda su cutrez espantosa y deshumanizada. Violencia, prostitución, drogas, inmigración, se dan la mano en un retrato de un hombre poderoso que ya está de capa caída tremendamente creíble, que lleva su negocio del crimen como el que lleva un restaurante. "Pusher III: Soy el ángel de la muerte" cierra espléndidamente una trilogía que aventuraba una excelente filmografía.


martes, 9 de enero de 2018

PUSHER II: CON LAS MANOS ENSANGRENTADAS de Nicolas Winding Refn - 2004 - ("Pusher II")


Tonny acaba de salir de la cárcel tras haber pasado allí trece meses y, aunque desea dejar el mundo del crimen, no tiene ni siquiera un lugar en el que caerse muerto. Por ello, se ve obligado a recurrir a su padre, un mafioso de Copenhague experto en el robo de coches para la exportación, para que le de un trabajo. Tonny trata, a pesar de todo, de poner un cierto orden en su vida y de ser una persona normal. Sin embargo, el ambiente violento en el que se mueve no le va a dejar muchas oportunidades...


Tras haber dirigido, después de la primera "Pusher", "Fuera de sí" y "Fear X", en las que se fue curtiendo como autor (y que comentaremos en los próximos meses), Nicolas Winding Refn volvió a su debut para retomar su mundo y rodar dos nuevas entregas en 2004 y en 2005 que lo revitalizasen y lo convirtiesen en una tardía trilogía. En ambas volvemos a encontrarnos a personajes secundarios del filme de 1996 y, en "Pusher II: Con las manos ensangrentadas", a Tonny, que ahora acaba de salir de la cárcel y que trata de buscarse una nueva vida lejos del crimen en la capital danesa. Es cierto que la historia del gangster que trata de redimirse la hemos visto mucho, pero es uno de los temas básicos de la historia del cine negro y siempre va a estar presente en este género de una forma u otra. Es, también, uno de los conflictos humanos más habituales: la lucha por ser una buena persona a pesar de todo. Y también es el sustrato de muchos de los asuntos básicos que el director trataría en posteriores películas. Tonny, interpretado por un genial Mads Mikkelsen (aquí ya mucho mas pulido también como actor), es un joven marcado por el fatalismo, por un ambiente del que es imposible escapar, por la violencia atávica de los bajos fondos en los que se ha movido desde su nacimiento. Con un padre que es un mafioso y recién salido de prisión, tiene pocas opciones para salir adelante y ningún sitio en el que siquiera caerse muerto. Winding Refn deja de lado el ritmo videoclipero de la primera entrega y se centra más en la introspección, que alterna con escenas de acción explosivas y con una violencia potente. Su estilo está ya mucho más perfilado en todos los aspectos.


Hay además en el filme muchos elementos que son ya "marca dela casa" como sus habituales simbolismos, personajes enigmáticos y alejados del maniqueísmo, momentos reflexivos llenos de lirismo, escenas intimistas que suavizan la dureza de todo y que redimen al antihéroe, una fotografía sucia y a la vez bella y un retrato de un Copenhague oscuro y brutal alejado de sus bellos circuitos turísticos. El poético desenlace es una maravilla, el mejor de la trilogía. "Pusher II: Con las manos ensangrentadas" redime a su floja antecesora y prepara el camino para la tercera parte, la más interesante de todas con diferencia. El director de "Drive" sabe tomar errores del pasado como su irregular debut y darle una vuelta de tuerca para aprovecharlos y sacar algo nuevo y bueno.


lunes, 8 de enero de 2018

PUSHER: UN PASEO POR EL ABISMO de Nicolas Winding Refn - 1996 - ("Pusher")


Frank es un camello de poca monta de Copenhague que se ha metido en un buen lío: ha perdido una gran cantidad de dinero que le debía a Milo, su jefe, un mafioso serbio, y no tiene manera de recuperarlo todo en poco tiempo. Desesperado, Frank va a intentar un plan extremadamente arriesgado... Es su última carta si no quiere que le maten.


El danés Nicolas Winding Refn, con sus admiradores y detractores, con sus peliculones y con sus bodrios, se ha ido creando, sin prisa pero sin pausa, una filmografía más que interesante y una voz propia dentro del cine europeo. Sus orígenes fueron titubeantes, pero con el tiempo ha conseguido destacar con obras indiscutibles de autor. "Pusher: Un paseo por el abismo" fue su debut, una película negra "muy de los noventa", influenciada por el cine videoclipero de esa década y por la sombra de directores como Quentin Tarantino. No es su mejor obra, aunque también para algo es la primera. El famoso actor danés Kim Bodnia da vida a un trapichero de poca monta de Copenhague que se mete en un buen lío al perder una gran cantidad de dinero que le tenía que entregar a su jefe mafioso y entabla relaciones complicadas o amistosas con varios personajes en su periplo por recuperarlo (entre ellos, un joven y poco conocido todavía Mads Mikkelsen). Un argumento muy basiquito y mil veces visto y revisto, y un personaje bastante tópico él y los que le rodean. "Pusher" tira a lo bestia de lugares comunes y lo maquilla todo con una estética sucia, de cámara en mano casi documental, muy realista. Es predecible, y tiene muchas escenas que nos sabemos de memoria, y unos caracteres bastante planos. Trata de retratar el submundo criminal de la capital de Dinamarca, pero sin mucha profundidad. El desenlace es flojito, y le deja a uno esperando algo más. Aún así, todo el conjunto es básicamente disfrutable, aunque ha envejecido algo mal. Sí que consigue Winding Refn desarrollar a un protagonista principal que logra sintonizar con los sentimientos del espectador, que es capaz de ponerse en su piel de persona atrapada por un ambiente del que es incapaz de salir y preso de la fatalidad de ser un chivo expiatorio de criminales mucho peores. El director de "Drive" iría, poco a poco, mejorando su estilo, y en 2004 y 2005 respectivamente entregaría las dos tardías secuelas de esta primera película suya para conformar una trilogía sobre los bajos fondos de Copenhague que se haría famosa. Por suerte, estas dos siguientes partes de la saga serían ya bastante mejores.


domingo, 7 de enero de 2018

MUCHOS HIJOS, UN MONO Y UN CASTILLO de Gustavo Salmerón - 2017 - ("Muchos hijos, un mono y un castillo")


Documental del actor Gustavo Salmerón sobre su familia y, especialmente, sobre su madre, Julita, que a causa de la crisis económica pierde el castillo en el que vivía desde hacía años y ha de enfrentarse a una mudanza improvisada y llena de recuerdos de toda su vida.


Seré yo un vinagre o tendré un sentido del humor demasiado particular, pero el otro día, viendo en el cine "Muchos hijos, un mono y un castillo", me sentía totalmente extraño cuando toda la sala se reía a carcajadas y a mi no se me escapaba ni una risita tímida. Sinceramente, no sé qué le ha visto todo el mundo a la película debut en el largometraje del actor Gustavo Salmerón. Críticas excelentes, premios, nominaciones, recomendaciones... Hasta el crítico Carlos Boyero, conocido por haberse creado un personaje impostado agrio y "hater" y famoso por no gustarle nunca casi nada, ha dicho que es una de las películas que más le ha gustado del año que acabamos de terminar. Pos bueno, pos fale. Yo a este remake de "Carmina o revienta" no le he visto la gracia ni el sentido por ninguna parte. El actor graba a su familia durante catorce años y en especial a su madre, Julita, haciendo su vida diaria y, especialmente, enfrascada en una gran mudanza tras haber perdido, a causa de la susodicha crisis económica que hemos padecido la última década, un gran castillo que tenían. La madre del actor, como la de Paco León, es una mujer que está entre dos mundos, que creció con el Franquismo y que siguió creciendo con la Democracia, y que tiene mucha gracia contando sus anécdotas y sus chistes y sus cosas y tal. Y luego todo es un batiburrillo enredado donde esta mujer habla y habla y donde su marido y sus hijos también hacen gracietas y comentarios. No veo un objetivo a la película salvo el de "contar cosas". Hay un poco de crítica a la gente que se endeudó a lo bestia antes de la mencionada crisis, hay un poco de recuerdo de las costumbres idiotas y de la represión de los años de la dictadura, hay un retrato familiar sentido de amor y de sacrificio por los seres queridos, hay pensamientos sobre la pérdida de la fe religiosa... Pero no veo que el conjunto vaya a ninguna parte.


Oigan, que a lo mejor Gustavo Salmerón es que no pretendía ir a sitio alguno, pero qué quieren que les diga: a mi una colección de anécdotas familiares grabadas no me importa lo más mínimo y no me dice nada si no está articulada en torno a algo que pueda ser digno de algún interés. "Carmina o revienta", con la que esta película siempre va a ser comparada por simplemente los paralelismos y los pocos años que hay entre ambas, retrataba un mundo crudo y real, el de la pobreza y el analfabetismo atávico y fatalista de algunas familias españolas, pero "Muchos hijos, un mono y un castillo" no se sabe a dónde va ni de dónde viene. En fin, respetando a quien le haya gustado, a mi me ha parecido un tostón sin gracia y sin sentido y se me ha hecho eterna. No le veo nada a este experimento que no comprendo cómo hace tanto de reír a tanta gente, la verdad.