EL GABINETE DE CINEMAGNIFICUS
miércoles, 19 de junio de 2013
LA MUCHACHA DE LA FÁBRICA DE CERILLAS de Aki Kaurismaki - 1990 - ("Tulitikutentaan tyttö")
Iris lleva una vida monótona y triste en Helsinki. Trabaja muchas horas en una fábrica de cerillas y con su escaso sueldo mantiene a sus padres, que no trabajan ni quieren trabajar y que además en casa la tratan como si fuese su esclava. Por las noches, Iris, que no tiene amigos, sale sola a las discotecas y a los bares soñando con encontrar el amor. Pero Iris no es guapa, y ya no es joven tampoco. Un día, Iris se cansa de todo... Y decide tomar una terrible decisión.
La tercera entrega de la "Trilogía Proletaria" de Aki Kaurismaki se desmarcaba de la línea del relato romántico/social redentor de las dos primeras para mostar una historia social sobre la desilusión total. Esta vez no existe un fondo optimista, ni una visión esperanzadora de la humanidad. Esta vez su personaje principal, por muy digno que es y por mucho que lucha contra sus circunstancias, no puede escapar de ellas, del camino triste que la vida le ha trazado. En un ambiente con algún toque kafkiano pero a la vez profundamente "kaurismakiano" cimentado en el silencio, en el minimalismo costumbrista y en la sobriedad total a la hora de narrar cinematográficamente los acontecimientos se mueve la muchacha de la fábrica de cerillas (soberbia Kati Outinen, una de las actrices fetiche de Aki que aquí entrega uno de los grandes papeles de su carrera), una mujer físicamente no muy agraciada que ya ha llegado a la mediana edad pero que sigue viviendo como una adolescente: con el poco dinero que su trabajo basura le reporta, con unos padres ya viejos, tiranos y desaprensivos (a los que mantiene porque ellos no trabajan ni piensan hacerlo) y saliendo por las noches a ligar, cosa que por cierto no se le da nada bien.
Esta muchacha, a pesar de todo, conserva intacto su sueño de juventud: escapar del mundo deshumanizado en el que vive por medio del amor. Sin embargo, todo son desilusiones, todo son desengaños. Un día, se cansa de todo y toma la decisión más drástica de su vida, una decisión con la que va expresar su desprecio total hacia los que no le han dado nunca una oportunidad y hacia los que se han aprovechado de ella (y no es la que seguramente están pensando, no). Como "Sombras en el paraíso" y "Ariel", el metraje de este filme es de poco más de una hora y diez minutos. Suficiente para que Kaurismaki diseccione a la perfección, con todo lujo de detalles y sin ninguna piedad la sociedad finlandesa de su tiempo. Finaliza con "La muchacha de la fábrica de cerillas" una de las trilogías imprescindibles del último cine europeo. Y con un desenlace desolador como pocos.
martes, 18 de junio de 2013
ARIEL de Aki Kaurismaki - 1988 - ("Ariel")
Taisto Kasurinen es un minero sin trabajo que ha sido acusado de un crimen que no ha cometido. Huyendo de la justicia se enamora de una mujer pluriempleada pobre y con un hijo pequeño y también encuentra a su mejor y único amigo, otro hombre que como él es un proscrito pero que es bondadoso y leal. Taisto quiere, junto a ellos, escapar de Finlandia y empezar una nueva existencia en otro país. Las cosas no van a ser nada fáciles.
En la segunda entrega de su "Trilogía Proletaria", Aki Kaurismaki aborda dos asuntos que no abordó en la primera, "Sombras en el paraíso", ni tampoco en la tercera, "La muchacha de la fábrica de cerillas"; la violencia oculta de la sociedad finlandesa y la emigración en busca de un futuro más prometedor. Las bases de "Ariel" son similares a las de la mencionada primera entrega del tríptico obrero del director. Básicamente, ambas son historias de amor y redención en los brazos de un ser similar, es decir, marginal, anodino y fracasado pero que, como todos los de Kaurismaki, se enfrenta a su destino con una dignidad humanísima para intentar cambiarlo. Aquí, sumergidos en una espiral de crimen, corrupción y brutalidad, los dos amantes intentan cambiar la dirección que una vida sin oportunidades en una sociedad deshumanizada quiere imponerles; quieren huir de una Finlandia que ya no les quiere para escribir en una página en blanco en una nueva tierra, en una nueva ciudad. Además, a la pareja la acompaña un amigo inesperado que, por supuesto, es también un ser marginal.
Kaurismaki, apoyándose en ciertos homenajes al cine negro clásico, narra en "Ariel" una fascinante trama de corrupción y de decepción pero también de amor y de amistad: sólo los sentimientos verdaderos y sinceros pueden salvar a los protagonistas de una sociedad podrida. El estilo vuelve a ser el mismo, el que siempre será ya: el de los diálogos escuetos y los largos silencios, el de las acciones pausadas y los planos extensos, el de la sobriedad intimista total en beneficio de una buena historia, una historia social abierta a la esperanza y con un precioso desenlace.
lunes, 17 de junio de 2013
SOMBRAS EN EL PARAÍSO de Aki Kaurismaki - 1986 - ("Varjoja Paratiisissa")
Un día cualquiera en Helsinki se encuentran dos seres tristes y necesitados de afecto: Nikander, un basurero, e Ilona, una cajera de supermercado. Se conocen y traban amistad. Muy pronto, surge el amor, una isla en el mar de la monotonía de sus vidas de trabajadores precarios, vidas de sueños rotos. ¿Podrán conservar este amor o sus problemas económicos los acabarán separando?
"Sombras en el paraíso" es la primera entrega de la imprescindible "Trilogía Proletaria" de Aki Kaurismaki, película que tras el debut del director (su versión de "Crimen y castigo") y la más experimental "Calamari Union" instauraba plenamente el "Estilo Kaurismaki": simpleza expositiva máxima, planos en general poco cercanos, diálogos breves y parcos (pero muy inteligentes), acciones cortas y directas (pero cargadas de significado), momentos casi minimalistas y, a pesar de todo esto, una gran capacidad para llegar al espectador gracias a un dramatismo justo pero sin efectismos y a un humor extremadamente irónico. El contexto, el que a partir de ahora ya se repetiría en casi todas las demás películas del director: la Finlandia obrera de los pobres y los mediocres, poblada por personajes tan perdidos como entrañables. Como las dos películas que le seguirían "Sombras en el paraíso" muestra un pedazo de la triste realidad social de la Finlandia de su momento, la Finlandia admirada en el exterior como parte de esa Escandinavia que surgía imparable del subdesarrollo de principios de siglo pero que seguía siendo una Escandinavia de trabajos basura, de explotación, de desencanto y de deshumanización.
Con un mensaje esperanzador a pesar del patetismo de su historia, Kaurismaki expone el encuentro de dos seres marginales de las calles de Helsinki (soberbios en su química Matti Pellonpää y Kati Outinen, dos de los habituales del director), ambos hastiados de sus vidas tristes de sueños olvidados, ambos deseosos de una oportunidad para, por lo menos, refugiarse del mundo exterior en los brazos del amor. En apenas 76 minutos, el gran cineasta finlandés desarrolla una de las mejores tragicomedias europeas de su tiempo (como la segunda entrega, pues la tercera ya es un puro drama) en su inimitable estilo sobrio y preciso, de apasionante sencillez y planos pausados y silenciosos y con sus habituales y antes mencionados personajes desheredados en un ambiente deshumanizado, personajes tiernos y dignísimos que no se rinden ante las adversidades por muy crueles que sean. Dos años después del estreno de esta película, saldría a la luz "Ariel" y, un año después de ella, lo haría "La muchacha de la fábrica de cerillas", que dejaría cerrada una de las trilogías imprescindibles de la historia del cine europeo.
viernes, 14 de junio de 2013
ANNA KARENINA de Joe Wright - 2012 - ("Anna Karenina")
Rusia. Siglo XIX. La bella Anna Karenina, casada con el alto cargo del gobierno Alexei Karenin, se enamora locamente del conde Vronsky, un hombre apuesto y seductor con el que inicia una relación a pesar de su matrimonio y por el que lo abandona todo. La vida de Anna se va a transformar en un infierno y toda la alta sociedad que la rodea va a crucificarla; también la de Alexei va a cambiar para siempre y la de otros seres cercanos a ambos.
La última película de Joe Wright es la más ambiciosa hasta este momento de su todavía corta filmografía y es, desde mi punto de vista, la peor de todas. "Anna Karenina" de 2012 es peor que otras adaptaciones anteriores de la obra homónima del gran escritor ruso Lev Tólstoi y, aunque visualmente tiene un poderío apabullante, narrativamente es dispersa, adolece de un buen montaje y sus actores aparecen bastante perdidos, no sé si por torpeza de ellos o del propio Wright a la hora de dirigirlos. A causa de esto, el mensaje de la novela original aparece completamente difuminado, desperdigado por aquí y por allí en un popurrí de escenas que aburren al espectador. Como he dicho, esta "Anna Karenina" despliega una visualidad muy novedosa y por momentos apabullante, basada en una fotografía preciosa y esplendorosa y, sobre todo, en el hecho de que casi todas las escenas se desarrollan en los alrededores de un mismo escenario teatral: Wright ha querido, consciéntemente, ensalzar esta atmósfera teatral (valga la redundancia) y ha dirigido pasajes verdaderamente bellos. Sin embargo, aquí se quedan todas las buenas cosas de esta película llena de altibajos.
La narrativa de "Anna Karenina" de Joe Wright salta de un lado a otro sin mucho sentido demasiadas veces y sin conectar bien entre sí a las escenas. Los personajes evolucionan así a trompicones y la acción también; todo se mueve de forma abrupta y el sopor causado por la pérdida de interés no tarda en llegar. Tampoco, y es extraño porque son dos actores excelentes, hay química entre la pareja protagonista que conforman Keira Knightley y Jude Law como para mantener a la película en alza, y los secundarios igualmente no dicen mucho en ningún momento. Y finalmente, el mensaje original de la obra de Tólstoi aparece borroso, especialmente en lo que acontece al personaje de Lyovin, que ha sido visto como un trasunto del propio autor, que abandonó su vida de riqueza e hipocresía social para vivir con los campesinos y que comprime la crítica social a la Rusia de su momento que el escritor lanzó en su novela. "Anna Karenina" de 2012 es una película decepcionante, bellísima pero desequilibradísima y por ello finalmente muy fallida. Primer patinazo de Joe Wright.
miércoles, 12 de junio de 2013
ZELIG de Woody Allen - 1983 - ("Zelig")
Documental sobre la vida de Leonard Zelig, el "hombre camaleón" que se hizo famoso en los años veinte gracias a su cualidad sobrenatural para cambiar su aspecto según el medio en el que se moviese y que fue testigo y también colaborador directo de gran parte de la historia de los USA del siglo XX.
"Zelig" es una de las obras más personales y perfectas y también insólitas e irrepetibles de la filmografía de Woody Allen, que se sacó de la manga un falso documental sobre un hombre camaleón (por supuesto interpretado por él mismo) para diseccionar en profundidad numerosos asuntos de la sociedad de su momento y de hoy en día y de su pensamiento. "Zelig" narra en el referido tono documental la vida de Leonard Zelig, un hombre que "llegó a ser famoso en los años veinte del pasado siglo" y que se caracterizaba por su capacidad para cambiar su apariencia de forma sobrenatural según el medio en el que se encontrase en cada momento. Utilizando falsas imágenes "de archivo" (con unos efectos especiales por cierto igual de buenos que los que once años después se emplearon para "Forrest Gump"), con una conseguidísima ambientación "de película vieja" y con un montaje prodigioso (a ritmo de jazz, por supuesto), Allen sigue la carrera de este ser insólito desde los felices y mencionados años veinte hasta finales de los años sesenta pasando por la Gran Depresión o la Segunda Guerra Mundial desplegando, con un humor satírico sin concesiones y a la vez con un sentido del drama desgarrador, un inteligente y lúcido ensayo cinematográfico sobre la personalidad y la identidad (o su búsqueda o las confusiones que provoca).
Sin embargo, si por algo destaca "Zelig" es por ser uno de los compendios de temas humanos más amplios vistos en mucho tiempo (y en apenas 79 minutos) y por contar con una de las críticas sociales más mordaces, duras, tristes y a la vez divertidas de la historia del cine. Porque Woody Allen no se deja nada en el tintero sin su correspondiente disparo a la cabeza: los totalitarismos, la corrupción, el culto al líder, el relativismo moral, la religión, la represión sexual y sentimental o las modas estúpidas (el alienante y "dirigido" Baile del Camaleón, igual de imbécil que cualquier "baile del verano", constituye una de las escenas más desternillantes de su filmografía). Y surcándolo todo, como he señalado, una disgresión sincera y cruda sobre la personalidad y también finalmente sobre el sentido de la vida y sobre su sentido en un mundo tan complejo y violento como el nuestro. "Zelig" está perfectamente al nivel de "Annie Hall", "Manhattan", "La Rosa Púrpura de El Cairo", "Hahnnah y sus hermanas" y de las grandes obras del autor neoyorkino. Una obra maestra sin discusión.
lunes, 10 de junio de 2013
LA DAMA Y EL VAGABUNDO de Clyde Geronimi, Wilfred Jackson y Hamilton Luske - 1955 - ("Lady and the Tramp")
La perrita Reina vive feliz con sus dueños, que la tratan como si fuese su propia hija. Su vida, sin embargo, cambia cuando conoce por casualidad en la calle a Golfo, un perro paria que va de juerga en juerga y de flor en flor. En un principio, Reina no se fía de él. Pero las cosas pueden cambiar y nadie es nunca quien parece ser...
La primera película de los estudios de Walt Disney estrenada en Cinemascope fue "La Dama y el Vagabundo", otro de sus grandes éxitos y, como casi todos los filmes anteriores de la compañía y como tantos otros posteriores, un filme que transmite unas ideas en general ambiguas y hasta contradictorias, lo que no quita que también contenga una fantástica historia de amor y de aventuras. La cinta cuenta el idilio entre una perrita de la "clase alta" (de raza y pedigrí) con un perro callejero que a pesar de venir de la "clase baja" es valiente, honrado y bondadoso. En "La Dama y el Vagabundo" tenemos por un lado un mensaje claramente anti-clasista en el que se destacan los valores humanos de cada persona independientemente de su extracción social (en 1955 es algo loable, y más en los USA, y más en una película de dibujos animados) y, por otro, el mensaje a favor del respeto a los animales y del buen trato hacia ellos que ya se había visto en otras películas como "Dumbo" y que tendría su culmen en la posterior "101 Dálmatas". Estos mensajes contrastan sin embargo de forma violenta con el hecho de que la película es una apología (otra más) del estudio de Walt del "sentar la cabeza" y del integrarse en la sociedad a toda costa: Golfo es como su nombre indica "un golfo", un aventurero callejero amante de las juergas, de las malas compañías y de estar de flor en flor; seducido por el amor de Reina (una dama remilgada y pija, todo sea dicho), acabará casándose y teniendo hijos y viviendo en la escala social más alta.
Esta mencionada "apología de la normalidad" tiene su cúlmen en la escena de la perrera, bastante dura y cruel para estar dirigida a niños, en la que Reina descubre que "los perros malos" que acaban encerrados en estos lugares tenebrosos son los perros "de la mala vida", especialmente representados en tres caracteres que lo dicen todo: uno que sugiere el de una prostituta, otro que sugiere el de un mexicano y otro que sugiere el de un comunista. Y aunque la cosa se suaviza porque se da a entender que estos perros escaparán finalmente de su particular "corredor de la muerte" (uno de ellos está haciendo un agujero para que se fuguen), también se da a entender a los niños que si no se portan bien acabarán como ellos (y aquí tenemos otro mensaje terrorífico del estilo de la pesadillesca "Pinocho").
Este choque tan ambiguo y casi radical de mensajes hace de "La Dama y el Vagabundo" una película cuanto menos curiosa y casi extraña en lo ideológico. No impide, sin embargo, que la cinta sea una maravilla de la animación, que equilibre a la perfección el romance, la aventura y el humor, que contenga personajes entrañables como los protagonistas o los geniales vecinos de Reina (preciosa apología de la amistad a toda costa, también hay que señalar esto como muy positivo) y que guarda escenas que hoy ya son míticas como la cena romántica o su emocionante desenlace.
domingo, 9 de junio de 2013
NINJA ASSASSIN de James McTeigue - 2009 - ("Ninja Assassin")
El joven Raizo es uno de los asesinos más letales del mundo y una de las piezas más valiosas del Clan Ozunu, una sociedad oriental misteriosa cuya existencia no ha sido probada y que se dedica a cometer despiadados crímenes en la sombra a lo largo de todo el planeta. Raizo, sin embargo, va a volverse contra sus jefes cuando un ser muy querido sea asesinado por ellos... En Berlín, se unirá a agentes de la Europol para desbaratar su monstruosa organización y vengarse.
"Ninja Assassin" fue un intento de los Hermanos Wachowski de producir un homenaje al cine clásico de artes marciales al estilo del "Kill Bill" de Tarantino que pasó sin pena ni gloria por las salas en 2009 y que, dirigida por su "pupilo" James McTeigue, es una película mala, pero muy mala. El protagonista es el cantante, bailarín y actor surcoreano Rain, y la película tiene unas coreografías muy cuidadas y un toque gore muy bruto y bestia "entrañable" y, además, una total falta de pretensiones más allá de ser el homenaje desprejuiciado que pretende ser. Sin embargo, esta falta de pretensiones no la salva: dejando a un lado la graciosa introducción (un bonito festival gore para los fans del género, a los que la película también va dirigida), "Ninja Assassin" es una insulsa cadena de montaje de los topicazos más gruesos sin salsa y sin nada novedoso que aportar y que además ni siquiera se regodea en sus propios tópicos con el mínimo cachondeo exigible a los filmes de esta suerte de "género" nostálgico que desde hace unos años está tan de moda (como sí que ocurre por ejemplo en películas paródicas-homenajes como la mencionada "Kill Bill", "Grindhouse", "Machete" o las dos entregas de "Los Mercenarios" de Stallone).
La trama de la película es lineal y sin sorpresas y extremadamente predecible, las escenas de acción a pesar de estar bien rodadas son sosas y reiterativas, los personajes son meros cartones y no es que estén muy bien interpretados (para lo que hay bastante que hacen los actores) y, sobre todo, los diálogos son de pena, de pura pena de lo estúpidos y tontorrones que son. McTeigue dirige con solvencia y punto y los efectos especiales son buenos (qué menos, por otra parte). "Ninja Assassin" demuestra que incluso para hacer un homenaje desprejuiciado a los géneros más desprejuiciados (valga la redundancia) de todos hay que tener un mínimo de buen hacer. Un mínimo.
lunes, 3 de junio de 2013
SPARTACUS de Steven S. DeKnight - De 2010 a 2013 - ("Spartacus")
El guerrero tracio Espartaco es traicionado por los romanos, supuestos aliados de su pueblo en la lucha contra los salvajes dacios, y es vendido como esclavo a la escuela de gladiadores de Batiatus en Capua. Allí se convierte, luchando por su vida, en una de las estrellas del circo de la ciudad. Sin embargo, Espartaco no piensa ser siempre un gladiador y empieza a forjar en secreto una rebelión junto a sus compañeros. Se le unen galos, celtas, germanos... Los orgullosos romanos no se imaginan que están a punto de ser puestos contra las cuerdas por el que va a ser uno de sus enemigos más peligrosos y legendarios.
Steven S. DeKnight ha trabajado en las series "Smalville", "Buffy Cazavampiros", "Angel" y "Dollhouse" y ha creado la serie "Spartacus" para el canal Starz.
La han acusado de querer aprovecharse del tirón de la película "300" (como si fuese algo negativo) y del morbo gratuito y descarado de sus numerosísimas escenas de sexo y también de ser históricamente muy dudosa (como lo son casi todas las películas y series históricas en mayor o en menor medida), pero lo cierto es que la exitosa serie "Spartacus" es, a pesar de contar con una segunda temporada algo reiterativa y con una tercera bastante mala (por suerte se recupera en la cuarta), una divertida, interesante y novedosa nueva aproximación a la historia del esclavo rebelde que acojonó a los romanos como nadie lo hacía desde los tiempos de los cartagineses de Aníbal Barca. Es divertida porque contiene acción a raudales, es interesante porque combina bien la aventura con las batallas y con las conspiraciones palaciegas tan habituales en la Antigua Roma y es novedosa porque no se corta un pelo en crudeza y en sexualidad (incluso supera a otras series también bastante cruentas y recientes como "Roma"). Es cierto que sus escenas de acción suelen ser calcadas unas de otras (hay momentos en los que las coreografías se repiten descaradamente) y que se abusa de la cámara lenta y de la sangre explosiva, y es cierto que con el sexo a veces también se pasa tres pueblos en lo que a abuso se refiere (a veces ya es hasta cómico que haya personas follando en las gradas del coliseo -como un amigo historiador me dijo: "hasta los romanos tenían un límite"-) y es cierto que se toma muchas licencias históricas (faltan batallas, hay hechos muy modificados y personajes poco creíbles como el de Julio César), pero como serie de aventuras, acción, romance y épica lucha por la libertad, "Spartacus", que se ha cerrado este año con notable éxito a pesar de los numerosos problemas que ha tenido (el principal, la triste muerte de cáncer de su joven protagonista, Andy Whitfield, que tuvo que ser sustituído a mitad de la serie por Liam McIntyre con todo el peligro que eso tenía para la audiencia), cumple, y mucho.
"Spartacus. Sangre y arena" es la primera y la mejor temporada de la colección. En ella se narra cómo Spartacus, un guerrero tracio, es esclavizado por Roma y convertido en gladiador y cómo, cansado de sus amos romanos, planea su famosa revuelta junto a sus compañeros. La temporada equilibra a la perfección el drama con el romance (el de diversos personajes) y con el retrato de la ambición desmedida de Batiatus, el amo de Espartaco y el mejor personaje de esta temporada y su malo malísimo, personaje que representa todo lo terrible, sucio y ratero que tenía la Roma de aquellos tiempos, obsesionada por el triunfo social y por el poder a toda costa. Absolutamente todos los protagonistas y secundarios son interesantes: el malogrado Andy Whitfield borda a un Espartaco que se come la pantalla y que supura liderazgo por los cuatro costados, Manu Bennet clava al desesperado Crixus (némesis de Espartaco pero a la vez némesis unida a él por el honor y la futura amistad), Peter Mensah hace lo propio con el jefe de gladiadores que "acepta" su esclavitud como algo casi natural y que cambia su forma de pensar gracias al protagonista, Jai Courtney es la comparsa perfecta para el protagonista como el fiel Varro, Nick Tarabay y Viva Bianca exudan perfidia como las traidoras serpientes Ashur e Illithya, la mítica Lucy Lawless se mueve con maestría entre la tristeza y la maldad y Lesley-Ann Brandt y Katrina Law son los perfectos intereses amorosos de Espartaco y Crixus (posteriormente, sus personajes adquieren más independencia). Secundarios como Glaber (villano de la tercera temporada), la novia tracia del protagonista Sura, el germano Agron (que cobra también protagonismo en la tercera época de la serie) o Barca y su amante Pietros cumplen, aunque están ya algo menos aprovechados (sobre todo los dos últimos, que daban mucho más juego del que dieron).
Sin embargo, como he comentado, el mejor personaje de la temporada es sin ningusíma duda el Batiatus al que da vida John Hahnnah: un villano ambiguo, cruel, interesado, maquiavélico y sin escrúpulos pero también patético, acomplejado, triste y débil. Es el caracter más redondo y, además, Hahnnah lo interpreta con un humor y con un carisma apabullantes. Lástima que este hombre, un actorazo con todas las letras, esté tan confinado habitualmente en papeles menores o de secundario cómico. "Spartacus. Sangre y arena" tiene ritmo, es interesante desde el primer al último capítulo por lo bien que están llevadas las relaciones personales que se dan en la escuela de gladiadores y cuadra perfectamente el retrato de estas relaciones con las escenas de acción. Dos capítulos resultan especialmente geniales: el que enfrenta a Espartaco a Crixus al brutal Theocles (espectacular) y el que cierra la temporada, el esperado baño de sangre romana (todavía más espectacular).
"Spartacus. Dioses de la arena" es la segunda temporada de la serie y sólo tiene seis capítulos. Desgraciadamente, Andy Whitfield no pudo seguir en la producción al detectársele un cáncer. Murió el 11 de septiembre de 2011 con tan sólo 39 años. Esta segunda temporada se realizó para ganar tiempo mientras el actor se sometía a su agresivo tratamiento (cuando se pensaba que podría volver a su papel y que no fallecería) y se trató de una precuela de lo acontecido en la Casa Batiatus antes de la llegada de Espartaco. Repiten la mayor parte de los personajes de la primera y se le suman nuevos entre los que destaca especialmente Gannicus, el mejor de todos los gladiadores de la serie que, interpretado por Dustin Clare, va ganando peso poco a poco hasta convertirse, en la tercera y en la cuarta sobre todo, en uno de los personajes más interesantes y con más fondo (aunque en un principio parezca frívolo y tontorrón termina siendo todo lo contrario). Otros importantes pero que no irían más allá de este segmento de la historia son el padre de Batiatus, la amiga de Lucretia llamada Gaia, el amante griego de Barca o Melitta, la mujer del Doctore Oneomaus, que es el otro personaje más desarrollado junto con Gannicus. El problema de "Dioses de la arena" es que resulta algo repetitiva, incluso contando con sólo seis capítulos. Las conspiraciones de los romanos empiezan a aburrir y los combates de gladiadores, aunque igual de espectaculares, también resultan reiterativos. Queda también la sensación de que sólo sirve para presentar a Gannicus, futuro carácter principal de la serie, y de que las dosis de sexo se han doblado (porque el sexo se pasa aquí de gratuito, más que en el resto de las temporadas) sólo para no perder audiencia. Sin embargo, se puede perdonar debido a las circunstancias y esencialmente resulta entretenida.
"Spartacus. Venganza" es la tercera temporada y la más floja de todas. Aquí tenemos ya a los esclavos plenamente enfrentados a los romanos y conformando cada vez un ejército más grande y potente. El problema de toda esta temporada es lo lineal y reiterativa que resulta en sus dos líneas argumentales. La primera, la de los esclavos rebeldes, consiste en escaramuzas casi constantes contra sus antiguos amos que apenas se interrumpen por el rescate de Naevia de las minas y el asalto al coliseo de los capítulos centrales. La segunda, la de los mencionados romanos, sigue la línea de constantes conspiraciones de las dos temporadas anteriores pero resulta ya cansina por su falta total de novedades y porque se basa casi exclusivamente en dar vueltas a la misma trama una y otra vez. El personaje de Lucrecia, "resucitado" de mala manera y de forma bastante increíble, no para de marear la perdiz con la pérfida Illithya, con el traidor Ashur y con el antagonista Glaber en un juego que aburre ya bastante. Por otra parte, el nuevo Espartaco, Liam McInthyre, aunque en la siguiente temporada se moverá como pez en el agua en su papel, aquí no termina de convencer todavía y se ve a veces falto de la fuerza que tenía el tristemente fallecido Andy Whitfield. Tampoco Glaber, interpretado por Craig Parker, resulta interesante como villano y queda completamente eclipsado por el inolvidable Batiatus (personaje al que se echa muchísimo de menos) y también por sus sucesores Craso y Julio César.
Los secundarios de "Spartacus. Venganza" tampoco tienen demasiada fuerza: la nueva novia de Espartaco, Mira, no tiene la profundidad que se esperaba de ella; la pareja conformada por Agron y Nasir no tiene la importancia que tenía la de Barca y Pietros (aunque ganarán en la cuarta temporada); Aurelia, la mujer de Varro, es despachada rápidamente y no queda bien cerrada; Varinus, Seppius y Seppia no resultan interesantes como conspiradores romanos, y Naevia, interpretada ahora por Cynthia Addai-Robinson tras el abandono de la serie de Lesley Ann-Bradnt, está estancada hasta casi el último capítulo, en el que además se quitan de encima de forma precipitada y algo chapucera a nada más y nada menos que cinco personajes cuyas muertes apenas hay tiempo de asimilar: Mira, Ashur, Glaber, Illithya y Lucrecia. Sólo la de Oneomaus está bien justificada y sólo un personaje tiene verdadero interés en este segmento de la serie: Gannicus, que se muestra como el caracter más interesante y con el mejor conflicto interior, muy por encima de unos Espartaco y Crixus algo perdidos. Por suerte, la cosa mejora en la última temporada.
"Spartacus. La guerra de los condenados" ha cerrado la serie este año y, por suerte, ha sabido levantar el listón que había quedado por los suelos con la pesada tercera temporada. Se pone toda la carne en el asador para finalizar la historia y se escoge a dos villanos de altura que están al mismo nivel que el gran Batiatus: Craso (el que hombre que en la historia real derrotó a Espartaco) y Julio César. Interpretados por unos excelentes Simon Merrells y Todd Lasance, son aterradores, soberbios, crueles y traicioneros y no dudan en vender a los suyos propios para conseguir sus objetivos: son el retrato perfecto del romano enfermo de ambición de la época que logra grandes hazañas a causa de su falta de escrúpulos y que a causa de esto también acaba bastante mal (sabemos cómo acabaron ambos, mucho peor que Espartaco). El hijo de Craso, Christian Antidormi, es la comparsa perfecta de los dos, igual de pérfido que ellos pero mucho más joven, inexperto y creído de sí mismo, mientras que la esclava del mismo Craso, Kore (Jenna Lind) pone a su amo en un dilema moral terrible incluso para un hombre inflexible como él. También Liam McInthyre se encuentra ya plenamente en la piel del protagonista y su química con Craso funciona a la perfección. Mientras, Crixus y Naevia conforman una pareja perfecta con dudas muy interesantes sobre su odio a los romanos que les enfrentan a Espartaco, Gannicus sigue en su línea de personaje atormentado e inteligente y razonable, Agron y Nasir ganan protagonismo y secundarios como Saxa, Sybil, Nemestes o Lugo les acompañan bien a todos, así como la romana Laeta, que interpretada por Anna Hutchinson crea un más que interesante nuevo interés amoroso para el héroe.
Hacen de esta temporada una temporada excelente además el hecho de que los esclavos rebeldes alcancen una profundidad inesperada al enfrentarse al dilema de la venganza sangrienta, ya que, esquivando el maniqueísmo, la serie plantea el hecho de que no todos los romanos eran crueles y viles con sus esclavos (y fue cierto, hubo grandes amistades entre amos y esclavos, y muchísimos esclavos fueron liberados y obtuvieron la ciudadanía -hubo emperadores incluso que fueron hijos de libertos-). Ponen la guinda unas batallas muy espectaculares y muy numerosas (aún con el apoyo de los efectos especiales), unos escenarios más variados, una pérdida de peso del sexo a todas horas en la trama y un combate final entre Espartaco y Craso que pone los pelos de punta. Sí que se echa de menos un desenlace menos brusco, ya que la historia acaba de manera un tanto precipitada y, sobre todo, los personajes de Craso y Julio César se quedan abiertos (eché de menos, por ejemplo, un epílogo que mostrase lo mal que ambos acabaron -el primero muerto en batalla por subestimar a sus enemigos, los brutales partos, que le dieron una sangrienta lección, y el segundo asesinado por sus propios amigos- y cómo la historia puso en su sitio a Espartaco y le convirtió en un símbolo de la lucha por la libertad). Pero bueno, no se puede tener todo y la verdad es que, contra todo pronóstico, la serie se ha cerrado con una muy pero que muy destacada temporada.
domingo, 2 de junio de 2013
UNA HISTORIA DIFERENTE de Danny Boyle - 1997 - ("A life less ordinary")
O'Reilly y Jackson son dos ángeles que han recibido una nueva misión de Gabriel, su jefe del Cielo: bajar a la Tierra y ayudar a que una pareja conformada por un secuestrador torpe y chapucero y una niña mimada secuestrada por él se enamoren. La misión no va a ser nada fácil aunque parezca lo contrario: el secuestrador es un palurdo, la chica es insoportable y encima los persiguen individuos todavía más delirantes.
"Una historia diferente" es una de las películas digamos "pequeñas" de Danny Boyle y una de las que más han sido olvidadas con el paso del tiempo de su irregular filmografía. Después de un clásico como "Trainspotting" es cierto que una película más simple en todos los aspectos suele o pasar desapercibida o ser duramente criticada: ésta fue la que pasó más o menos desapercibida y fue ya la posterior "La playa" la que fue duramente criticada (y con razón en parte). "Una historia diferente" es una comedia romántica que se mezcla alegremente con la road-movie, con el humor negro del thriller y con el surrealismo fantástico del cuento de hadas clásico. Hay un secuestrador torpe y patán, una niñita remilgada, un maloso encabronado y unos ángeles del estilo de Cupido muy torpes que han bajado del Cielo para enamorar a la pareja que van a conformar el secuestrador y la niñita remilgada. Sí, como lo oyen: la cinta es un delirio en el que se mezclan desprejuiciadamente toda clase de elementos y básicamente se puede decir que es una suerte de cuento de hadas moderno que recuerda a ciertas películas de Frank Capra. La trama es simple y directa, y aunque es predecible y no tiene grandes sorpresas, cuenta con unos diálogos muy ingeniosos y con muchas escenas verdaderamente divertidas. Los personajes ayudan también: son entrañables y están interpretados por un plantel actoral muy destacado; Ewan McGregor, Cameron Diaz, Ian Holm, Dan Hedaya y sobre todo Holly Hunter y Delroy Lindo (la pareja de ángeles chapuceros) están muy pero que muy bien. "Una historia diferente" es una comedia ligera, simpática y efectiva en esta falta de pretensiones. Un soplo de divertimento en la filmografía de su director.
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Danny Boyle
jueves, 30 de mayo de 2013
EN LA CUERDA FLOJA de James Mangold - 2005 - ("Walk the line")
1968. La estrella de la música Johnny Cash se prepara para salir a tocar en exclusiva ante los presos de la Cárcel de Folsom, en California. Johnny ha alcanzado la fama y el reconocimiento y ha sido por sus geniales dotes para componer grandes canciones y por sus crudas letras. Sin embargo, Johnny tiene traumas que le persiguen: una infancia desgraciada, un padre alcohólico, la muerte de un hermano y numerosos problemas familiares y amorosos le hicieron caer en la adicción a las drogas. Johnny recuerda, antes de salir a tocar, lo que ha sido su vida... Y recuerda en especial lo que ha sido su complicada relación con la cantante June Carter.
El biopic es un género difícil, sobre todo porque está demasiadas veces acotado, casi exclusivamente, a los interesados en la vida del personaje que trata en cuestión. Sin embargo, hay algunos, unos pocos, que consiguen captar a toda clase de público ya sea por el carisma de su actor o actriz principal o porque trata asuntos lo suficientemente universales para conseguirlo. "En la cuerda floja" del irregular James Mangold es un biopic excelente al que se le pueden achacar pocos puntos negros y se trata sin ninguna duda de una de las mejores películas del mencionado director. Narra la vida del gran músico Johnny Cash basándose en su atobiografía y en el libro "The man in black", vida que resume perfectamente todo un periodo no sólo de la historia de la música norteamericana, sino de la historia del propio país: el tiempo de la primera rebeldía, de los primeros coqueteos públicos serios con las drogas y de los cambios sociales más importantes de las últimas décadas (la ruptura con la sociedad puritana de ese momento para buscar la libertad de expresión, de experimentación, artística, amorosa o sexual entre otras) y, también, el tiempo del descubrimiento del fracaso de las drogas (del alcohol pero sobre todo de las no permitidas legalmente) como medio de liberación, drogas que sumergirían en una pesadilla interminable no sólo a Cash sino a miles de músicos legendarios que le seguirían.
James Mangold narra con pulso y siempre manteniendo el interés la historia del legendario maestro de la música y equilibrando a la perfección el humor, el romance y el retrato social y también el retrato de la mencionada pesadilla de la adicción a las drogas y el del "fracaso dentro del éxito" de una persona que llega a la fama y al reconocimiento lleno de traumas y de dudas. La ambientación es excelente y muy rica, y los guiños a otros grandes del momento como Roy Orbison, Jerry Lee Lewis o Elvis Presley son acertados. Pero sobre todo, la película brilla con su pareja protagonista, unos fascinantes Joaquín Phoenix y Reese Whiterspoon que cantan sus números sin hacer "playback" y que despliegan una química soberbia que pone los pelos de punta y que se come la pantalla. "En la cuerda floja" es un biopic excelente y, aunque es verdad que cuenta (como casi todos los biopics) lo que le interesa (al parecer, se han dejado por ahí el hecho de que Cash era muy violento, de que causó destrozos irreparables en algún local o paraje natural, de que tenía momentos de un divismo insoportable o de que dejaba al público plantado habitualmente en su peor época) se me antoja como uno de los mejores de su género de los últimos años.
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