Porco Rosso

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viernes, 22 de julio de 2016

MI TÍO de Jacques Tati - 1958 - ("Mon oncle")


El Señor Hulot es un hombre bohemio y feliz que disfruta la vida día a día pero que no tiene trabajo. Su cuñado, un rico hombre de negocios con una gran casa, le encuentra uno en una fábrica en la que tiene enchufe. El Señor Hulot va a desatar el caos más absoluto. Mientras, a la vez que es visto por su familia como la oveja negra, es adorado por su sobrino, que sólo quiere salir con él y que se aburre mortalmente con sus hipócritas padres, que viven para aparentar riqueza y esnobismo.


"Mi tío" es la película más perfecta de la por desgracia muy corta filmografía de Jacques Tati y la más efectiva en todos los aspectos. Detrás de un humor aparentemente cándido y bienintencionado se esconde una de las críticas más brutales de su momento a la burguesía y a su postureo y al inhumano mundo mecanizado y superindustrial y megatecnológico que estaba por llegar. El genio de la comedia francés sigue practicando su "democracia del gag", la que ya mostró plenamente en "Las vacaciones del Señor Hulot", y retoma a aquel mismo Señor Hulot, valga la redundancia, que ahora ha vuelto de aquellas vacaciones en la costa y que trata de adaptarse como puede a la vida delirante en la gran ciudad en una gran ciudad que cada vez va perdiendo más su idiosincracia particular y única a favor de grandes bloques de cemento y cristal (y esta ciudad es nada más y nada menos que París). La película gira alrededor del absurdo chalet que la hermana de Hulot y su marido poseen, un lugar moderno, de diseño delirante y feo de cojones (perdonen la expresión) en donde este matrimonio se dedica a aparentar riqueza y buenas maneras y a dar fiestas tontas con gente tonta mientras su hijo pequeño se aburre mortalmente y sólo quiere salir con su tío, el bohemio de la familia, la oveja negra. Hulot, que por el contrario vive en un corralón de vecinos, en un pequeño cuarto, es feliz pero pobre y necesita un trabajo, y su cuñado se lo proporciona tirando de enchufes... Se imaginan lo que ocurre en este trabajo, que además está localizado en una fábrica con métodos que nada tienen que envidiar a los de las fábricas del Charles Chaplin de "Tiempos modernos". El Señor Hulot es la contraposición y la salvación de su horrenda familia: es sencillo, es tranquilo, es divertido, es juerguista, es alegre porque sí, y sabe divertirse y le importa un pito el quedar bien o mal con los que le rodean. Su sobrino le adora mientras siente un gran hastío por sus padres.


Jaques Tati se pone las botas y destripa sin piedad a un mundo en el que sólo cuenta el aparentar lo que uno no es, donde la hipocresía campa a sus anchas y donde la persecución del dinero y del producir y consumir sin parar han tomado la vida de las personas. Se pone en la picota a la mecanización, a la frialdad de un lugar donde nadie se conoce, a la arquitectura helada que transmite estos sentimientos tristes y al capitalismo salvaje que sólo busca el beneficio. "Mi tío" cuenta con escenas inolvidables: Tati se arma de valor y rueda, en planos lejanos, gags corales donde cada actor y actriz es totalmente independiente y donde todos interactuan con sus escenarios futuristas de diseño e irónicamente muy incómodos y nada funcionales (jamás olvidaré esa aberrante fuente con forma de pez, esos sillones en los que no se puede sentar nadie o ese jardín con losetas absolutamente estúpidas). Rodada en un precioso color y con una entrañable banda sonora, "Mi tío" fue un gran éxito y fue considerada una gran película y permitió a Tati rodar su obra más ambiciosa: "Playtime". Menos mal que Jacques Tati no vivió nuestros tiempos de redes sociales que no comunican a las personas, teléfonos móviles tiránicos, tecnología absurda y cazadores urbanos de Pokemons que sólo salen a la calle para eso mismo. Si se levantara hoy, se volvería a acostar de seguro.


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