Porco Rosso

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martes, 5 de abril de 2016

CITADEL de Ciaran Foy - 2012 - ("Citadel")


Tommy es testigo impotente de cómo su mujer es apaleada sin piedad por un grupo de niños salvajes que la atacan en su propio bloque de apartamentos. Ella queda en coma y él traumatizado, con agorafobia y a cargo de su bebé. Tommy, que vive en un barrio apartado, depauperado y casi abandonado, sabe que estos niños terribles están vigilándole en las sombras para atacarle en algún momento, aunque no sabe la razón, por lo cual vive en una paranoia pesadillesca constante. El ataque, terriblemente, no se hace esperar mucho... Tommy se unirá al sacerdote del lugar y a un niño misterioso que parece ser diferente a los otros. Ellos parecen saber cómo parar lo que le está sucediendo.


Cada cierto tiempo, me topo con una película de esas de "terror independiente" que ha cosechado buenas críticas en festivales del género y que, al terminarla de ver, me deja pasmado (por lo de las buenas críticas). La última ha sido esta "Citadel", del irlandés Ciaran Foy, que el año pasado rodó la floja secuela de "Sinister". Leo alabanzas por todas partes junto a algunas justificadas puñaladas dirigidas contra ella. Y estoy con las segundas, vaya que sí. "Citadel" empieza bien. Y plantea una historia que sabe generar un mínimo de interés en sus primeros minutos y dar su mal rollito inicial (aunque se parezca de forma bastante descarada al "Cromosoma III" de David Cronenberg) y, además, la ambienta estupendamente (los decorados, de barrio depauperado y paranoia urbana, son fantásticos). Y fin. Después tenemos los tópicos de siempre, los sustos malos de siempre, el protagonista empanado con problemas emocionales de siempre, el secundario que lo sabe todo por la cara de siempre (que en esta ocasión es el cura que sabe matar monstruos de siempre) y el final "correpasillos" oscuros cogido con pinzas de siempre. Los personajes están más mal desarrollados que nunca (con flecos por todas partes), los diálogos son estúpidos y la trama está llena de incongruencias de bulto y de chorradas que dan risa: unos niños diabólicos que cometen errores idiotas y que aparecen y desaparecen sin criterio ninguno (y a los que nadie ha echado en falta en toda la ciudad, ni los servicios sociales, oigan), un cura que sabe como vencerlos pero lo deja para el final, un protagonista que sobrevive de forma aleatoria rodeado de estos niños cuando sus vecinos han muerto, un barrio en el que cada día muere alguien víctima de los dichosos niños y en el que la vida sigue tan normal (nadie llama a la policía ni nada, ¿para qué?), un ataque a los niños de marras en plena noche -en vez de ir de día-, un desenlace de risa en el que todo sucede por la cara y tres mil despropósitos de mal guión más.


Leo que "Citadel" es una de las mejores películas de terror de su año, un "soplo de aire fresco", una "relevación" del último cine de terror y hasta (agárrense que vienen curvas, y pronunciadas) una alegoría crítica y social sobre las consecuencias y la paranoia de la actual crisis económica (que en Irlanda se ha cebado como en ningún otro país del norte de Europa)... En fin, leo tres mil paridas que ponen por las nubes a esta cosa y yo sólo veo un truño como una catedral. Imagino que como "Citadel" es una película "independiente" e irlandesa hecha con actores desconocidos y con cuatro euros ya se le perdona todo o casi todo. Si fuese americana y el protagonista hubiese sido algún guapo testosterónico de turno, la habrían destripado sin piedad, que es lo que se merece semejante bodrio. Menos mal que por lo menos es corta (aunque lo cierto es que para ser corta encima se hace larga de lo aburrida que resulta).


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