Porco Rosso

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lunes, 17 de junio de 2013

SOMBRAS EN EL PARAÍSO de Aki Kaurismaki - 1986 - ("Varjoja Paratiisissa")


Un día cualquiera en Helsinki se encuentran dos seres tristes y necesitados de afecto: Nikander, un basurero, e Ilona, una cajera de supermercado. Se conocen y traban amistad. Muy pronto, surge el amor, una isla en el mar de la monotonía de sus vidas de trabajadores precarios, vidas de sueños rotos. ¿Podrán conservar este amor o sus problemas económicos los acabarán separando?


"Sombras en el paraíso" es la primera entrega de la imprescindible "Trilogía Proletaria" de Aki Kaurismaki, película que tras el debut del director (su versión de "Crimen y castigo") y la más experimental "Calamari Union" instauraba plenamente el "Estilo Kaurismaki": simpleza expositiva máxima, planos en general poco cercanos, diálogos breves y parcos (pero muy inteligentes), acciones cortas y directas (pero cargadas de significado), momentos casi minimalistas y, a pesar de todo esto, una gran capacidad para llegar al espectador gracias a un dramatismo justo pero sin efectismos y a un humor extremadamente irónico. El contexto, el que a partir de ahora ya se repetiría en casi todas las demás películas del director: la Finlandia obrera de los pobres y los mediocres, poblada por personajes tan perdidos como entrañables. Como las dos películas que le seguirían” "Sombras en el paraíso" muestra un pedazo de la triste realidad social de la Finlandia de su momento, la Finlandia admirada en el exterior como parte de esa Escandinavia que surgía imparable del subdesarrollo de principios de siglo pero que seguía siendo una Escandinavia de trabajos basura, de explotación, de desencanto y de deshumanización.


Con un mensaje esperanzador a pesar del patetismo de su historia, Kaurismaki expone el encuentro de dos seres marginales de las calles de Helsinki (soberbios en su química Matti Pellonpää y Kati Outinen, dos de los habituales del director), ambos hastiados de sus vidas tristes de sueños olvidados, ambos deseosos de una oportunidad para, por lo menos, refugiarse del mundo exterior en los brazos del amor. En apenas 76 minutos, el gran cineasta finlandés desarrolla una de las mejores tragicomedias europeas de su tiempo (como la segunda entrega, pues la tercera ya es un puro drama) en su inimitable estilo sobrio y preciso, de apasionante sencillez y planos pausados y silenciosos y con sus habituales y antes mencionados personajes desheredados en un ambiente deshumanizado, personajes tiernos y dignísimos que no se rinden ante las adversidades por muy crueles que sean. Dos años después del estreno de esta película, saldría a la luz "Ariel" y, un año después de ella, lo haría "La muchacha de la fábrica de cerillas", que dejaría cerrada una de las trilogías imprescindibles de la historia del cine europeo.

2 comentarios:

  1. De este Kaurismaki sólo he visto Ariel y me gustó bastante (también con Matti Pellonpää, cuyo nombre me encanta). Tal vez tenga parte de culpa mi gusto por la cultura escandinava en general. Y por la sonoridad del finés.

    Un saludo.

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  2. No ha he visto. Me la apunto.

    Un saludo!

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