Porco Rosso

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viernes, 24 de febrero de 2012

EL MAÑANA NUNCA MUERE de Roger Spottiswoode - 1997 - ("Tomorrow never dies")


La nave británica Devonshire se ha hundido en aguas chinas y sus tripulantes han sido misteriosamente asesinados mientras que un avión chino ha estallado también de manera misteriosa cuando se dirigía hacia el propio Devonshire. Estos extraños hechos han desatado unas claras hostilidades entre Gran Bretaña y el gigante asiático que pueden llevar a ambas potencias a una inminente guerra. James Bond es enviado por M para averiguar lo que ha ocurrido realmente y en su investigación descubre que quien está detrás de todo es el gran magnate de los medios de comunicación Elliot Carver, que pretende provocar una gran contienda entre los dos países y controlarla él mismo usando sus periódicos, radios y televisiones. Colaborando de nuevo con el agente de la CIA Jack Wade y con la agente china Wai-Lin, 007 va a intentar sabotear el plan de Carver. Sin embargo, se va a encontrar con un problema añadido: la mujer del multimillonario, Paris Carver, tiene un pasado en común con él...


Dirigida ahora por el mediocre Roger Spottiswoode (tiene en su filmografía una maravilla llamada "Bajo el fuego" pero casi la totalidad del resto de su producción se compone de bazofias como "Socios y sabuesos", "Air America", "¡Alto!, o mi madre dispara" o "El Sexto Día"), la segunda película de Pierce Brosnan como James Bond, "El mañana nunca muere", volvió a ser un gran éxito comercial como su irregular debut, aunque artísticamente sí resultó ser ya completamente fallida y anodina. La fórmula de "Goldeneye" se repitió, pero retornando a los villanos megalómanos que con Roger Moore habían desaparecido y a la idea de decantar la balanza por la acción y la aventura en detrimento del espionaje y del suspense (lo cual también es característico de la mayor parte de la era del mencionado Moore). Estos dos hechos fueron los que lastraron casi por completo este filme.


Ahora el antagonista de turno era el multimillonario Elliot Carver (Jonathan Pryce), que quería provocar una nueva gran guerra entre potencias valiéndose de la manipulación por medio de los medios de comunicación, su principal negocio. Pryce como Carver no funcionaba, y no por ser él un mal actor, sino porque su a veces excesivo megalómano estába ya fuera de lugar en la segunda mitad de la década de los noventa y porque sus frases y poses típicas de excéntrico quedaban bastante ridículas e incluso, por breves momentos, vergonzosas. Por otro lado, Bond se enfrentaba a él en una trama tremendamente lineal y sin sorpresas cimientada en escenas de acción muy espectaculares (como la caída libre desde el cartel del rascacielos de Carver o la posterior escapada en moto) pero nada más. Sí destacaban las dos chicas Bond de la ocasión, la mujer de Carver que tuvo una vieja historia con el agente 007 (una excelente Teri Hatcher que, sin embargo, desaparece demasiado pronto de la trama y que podría haber dado mucho más juego) y la agente china Wai-Lin, que, tras ser su rival en un primer momento, colaboraba mano a mano con el espía británico (y que fue otra excelente Michelle Yeoh que, además, mostró una gran química con Brosnan en las escenas de acción, a las que puso su particular homenaje al cine de artes marciales -se volvió además a mostrar decorados orientales, que desde "Octopussy" no se prodigaron en la saga-). A pesar de esto, los demás secundarios resultaron ser en general endebles: el principal secuaz de Elliot Carver, Mr. Stamper (Götz Otto) no dejaba de ser el clásico gorila de aire nórdico y frío sin mucho papel aparte de propinar golpes, mientras que el agente de la CIA Jack Wade (de nuevo Joe Don Baker) repite como el olvidable aliado secundario cómico de Bond y vuelve a la carga con sus chistes tontos (por suerte por última vez).


No hay mucho más que decir de esta película salvo que sus aciertos, si bien son grandes (sobre todo las chicas Bond) son pocos, mientras que sus fallos son también grandes y bastantes. "El mañana nunca muere" es esencialmente entretenida y no llega a ser una bazofia como por ejemplo lo es "Moonraker" o la posterior "Muere otro día", pero sí que pasa completamente sin pena ni gloria en una filmografía a la que no tiene nada que aportar (lo que ocurre, por ejemplo, con "Octopussy" o con "Panorama para matar").

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