Porco Rosso

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miércoles, 14 de febrero de 2018

EL BUEN ALEMÁN de Steven Soderbergh - 2006 - ("The Good German")


1945. Los nazis acaban de caer y Alemania trata de volver a la normalidad tras el fin de la guerra entre las ruinas de su viejo esplendor. Jake Geismar, corresponsal norteamericano, vuelve a la destruida Berlín para cubrir la Conferencia de Postdam, en la que se van a reunir Churchill, Truman y Stalin. Allí, se reencuentra con Lena Brandt, un viejo amor que está pasando por un mal momento al ser su marido buscado tanto por los americanos como por los rusos. Jake va a intentar ayudarla... Y se va a sumergir en un terrible juego de fatalidades.


Y después de la genial "Bubble", ahí está ese ecléctico hiperactivo e incansable que es Steven Soderbergh incursionando una vez más en un género radicalmente diferente. Ahora homenajea al Hollywood clásico, al Expresionismo Alemán y al Neorrealismo Italiano con "El buen alemán", una película que retrata la destruida Berlin de 1945 inmediatamente posterior a la caída de los nazis con un ojo en el thriller negro y otro en el drama. Puede que no sea la mejor película de este director, que es tan variado como irregular, especialmente porque su estética cumple mucho más que su argumento, pero lo cierto es que es muy original como puro homenaje lleno de referencias y es una delicia para los sentidos. Empezando con lo bueno, hay que decir que la fotografía es portentosa, la puesta en escena preciosa, la ambientación impresionante y el estilo nos trae de vuelta completamente a los clásicos del Hollywood dorado con un cierto toque expresionista y otro neorrealista que recuerda claramente a la obra maestra de Roberto Rossellini "Alemania, año cero". Y si a todo esto le sumamos una banda sonora impersionante de Thomas Newman, nos queda un pastelito sensorial original, sentido y muy estimulante. Hasta ahí lo bueno. Con lo malo vamos ahora: el guión. No es que sea horrible, pero es un conjunto de tópicos con bastantes fallos. El tópico en si no es malo, pero lo cierto es que no está bien explotado. En su afán por crear y crear, Soderbergh ha descuidado a sus personajes, que parecen perdidos y con motivaciones a medio construir, que se agarran al lugar común (la "femme fatal", el bondadoso enamorado, el psicópata histérico...) para salir adelante y que terminan siendo víctimas de sus propias deudas artísticas.


Todo esto unido a una trama que no tiene demasiados puntos fuertes, que se hace algo lineal y que tiene las sorpresas muy contadas, da como resultado un bellísimo cóctel de admiración por el cine de pasadas décadas pero que no deja tampoco de ser un refrito consciente pero refrito después de todo de elementos famosos de películas como "Casablanca", "El Halcón Maltés" o "El Tercer Hombre". Una de cal y otra de arena. Muy buenas intenciones pero un resultado final descentrado. Los actores están muy bien también, eso hay que recordarlo, y ayudan bastante a levantar el conjunto, pero no son del todo suficientes para algo que parece estar más preocupado por la recreación estética que por contar una buena historia. "El Buen Alemán" funciona a dos marchas, y es una pena, porque constituía otra buena idea de este director que, si se tomase más tiempo para desarrollar ciertos proyectos, rodaría cosas muchísimo más redondas en más ocasiones de las que lo hace.


1 comentario:

  1. Una vez leído tu comentario, creo que básicamente coincidimos en la apreciación de las virtudes y defectos de "EL BUEN ALEMÁN".
    Esta película opta por una estética y un estilo narrativo que remite directamente al cine que se hacía en la década de los cuarenta y para ello elige como modelos más evidentes títulos como “BERLÍN OCCIDENTE” (del que en buena medida toma prestado el argumento y varios personajes equivalentes a los creados por Billy Wilder para aquel ácido y valiente film) y “CASABLANCA”, al que homenajea en varios momentos. “EL BUEN ALEMÁN” aborda, como base de su intrincada maraña de situaciones y personajes que no dicen la verdad, el turbio asunto de los intereses escondidos de los dos bandos vencedores, EE UU y la URSS, que a la sombra de la Conferencia de Potsdam, pugnaban entre bastidores por conseguir a cualquier precio a los científicos nazis (sin importarles su pasado) que, dada su excelencia, pondrían, a uno o a otro, por delante en la futura carrera de armas de destrucción masiva. Terrible, sí, pero el film no consigue interesar del todo porque los personajes, demasiado oscuros, no conectan con el espectador. Sin duda, lo mejor de la función, la partitura de Thomas Newman.

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