Porco Rosso

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sábado, 13 de agosto de 2016

LA COLINA DE LAS AMAPOLAS de Goro Miyazaki - 2011 - ("Korukiko-zaka kara")


Japón. 1963. Umi Matsuzaki vive con sus hermanos y su abuela en un pequeño hostal que regenta la familia. Su padre no volvió de la guerra y su madre suele estar de viaje. Un día, conoce en el instituto a Shun Kazama, un estudiante rebelde que lucha junto a otros para que el Barrio Latino, el ruinoso pero antiguo y bello edificio paralelo al centro escolar que alberga sus diversos clubs, no sea derribado por la dirección. Entre ambos surge una atracción especial... Pero también el complicado y oscuro pasado de sus dos familias, que está a punto de salir a la luz, puede complicarles su temprana pasión.


Goro Miyazaki, el hijo de Hayao Miyazaki, tuvo un debut bastante irregular con "Cuentos de Terramar" en 2006 y, hasta cuatro años después no se volvió a colocar de nuevo en la dirección. En 2011 entregó una película ya mucho mejor: "La colina de las amapolas", basada en el manga homónimo de Chizuru Takahashi. El tono cambia completamente: de la fantasía heróica de su primera película Goro pasa al intimismo realista y cotidiano. "La colina de las amapolas" es una historia minimalista, muy pausada, en la que las acciones aparentemente nimias cargan de significado a toda la trama y el espectador ha de estar atento a todas ellas para construir el puzzle final. Ambientada en 1963, narra la historia de dos adolescentes que van al instituto y que se enamoran, aunque las historias pasadas de sus dos familias les ponen ante una inesperada y complicada tesitura. El fondo es una protesta estudiantil contra el derribo de un viejo edificio paralelo al instituto en el que se ubican todos los clubs de estudiantes del centro (en Japón es algo muy típico el que los alumnos se reúnan en clubs diversos y desarrollen en ellos actividades que les interesan y la vida social correspondiente). El filme retrata el principio de una época de rebeldía juvenil que, a pesar de lo hermético y de lo férreo con el control familiar de las obligaciones que sigue siendo incluso hoy en día Japón, marca un punto de cambio entre dos mundos: el de las posguerras y el de la apertura final y el carpetazo a dichas posguerras (no sólo se le dió este carpetazo en Japón: ocurrió también en los Estados Unidos y en buena parte de Europa). En este ambiente, los jóvenes protagonistas tratarán de salir adelante, de cerrar las heridas de un tiempo terrible y de buscar la felicidad ante un nuevo amanecer. La película es claramente revisionista y opta por dejar atrás de una vez los traumas históricos de Japón. Goro Miyazaki narra con una sencillez tremenda y con unos diálogos justos una trama que se bebe a sorbitos, pero que se enriquece sin cesar hasta confirmar un fresco final cargado de sentido y de emociones contenidas. Su mensaje vital es optimista y feliz.


"La colina de las amapolas" tiene además escenas del todo geniales. Las de la limpieza del "Barrio Latino" (la casa sede de clubs que quieren derribar) son fantásticas y divertidísimas, y el encuentro de los protagonistas en el barco es una maravilla que consigue conmover con limpieza y sin efectismos dramáticos baratos. Goro Miyazaki aprende claramente de los errores de su anterior filme (y es que era su debut, también se le exigió tal vez demasiado) y construye una película sentida, delicada, bien cerrada, con amor, humor, retrato social, drama y ternura (y todo ello perfectamente equilibrado, y sin fisuras). Sobra decir, por supuesto, que la animación del filme es una maravilla. No sólo la animación: los decorados son una virguería del realismo, del color, del detalle, de los juegos con la luz. En fin, en conjunto el segundo filme del hijo Miyazaki es otra joyita del Estudio Ghibli. Muy recomendable.


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