Porco Rosso

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lunes, 20 de junio de 2016

CAMPANADAS A MEDIANOCHE de Orson Welles - 1965 - ("Falstaff. Chimes at Midnight")


El príncipe Hal, hijo de Enrique IV, el rey de Inglaterra, pasa la mayor parte de su tiempo de juerga en juerga y bebiendo en compañía de ladrones, maleantes, vagos y prostitutas, todos ellos capitaneados por John Falstaff, un vividor vanidoso y pendenciero que es su mejor amigo y que se comporta también como si fuese su padre. Las cosas, sin embargo, están a punto de cambiar: un brutal y sangriento enfrentamiento dinástico en el país va obligar a Hal a cambiar su modo de vida para tomar las riendas de la corona... Y esto va a afectar para siempre a su relación con Falstaff.


"Campanadas a medianoche" era la película preferida de Orson Welles y fue, para variar en su carrera, otro de sus grandes y habituales infiernos personales. La rodó en España y lo hizo mintiendo al productor español Emiliano Piedra, al que convenció para que se la financiase diciéndole que paralelamente iba a rodar una versión de "La isla del tesoro", más vendible, que ni rodó ni pensaba siquiera rodar (sólo construyó la taberna en la que transcurre gran parte del filme, que daba el pego tanto como taberna medieval como taberna de estilo pirata). Bastantes de los actores de la película no disponían de muchos días para rodar y sus tomas hubieron de ser grabadas a toda prisa y de forma selectiva para completar el resto con extras o planos cerrados, lo que no dejaba apenas espacio para realizar improvisaciones o cambios. El dinero de Emiliano Piedra se le agotó a Welles en cuatro meses para colmo, y recurrió a Harry Saltzman, entonces rico productor de los primeros filmes de James Bond, para que le completara lo que le faltaba, a lo que por suerte accedió, aunque lo cierto es que tampoco se preocupó mucho de que "Campanadas a medianoche" fuese muy bien distribuida al considerarla una película menos comercial. Y luego, al estrenarse, fue encima un fracaso en las pocas taquillas en las que estuvo presente y para colmo la crítica la vapuleó sin ninguna piedad. Aunque recibió varios premios (uno nada más y nada menos que del Festival de Cine de Cannes de 1966), no fue hasta años después cuando la película fue merecidamente reconocida como una obra maestra. Incluso a Welles le criticaron que estuviese demasiado gordo para realizar su papel. En fin, todo fue una vez más una conjura maldita de elementos internos y externos y de crueles azares que volvió a poner a Welles contra la espada y la pared en otra más de sus queridas producciones. Y aún así, como ya había hecho otras tantas veces, entregó una gran obra maestra que pasó a la historia del cine y que fue revalorizada justamente.


"Campanadas a medianoche" es un compuesto libre de cinco obras de William Shakespeare: "Enrique IV" (ambas partes), "Enrique V", "Ricardo II" y "Las alegres comadres de Windsor". Orson Welles es el centro de la película, el epicentro absoluto. Da vida maravillosamente a John Falstaff, uno de los personajes más emblemáticos del autor inglés. un bribón vividor y pendenciero, vanidoso, creído y aprovechado que, sin embargo, valora mucho la amistad, aunque de forma algo ambigua. El tema principal de la obra es la traición de dicha amistad, dicho por el propio Welles. Alrededor de este asunto, dan vueltas otros universales: la ambición, la hipocresía, la llegada a la madurez, el amor, la soledad, la muerte y, especialmente, los horrores de la guerra, representados en la Batalla de Shrewsbury, un prodigio del rodaje de escenas de combate en una atmósfera tétrica y brutal. La han llegado a poner al nivel de escenas de multitudes de películas como "Octubre" de Eisenstein y se le ha reconocido la inspiración que tuvo para las escenas bélicas de películas como el "Enrique V" de Kenneth Brannagh o el "Braveheart" de Mel Gibson y hasta el "Salvar al soldado Ryan" de Steven Spielberg. El resto del filme es igualmente fantástico: los decorados, sobrios pero tremendamente realistas y perfectamente ambientados, son ideales, y todos los actores cumplen de sobra con personajes llenos de carisma. Escenas para el recuerdo, además de la batalla, hay miles, y en especial la de la ruptura del príncipe y Falstaff pone los pelos de punta. Maravillosa obra maestra.


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