Porco Rosso

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viernes, 4 de septiembre de 2015

MACBETH de Orson Welles - 1948 - ("Macbeth")


Macbeth es un valeroso y justo noble escocés al que tres brujas vaticinan algo que nunca esperaba: va a ser coronado rey. Cegado por el poder y por la ambición desmedida junto a su mujer, planea entonces un terrible asesinato: el del propio Rey Duncan, que se va a alojar en el castillo de ambos. Macbeth está a punto de sumergirse en una espiral de degradación y de violencia de la que nunca más va a salir.


Es desde luego digna de elogiar la valentía y la excelencia artística de Orson Welles, que se pasó media vida luchando contra productores artísticamente desalmados para poder rodar las películas que quería, y que encima logró, en bastantes ocasiones por suerte, entregar grandes obras maestras a pesar de todo. Una de estas es su versión de la inmortal obra de William Shakespeare "Macbeth" de 1948, que se vió obligado a recrear en apenas un mes y en un set de rodaje ínfimo, reducidísimo, destartalado y que no era más, realmente, que los restos de un set de otra película que en ese momento estaban disponibles y casi abandonados. Muy discutida (para unos, entre los que me encuentro, es genial, y para otros es fallida o mala), esta versión de la historia del asesino del rey escocés me parece única y cargada de personalidad. Visualmente está muy limitada, es cierto, pero creo que en este caso eso más que perjudicarle le otorga una personalidad única. Orson Welles era un maestro, y era capaz de hacer una buena película sin apenas presupuesto: eso queda aquí plenamente demostrado. Este "Macbeth" es un Macbeth oscuro, sucio, decadente, cutre y realista, pero a la vez onírico, pesadillesco. El ambiente del filme es seco, brutal, deprimente incluso, casi primigenio, y remite a una Edad Media de ensoñación alejada de cualquier esplendor hollywoodiense de grandes castillos y armaduras brillantes. "El Macbeth" del director de "Ciudadano Kane" es único, les guste o no a sus detractores, y visualmente es una maravilla y todo un ejemplo de cómo hacer algo personal con cuatro duros.


No destaca solo en lo visual, claro: Welles sabe dirigir una obra fiel, que capta perfectamente la idea y la esencia del texto shakesperiano y que la retrata con cariño y respeto. La mencionada dirección es perfecta, agobiante y retorcida, grandilocuente como suele ser todo en Welles pero sin dar gato por liebre. Los actores están todos fantásticos, y el propio director, que para variar se reserva el papel de protagonista, entrega un Macbeth soberbio, que suda tormento, que tiembla ante los dilemas morales y que sufre como nadie. El clásico papel colosalista, de individuo oscuro que a él tanto le gustaba, ególatra y "ombliguista" como era, pero que tan bien hacía siempre. El "Macbeth" de 1948 de este genio es una de sus grandes piezas y una de las mejores adaptaciones de una obra de Shakespeare a la gran pantalla.


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