Porco Rosso

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miércoles, 29 de febrero de 2012

CASINO ROYALE de Martin Campbell – 2006 – (“Casino Royale”)


Tras acabar con dos importantes criminales, el agente del Servicio Secreto Británico James Bond obtiene la categoría 00 y pasa a ser el agente 007 y a estar exclusivamente dedicado a misiones peligrosas y de importancia clave para Gran Bretaña e incluso para la paz mundial. En su primer trabajo en este grupo de expertos, James Bond detiene en Madagascar al terrorista Obanno, lo cual le lleva, tras varias investigaciones, a un mafioso llamado Le Chiffre, un rico banquero de terroristas y de guerrillas de todo el mundo al que intentará arrestar en el famoso Casino Royale de Montenegro. Bond va a conocer en su misión a un grupo de colaboradores que en el futuro terminarán siendo sus aliados; el agente francés René Mathis, el agente de la CIA Felix Leiter y la agente de la tesorería Versper Lynd... Con la que mantendrá un inesperado romance. También, sin embargo, una terrible trama con tentáculos en todo el mundo le va a envolver ya desde su primera misión.


Como he comentado en otras críticas, los derechos de "Casino Royale", la primera novela de Ian Fleming sobre las aventuras de James Bond, pertenecían a Charles K. Feldman, fallecido en 1968 y habitual productor de Columbia Pictures, que fue comprada por Sony, la cual también terminó por absorver a la Metro Goldwin Mayer, que previamente había adquirido a United Artists... La cual operaba con EON, la productora de Harry Saltzman y Albert R. Broccoli que ha desarrollado hasta la fecha todos los filmes oficiales del espía británico. En su día EON no pudo rodar "Casino Royale" al no disponer de sus derechos (de lo cual surgió la versión cómica de Charles K. Feldman que comenté hace dos días). Tras las mencionadas fusiones de compañías, en el año 2006, por fin salió a la luz el "Casino Royale" oficial, que no fue otra cosa que un reinicio de la saga de James Bond a todos los niveles, saga que ya era muy difícil de seguir por los que no eran fans acérrimos de ella debido a que veinte películas eran demasiadas para mantener una continuidad fluida y con sentido de cara al espectador medio y a que, con seis Bond distintos y cuatro décadas de aventuras interminables, el personaje, que había sido cínico, atormentado, cachondo o brutal según la ocasión, ya aparecía demasiado diluído e incluso corría peligro de volverse anodino (además, convivían en dicha saga títulos tan adultos como "007 al Servicio Secreto de Su Majestad" o "Licencia para matar" con otros tan estúpidos e infantiles como "Moonraker" o "Muere otro día", por lo cual el conjunto estaba ya plagado de lagunas y de baches de guión y de estilo insalvables). Así, el clan de los Broccoli decidió despedir a Pierce Brosnan, de cuyas exigencias de divo estaban al parecer ya cansados (sus cuatro películas arrasaron en las taquillas y dicen él empezó a verse como un elemento indispensable de la saga, lo que le acomodó en todos los aspectos) para sustituirle por un actor no muy conocido entonces llamado Daniel Craig que había aparecido como secundario en películas tan diversas como la primera entrega de "Tomb Raider" o las excelentes "Camino a la perdición" y "Munich". Aunque nadie confiaba mucho en este nuevo Bond (algunos fans llegaron a quejarse de que era feo, rubio y de ojos azules –hay que ser imbécil, ¿qué diablos importa eso?-), lo cierto es que "Casino Royale" supuso una sorpresa totalmente inesperada para todo tipo de público y crítica.


El tal Daniel Craig dejó a todos con un palmo de narices: se comía la cámara interpretado a un agente 007 muy serio y casi hierático, brutal, expeditivo, helado y "realista" que rescataba lo mejor del injustamente olvidado 007 de Timothy Dalton mostrándose además, como el del también olvidado George Lazenby, atormentado y desolado (también se enfrentaba al asesinato de la mujer de la que se enamoraba). "Casino Royale" ha sido a la saga de James Bond lo que, por ejemplo, "Batman Begins" y "El Caballero Oscuro" han sido a la del hombre murciélago. Daniel Craig es, desde mi punto de vista, el mejor James Bond de la historia, el que mejor se pliega al original de las novelas de Ian Fleming y el que de nuevo no renuncia a la acción frenética y a la aventura y al espionaje puros a la hora de protagonizar una trama profunda. Martin Campbell repite como director en la franquicia estrella de EON (se encargó de "Goldeneye") y Judi Dench vuelve a ser M, una M que mantiene la genialidad, la dureza y la comprensión final de la que interpretó en "El mundo nunca es suficiente", la mejor película que protagonizó el irregular 007 de Pierce Brosnan. También es rescatado el personaje de Felix Leiter, que vuelve a ser el aliado principal de Bond y que, por vez primera en la saga oficial, es de raza negra (lo interpreta con notable solvencia Jeffrey Wright). Por desgracia, no aparecen en este reinicio de la historia ni Moneypenny ni Q, aunque no hay que descartar que lo hagan en futuros filmes (esperemos que así sea, porque son personajes míticos que no deberían haber faltado en mi opinión).
El estilo de las nuevas películas del espía británico también cambia notablemente: hay mucho menos humor, Bond es mucho menos mujeriego y sibarita, las chicas Bond son tan protagonistas de la trama como él y los villanos no son megalómanos excéntricos (se encuentran en la línea de los instaurados en la breve etapa de Dalton y en la de los de "Goldeneye" y "El mundo nunca es suficiente"). En definitiva, todo se torna más realista, más posible en todos los aspectos. Siguiendo la estela de filmes de acción modernos como los de la trilogía de Jason Bourne, James Bond protagoniza unas escenas de acción que, sin renunciar a la espectacularidad (y a las "fantasmadas" puntuales –puntuales-), se muestran, como he dicho, realistas (dentro de lo que supone el realismo en un filme del agente 007). Además, como el propio Bourne o como el nuevo Batman de Christian Bale, James Bond sufre como el ser humano que es tanto en lo psicológico (su amada es de nuevo asesinada e incluso... ¡llora!) como en lo físico: recibe golpes, sangra, se despeina, se ensucia y hasta es torturado de manera brutal (en "Casino Royale" concretamente le golpean en los testículos repetidas veces). Y, como he dicho antes también, Daniel Craig borda a este James Bond devorando la pantalla en una actuación soberbia que deja con dos palmos de narices a todos los que le criticaron.


Ya hablando concretamente de "Casino Royale", hay que decir que Martin Campbell realiza una excelente labor de dirección equilibrando a la perfección la acción y los eventos de una trama que incluye un atormentado romance y que trata asuntos como la venganza, la redención, la ambición desmedida o la amistad. Los secundarios por si fuera poco son excelentes y están interpretados de una manera soberbia: a M y a Felix Leiter se les une una genial Eva Green como Vesper Lynd que borda a una de las mejores chicas Bond de la historia (independiente y, como el propio Bond, atormentada), un también genial Giancarlo Giannini como el ambiguo agente René Mathis (el otro aliado de 007 junto al mencionado Leiter), un destacado Jesper Christensen como Mr. White (el villano secundario) y un magnífico Madds Mikkelsen como el gran villano, Le Chiffre, un avaricioso de métodos sádicos y notables debilidades. Para el recuerdo quedan escenas inolvidables de "Casino Royale": su brutal prólogo, su impactante desenlace, la tortura de Bond a manos de Le Chiffre (que duele de sólo recordarla), el romance de 007 con Vesper, la presentación de Felix Leiter, los breves toques cómicos (en especial brilla uno: el del fugaz diálogo con el camarero sobre el martini seco con vodka... -¿lo quiere mezclado o agitado? -¿tengo cara de que me importe?) y escenas de acción como la primera persecución, todo un ejemplo de ritmo frenético y dinámico. "Casino Royale", que catapultó a la fama a Daniel Craig y que revitalizó la saga a la que pertenece, es una obra maestra y el mejor reinicio posible para James Bond. Terminará siendo un clásico indiscutible. Tiempo al tiempo.

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