Porco Rosso

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viernes, 14 de octubre de 2011

TRAINSPOTTING de Danny Boyle – 1996 – (“Trainspotting”)


Renton, Sick Boy y Spud son amigos y viven en Edimburgo. Sólo existe algo que llena sus vidas sin sentido: las drogas. Pasan los días colocándose e intentando conseguirlas cuando les faltan, sin hacer nada y viendo el tiempo pasar entre caminatas perdidas por las calles, sexo, fiestas, peleas provocadas por su violento amigo común Begbie, alucinaciones, enfermedades y depresiones. Sus vidas no tienen ningún comienzo ni ningún fin. Sólo hay una cosa en ellas: la droga. Su salvación y también su destrucción.


“Trainspotting”, película muy controvertida en su momento y aún hoy por su bien visible desencanto y nihilismo y acusada de fomentar el consumo de las drogas en los jóvenes e incluso de hacer apología de una vida de vacío cínico, está basada en la también controvertida novela homónima de Irvine Welsh. Su título al parecer hace referencia a las marcas que deja el inyectarse heroína por vía intravenosa. Como la novela, de 1993, el filme realiza un seguimiento por las vidas de un grupo de jóvenes heroinómanos de la clase media de Edimburgo a los que no les mueve nada salvo la droga y la manera de conseguirla. El protagonista es Renton, un genialísimo Ewan McGregor, un joven desencantado al que nada le importa y que intenta escapar de una vida abocada a un futuro monótono y mediocre por medio del vicio mortal al que está enganchado. Sus amigos son el freakie cínico y con estilo Sick Boy, el tontorrón Spud, el deportista y sano Tommy (que cae en las drogas y se convierte en el mayor adicto de todos) y el psicópata violento Begbie (soberbio Robert Carlyle en uno de sus grandes papeles), mientras que su “novia” es una pequeña femme-fatale de medio pelo menor de edad: Diane. El filme está dividido en dos partes: una primera que muestra las vidas diarias de todos: sus relaciones con sus entornos y con los que les rodean, sus colocones, sus pequeños trapicheos, sus búsquedas inmediatas de sustancias que ponerse, sus amores (si es que se les puede llamar así), sus fiestas, sus callejeos, sus brutales broncas. Quedan todos delineados por medio de, cimentada en un montaje muy ágil y dinámico, una visión increíblemente cínica y cargada de humor negrísimo de sus existencias nihilistas de niños mimados de la sociedad moderna sin horizontes o con horizontes nada satisfactorios a los que no quieren enfrentarse.


Ninguno de los protagonistas de "Trainspotting" quiere acabar como la generación de sus padres: encerrados en casa frente al televisor, con trabajos monótonos y mediocres y con vidas muertas. Escogen para escapar un camino: las drogas. Válido como cualquier otro. En la segunda parte del filme, se centra la acción en un" gran trapicheo" (en realidad un golpe de poca monta) que todos preparan para dar “el golpe de sus vidas”. Aún con toques de comedia, esta parte cae en el puro drama, aunque por momentos no da esa impresión. Todo se desmorona: hasta la amistad, que como en la anterior obra de Danny Boyle, "Tumba abierta", queda brutalmente desmitificada. El desenlace es triste como pocos, aún camuflado con la falsa alegría del dinero. “Trainspotting” representa a una porción de la juventud actual con gran precisión y conocimiento. Las drogas pueden ser lo de menos al fin y al cabo. La juventud, con ellas o sin ellas, no está satisfecha con el futuro que le han impuesto, pero a la vez está muy perdida y muy poco le interesa salvo el hedonismo.

2 comentarios:

  1. Gran película, en la época y con la edad idónea esto le volaba la cabeza a uno.

    Creo que Boyle nunca podrá superar esto.

    saludos

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  2. Esta es una de esas películas que debería volver a ver. Solo la he visto una vez y fue hace bastantes años, así que creo que podría ser un buen momento para hacer una revisión!

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