Porco Rosso

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lunes, 21 de noviembre de 2016

LA NOVENA PUERTA de Roman Polanski - 1999 - ("The Ninth Gate")


Dean Corso es un bibliófilo experto con una cultura apabullante y pocos escrúpulos. Un día, el rico coleccionista de textos satánicos Boris Balkan le encarga un trabajo un tanto particular: encontrar los tres últimos ejemplares, desaparecidos, del mítico manual de invocación demoníaca "Las nueve puertas del Reino de la Oscuridad". Dean acepta el encargo, ciertamente muy jugoso. Y pronto, se percata de que se ha metido en un lío gigantesco y peligroso. Pronto, también, una misteriosa mujer hace acto de presencia en su vida... Una mujer con extrañas cualidades.


Y cuando Roman Polanski se había recuperado de sus batacazos de los años ochenta ("Piratas" y "Frenético") con las excelentes "Lunas de hiel" y "La muerte y la doncella", volvió a meter la pata momentáneamente (pero hasta el fondo) con "La novena puerta", una película inexplicablemente mala en una filmografía que suele ser buena cuando no genial y personalísima siempre. Basada en la novela "El Club Dumas" de Arturo Pérez-Reverte y producida en Francia, la película de marras es un despropósito enorme y chorra. Buen director, buenos actores, buen escritor (más o menos, que Pérez-Reverte tiene algunas novelas infumables también), buenos guionistas (Enrique Urbizu, ni más ni menos) y pésima película. Johnny Depp es un experto en libros antiguos que se mete en líos con una secta satánica de pacotilla y que hace el pamplinas erráticamente por Europa y por los USA con una Emmanuelle Seigner con poderes paranormales que nadie sabe de dónde ha salido (y lo peor es que nos importa bien poco avanzado el metraje). Trama mal hilvanada, historia innecesariamente alargada, insertos de humor muy tonto en un argumento supuestamente serio que no funcionan y que para colmo descolocan, diálogos malos, ritmo abrupto, actuaciones malas y hasta desganadas (porque he dicho que los actores son buenos; otra cosa es cómo lo hacen en esta ocasión), ínfulas de intriga trascendental y pretenciosa (que finalmente no va a ninguna parte) y un desenlace ridículo, de pura risa, que parece rodado por otra persona que no es Polanski y que se acerca peligrosamente a formas de cine de serie B. Solamente se salva la ambientación, muy bien conseguida, y la fotografía, que es excelente (y hay un tratamiento de la luz muy bello en todo momento). El resto es terrible; es que no hay por dónde cogerlo. Inexplicable bodrio es "La novena puerta", bodrio perpetrado por uno de los directores más inconfundibles y básicos de la historia del cine europeo. Menos mal que Roman se redimió con su siguiente película, la magistral "El pianista".


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