Porco Rosso

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viernes, 2 de septiembre de 2016

UNA HISTORIA INMORTAL de Orson Welles - 1968 - ("Histoire Immortelle")


Macao. Siglo XIX. Mr. Charles Clay es un viejo comerciante muy rico que, sin embargo, vive en su gran mansión en total soledad, apartado del mundo y con la única compañía de su mayordomo y contable Levinsky. Charles está obsesionado con las viejas leyendas y con todo lo que late de verdad en ellas. Un día, contrata a un marinero necesitado de dinero para ofrecerle un trato por una gran suma... Un trato que tiene que ver con la representación de su propia historia, de su propia leyenda.


Orson Welles tenía que estar verdaderamente obsesionado con la ascensión y la caída de grandes personajes y con las "historias dentro de otras historias" y la ficción que toma vida. Su "Ciudadano Kane", su obra maestra, fue repetida con variantes en "Mr. Arkadin" y en ésta "Una historia inmortal". En ambas con poca fortuna: las dos son dos de las películas más flojas de toda su filmografía. "Una historia inmortal", rodada tras el nuevo batacazo que el director se metió con la espléndida pero en su día para variar infravalorada "Campanadas a medianoche", es un remiendo del mencionado debut del director pero muy fallido. Rodada en España con dinero de Francia (con poco dinero y con problemas de producción una vez más), está espléndidamente economizada esta película para resultar visualmente preciosa. Y fin. La trama, que encaja cuentos dentro de otros como muñecas rusas, sigue a otro gran hombre que cayó en la desgracia después de llegar a lo más alto y otras historias que hablan de ambición, soberbia, bien y mal, corrupción, soledad, muerte, sexo, egoísmo y, por supuesto, trascendencia. A Orson Welles se le va ya aquí la mano con la pedantería y se pasa tres pueblos con los diálogos barrocos mientras a la vez intenta hacer virguerías argumentales forzadas. Por supuesto, él mismo interpreta al carácter principal, otro trasunto de Charles Foster Kane mezclado con los personajes pantagruélicos que ya interpretó en sus adaptaciones de obras de William Shakespeare o en "Sed de mal". Orson y su ombligo. Todo ello además acompañado de su habitual expresividad también barroca, con sus giros y ángulos de cámara ampulosos y con su visualidad desbocada, recargada y machacona.


Ese no es de todas maneras el problema de esta película: la visualidad de turno de la película de turno es el gusto de cada director. El problema es que "Una historia inmortal" es grandilocuente, pretenciosa hasta la náusea, cien por cien pedante, y con retorcimientos de guión que tratan de dar gato por liebre y hacer ver al espectador que hay más profundidad de la que parece donde realmente... Pues no la hay. Al César lo que es del César: hay directores, grandes directores, que también meten y metieron la pata, y el ego a Orson Welles le jugó muchas malas pasadas (junto con la incomprensión de la industria cinematográfica de su momento, pero ese es otro cantar y esa no fue nunca su culpa). Nadie puede negarle a Welles el ser uno de los grandes maestros del cine, y uno de los mejores y más incomprendidos. Sin embargo, sus patones los tiene, y "Una historia inmortal", una película aburrida de tanto ensimismamiento en la pedantería que dura una hora escasa y que se hace eterna, una uno de los grandes de toda su creación.


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