Porco Rosso

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lunes, 4 de abril de 2011

PI de Darren Aronofsky - 1998 - ("Pi")


Max es un matemático brillante que lleva mucho tiempo trabajando sin descanso en el gran proyecto de su vida: la decodificación del sistema numérico que rige el caos de la bolsa. Ya le queda muy poco para llegar a su objetivo; sólo le queda encontrar el fondo del número Pi. Sin embargo, Max se siente acosado: una firma de Wall Street le sigue a todas partes, y también una secta judía, ambas interesadas en su futuro descubrimiento. Max además vive en un infierno de drogas y dolores de cabeza interminable. Ha de huir de su ambiente cuanto antes, pero no puede dejar su trabajo sin terminar…


El neoyorkino Darren Aronofsky, si bien fue uno de los "reyes del efectismo videoclipero" en la recta final de los noventa y en los principios del nuevo siglo, destaca en estos momentos por ser un director tremendamente ecléctico en la estética y, también, en lo argumental, aunque en todos sus filmes existe un asunto que se repite de una forma u otra: la degradación psíquica y/o física de alguno de sus protagonistas (o de todos) por alguna circunstancia. Su primera estética visual ha sido imitada hasta la saciedad en los últimos tiempos, y también criticada con saña. Excesiva en todos los sentidos, rapidísima y urgente, visualmente apabullante y barroca, preciosista y manipulada con incesantes efectos especiales, es el perfecto ejemplo de la estética más efectista llevada al límite. Sus tres primeras películas ("Pi", "Réquiem por un sueño" y "La fuente de la vida") han sido puros videoclips largos. Sin embargo, todo hay que decirlo, Aronofsky no fue nunca uno de esos directores modernillos mediocres que abandonan la historia de sus películas en beneficio de la diosa estética, que se adueña de todo. Tampoco resulta, en mi opinión, esta estética esclavizante cuando está presente en su arte: en sus tres mencionadas cintas la ha utilizado para sumergir al espectador en unos muy conseguidos ambientes claustrofóbicos, opresores y oníricos, y la verdad es que ha sabido hacer que encajen en las tramas como anillos al dedo. Darren Aronofsky, sin embargo, entregó tras su "trilogía efectista" la soberbia "El luchador", todo un ejemplo de sobriedad casi documental tras las cámaras, después de la cual llegó "El cisne negro", visualmente apabullante pero no en base a la acumulación videoclipera, sino en base a la buena fotografía o al genial montaje. Con todos sus amantes y detractores, Darren Aronofsky es un autor con todas las letras cargado de personalidad y siempre embarcado en proyectos diferentes.


“Pi”, la obra que catapultó a la fama a Darren Aronofsky y su debut, es una película de estética ciertamente subyugante que ha sabido combinar a la perfección arte, comercialidad y personalidad y que, sin embargo, a mi se me antoja fallida debido a su trama. Rodada en un crudo, granulado y hermoso blanco y negro y cimentada su narración en una cámara loca y, sobre todo, en la invasión inmisericorde de una brutal cascada de imágenes cada vez más frenética (que unos amarán y otros odiarán sin término medio), cuenta la historia de Max, un matemático que, buscando la clave del caos bursátil y sumergido en un mundo de drogas y de locura se topa con una empresa devoradora y despiadada, con una secta judía y con algo que podría ser el propio Dios… Y ha de huir de todos ellos y hasta de sí mismo, el más peligroso de los cuatro tal vez. La clave de la historia está en el número Pi y en lo que hay detrás de él, clave que (y aquí viene el fallo de la cinta) no dice absolutamente nada. No soy matemático (es más, siempre he sido "de letras" y las Matemáticas eran mi asignatura más odiada), pero no hay que serlo para darse cuenta de que el desarrollo de "Pi" no lleva a ninguna parte. Como estudio de la locura de un personaje la cinta funciona, así como denuncia de los fanatismos tanto religiosos como económicos (a ambos los ataca Arofnosky con agudeza y sin contemplaciones), pero su sustento supuestamente matemático-científico no lleva a nada: ¿qué encuentra el protagonista del filme? ¿A Dios? ¿A la susodicha explicación a la economía mundial? ¿Ambos son la misma cosa? Y llega la pregunta final: ¿Qué quiere decir el desenlace de "Pi"? ¿Desmitificación del conocimiento absoluto o advertencia contra su peligrosidad -no lo creo, pero lo barajo a pesar de todo-? ¿Imposibilidad de afrontar el encuentro con Dios o con el sentido final de la vida? La cosa queda coja y mal explicada, y hay miles de películas con finales enigmáticos pero más sostenibles que el de "Pi", que como propuesta debutante es destacada pero que (y a pesar de que es un filme de culto) está lejos de las obras magistrales de Arofnosky ("Réquiem por un sueño" y "El luchador").

1 comentario:

  1. bueno es una opera prima, creo que no significa nada de nada mas que un ejercicio de estilo de debutante. Yo Si entiendo de matemáticas y de ordenadores y es todo una locura tras otra. Muy floja en todo caso.

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