Porco Rosso

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miércoles, 31 de enero de 2018

LA COMUNIDAD de Alex de la Iglesia - 2000 - ("La comunidad")


Julia es una mujer de Madrid que no tiene una vida especialmente feliz: hace un trabajo monótono y sin alicientes para una inmobiliaria y está casada con Ricardo, un hombre negativo, sin energía y sin ningún encanto con el que lleva una existencia aburrida. Un día, escondida en un apartamento en el centro de la ciudad, Julia encuentra algo increíble... Una gigantesca fortuna que pertenecía al solitario anciano que vivía allí. Una gigantesca fortuna que piensa quedarse. Pero Julia no se imagina algo... Que los vecinos del bloque también la andan buscando.


Desde mi punto de vista, "La comunidad" es el mejor filme de Alex de la Iglesia hasta la fecha, la culminación de la perfección de su primera y ascendente etapa y también el inicio, por desgracia, de una cierta irregularidad, pues a partir de aquí alternaría obras grandes y otras más fallidas o hasta directamente malas de forma casi constante. Parodia "hitchcockiana", película de terror y a la vez comedia seria negra, negrísima, "La comunidad" narra una historia de vileza y avaricia en la que un grupo de vecinos de una horrible comunidad, valga la redundancia, está dispuesto a todo por hacerse con una gran fortuna que una mujer ha encontrado y que estaba oculta en su bloque. Y para ello, todo vale. Alex de la Iglesia narra, con un "in crescendo" fabuloso, la odisea de esta mujer, una impresionante Carmen Maura en uno de sus papeles más soberbios y legendarios, por quedarse ella también con la pasta. El retrato social es despiadado no: lo siguiente. Todos los peores vicios humanos están contenidos en el filme. En especial, la avaricia brilla por encima de todos, pero alrededor de ella giran el odio, la hipocresía, los prejuicios, el ascenso social a toda costa, la envidia, las reminiscencias de la vieja moral de la dictadura española, el oscurantismo o la pura y dura perversidad de una sociedad frustrada obsesionada con el dinero y el triunfo en la que el fin justifica los medios siempre. "La comunidad" pone los pelos de punta. El mal rollo está servido desde el primer momento, y no cesa en subir y subir su intensidad. Hay escenas de pura antología, y el director destapa sus mejores esencias a la hora de rodar momentos de suspense y acción totalmente inolvidables dentro de nuestra filmografía (la última persecución es absolutamente impagable). Los personajes son todos absolutamente geniales (y todos están interpretados por un repartazo en total estado de gracia, no solamente Carmen Maura), los diálogos son chispeantes, lúcidos y con una mala leche impresionante, y la trama tiene un ritmo endiablado, unos giros de guión magistrales y una capacidad para enganchar sublime. Sí, "La comunidad" es el mejor filme del creador de "El día de la Bestia" con diferencia, una obra capaz de mezclar sin fisuras lo social, lo artístico, lo puramente divertido y los homenajes freakies con gracia y coherencia. Imprescindible.


1 comentario:

  1. En sus cinco largos realizados hasta la fecha del estreno de la película que nos ocupa, Alex de la Iglesia demostró saber rodar con la brillantez, el desparpajo y la capacidad técnica de aquellos creadores de imágenes y emociones (hoy ya sustituidos por efectistas videocliperos) que hicieron del cine la más estimulante sesión de magia. Magia, sí, pero en el caso de Alex de la Iglesia ejecutada con una chistera de la que no salen conejos blancos sino monstruos cotidianos, intencionadas caricaturas en clave esperpéntica de individuos que usted y yo conocemos. Porque a poco que nos frotemos los asombrados ojos tal vez descubramos en las animadas viñetas de “EL DÍA DE LA BESTIA”, “MUERTOS DE RISA” o “LA COMU­NIDAD” a alguien con un inquietante parecido a nosotros mismos, parásitos protestones, activistas de la hostilidad, profesionales de la desconfianza, cofrades de la codicia y egoistas incorregibles, integrantes todos de una so­ciedad enferma terminal.
    Si las raíces de De la Iglesia (que reconoce y confiesa no haber inventado nada) se hunden en el comic, no son menos evidentes las influencias y enseñanzas –asimiladas con provecho y muy bien conjugadas pese a su disparidad– que el autor de “PERDITA DURANGO” despliega en sus trabajos. Así, centrándonos en “LA COMUNI­DAD”, tenemos en primer lugar las inevitables referencias a Hitchcock (aquel sí que lo inventó casi todo) ya desde los “vertiginosos” títulos de crédito a lo Saul Bass, pasando por algunas secuencias de minucioso diseño y estirado desarrollo donde el tiempo es dilatado para crear angustia (como la interminable que muestra el acoso y derribo del administrador a la protagonista), hasta ese virtuosista climax final en los tejados de la madrileña Plaza Canalejas. Observemos al respecto la transgresora inclinación de ambos cineastas a utilizar emblemáticos “monumentos nacionales" para ubicar esas culminantes escenas (la cabeza de la Estatua de la Libertad, las azoteas de San Francisco, las caras de los presidentes esculpidas en el Monte Rushmore, el espectacular anuncio de Schweppes del emblemático Edificio Carrión, las Torres inclinadas Kio, la gigantesca cuádriga que corona el edificio de un conocido Banco de la calle Alcalá).
    Pero no sólo de Hitchcock viven los cineastas actuales y ahí tenemos a un desinhibido De la Iglesia, entrando a saco cuando lo cree conveniente en el universo de otros maestros como Polansky (su “vecindad” parece sacada de “LA SEMILLA DEL DIABLO” y “EL QUIMÉRICO INQUILINO”) y, por supuesto, el malévolo e inmisericorde humor que despliega en el dibujo de algunos personajes es pura­mente azconiano-berlanguiano.
    De lo expuesto anteriormente podría deducirse que estamos ante una gran obra, pero desafortunadamente no es así porque “LA COMUNIDAD” está aquejada de una saboteadora cojera claramente situada en la estructura de un guión con algunos desequilibrios (diálogos innecesarios, frenazos de ritmo, lagunas) y una irritante colección de incoherencias que afectan al ritmo de la película y a la “verosimilitud” de algunos pasajes (resultan absurdas algunas premisas de las que parte la acción). Claro que ahí están los talentos unidos de Carmen Maura (formidable tour de force) y un plantel de excelentes secundarios que con su fuerza en pantalla suplen las carencias del esquemático boceto a que están reducidos la mayoría de sus personajes. Por ejemplo, podría haberse suprimido esa convención de guión que es el personaje incorporado por Jesús Bonilla y por contra podrían haberse ampliado otros a todas luces necesitados de un mayor desarrollo.

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